Si se puede...
Se quejan mucho. Se quejan siempre. Tienen motivos porque, al parecer, el mundo está contra ellos. Existe un grupo de personas que se dedica cada día a hacerles la vida imposible. Seres que viven en sótanos secretos con ese encargo. Por eso, ellos no avanzan. Y se quejan. Los demás son unos vendidos. Cobardes que no han sabido mantener la pureza. Que no han querido. Por eso, las fuerzas del mal a los demás les premian. A ellos, por eso, les castigan. La culpa nunca es suya. La culpa es de todos los malos. De todos los demás. Se quejan. Mucho. Siempre. Sobre todo, se quejan.
Si has leído estas columnas alguna otra vez –y, si no, te lo comento– si hay algo que no soporto es a los pesados. Y estos son muy pesados. Los conoces. Los tienes en tu trabajo y en tu comunidad de vecinos. Podrías escribir ahora tres nombres.
Otra cosa que son –mira tú por dónde– es muy vagos. Son unos vagos de campeonato. Pero la culpa, lo sabes, nunca es suya.
Yo les dedico esta columna para que puedan seguir quejándose. Para que vean que no nos los tomamos en serio. Porque tampoco tienen –la altura de su misión no lo permitiría– ni una gota de sentido del humor.
Los conoces. Ya te están saliendo cuatro o cinco nombres.
Hay que salir corriendo si se puede (¡¡¡sí se puede!!!).
Al verlos, hay que salir corriendo.
Si se puede...