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Los Monegros reclaman al lince ibérico: biodiversidad, economía y un debate aún sin resolver

Hay territorios donde el futuro pasa por recuperar el pasado. En Los Monegros, ese pasado tiene forma de felino y mirada ámbar: el lince ibérico. Aunque Aragón ha dado ya sus primeros pasos en la reintroducción de esta especie en la cuenca del Huerva, la Sierra de Alcubierre sigue esperando.

No es por falta de condiciones, ni tampoco de apoyo social. El freno, según denuncian desde el territorio, tiene más que ver con decisiones políticas que con criterios ambientales.

“Participamos en los acuerdos de 2017 en las Cortes que impulsaban la reintroducción. Fue una iniciativa aprobada por unanimidad, pero estos procesos llevan un ritmo lento”, explica Héctor Azara, uno de los impulsores de la plataforma ‘Monegros por el Lince’ y alcalde de la localidad zaragozana de Farlete.

Como comparte en una entrevista a elDiario.es, aquella moción fue un punto de partida “importante” porque ponía “negro sobre blanco” la voluntad de avanzar hacia la reintroducción del lince en Aragón. Sin embargo, con el tiempo, se ha visto que los acuerdos políticos “no siempre se traducen en hechos con la misma rapidez”,

Un hábitat listo, pero sin lince

La Sierra de Alcubierre no parte de cero, ya que el lince habitó este territorio hasta bien entrado el siglo XX. “Hasta 1960-1980 había vestigios aquí. Es decir, esto es hace cuatro días”, subraya Azara.

Baja densidad de población, amplias zonas sin carreteras y, sobre todo, una elevada presencia de conejo —su principal alimento— convierten la zona en un espacio óptimo. “En Farlete hay densidades de más de 120 conejos por hectárea. Es una barbaridad”, señala.

Esa sobrepoblación, además, genera daños agrícolas: “El lince también ayudaría a reequilibrar ese desequilibrio porque aquí no hay depredadores”.

“No estamos hablando de un territorio que haya que preparar desde cero. Técnicamente, el informe es claro: el hábitat es idóneo. Otra cosa es la voluntad política para hacerlo posible”, sostiene Azara.

Mientras tanto, en otras zonas del país, el modelo ya funciona. Desde 2011, más de 400 linces han sido reintroducidos en España y Portugal dentro de programas como LIFE Lynxconnect, contribuyendo a elevar la población total hasta más de 2.400 ejemplares. Aragón se ha sumado recientemente con la liberación de ejemplares en la cuenca del Huerva, donde el proceso sigue su curso con inversión pública y apoyo europeo.

El bloqueo en Monegros

Pese a ese contexto favorable, en Los Monegros el proyecto se ha estancado. En 2025, las Cortes de Aragón respaldaron una iniciativa para descartar la reintroducción en esta comarca, alegando falta de consenso social y posibles riesgos para la ganadería.

Desde la plataforma lo cuestionan. “Empezamos a detectar reticencias políticas que no existen en otras zonas. En Andalucía, Extremadura o Portugal no hay este problema. Aquí sí”, afirma Azara.

“Lo que vemos es que el debate aquí no es tanto técnico como político. En otros territorios con condiciones similares o incluso más complejas, el lince ha salido adelante. Aquí, sin embargo, se ha generado un clima de bloqueo que no responde a criterios ambientales”, denuncia.

A su juicio, el rechazo no responde tanto a argumentos técnicos como a inercias políticas: “Hay personas a las que no les gustan los cambios porque pueden afectar a su ‘status quo’”.

También insiste en que parte del debate se ha construido sobre percepciones erróneas, ya que, tal y como explica, “estamos hablando de un depredador poco más que un gato, que puede causar los mismos daños que un zorro”.

“Y hay un dato importante que a veces se olvida: si se producen daños, el sistema de compensaciones del Gobierno de Aragón cubre esas pérdidas. Es decir, no estamos hablando de un riesgo sin red”, añade.

Una oportunidad para el territorio

La defensa del lince en Monegros no es solo ambiental, sino una apuesta por el futuro del medio rural.

“Cada vez hay menos agricultura, menos ganadería y menos gente. O cambiamos o desapareceremos”, advierte el alcalde de Farlete. Frente a ese escenario, la biodiversidad se plantea como motor económico.

Al mismo tiempo, subraya que el problema de fondo es que “si no generamos actividad económica, los pueblos se vacían”, por lo que “el lince puede ser una herramienta más dentro de un modelo de desarrollo rural que ya funciona en otros sitios”.

En este sentido, destaca que, en otras localidades, “hay gente que viene desde Londres, Alemania u Holanda y paga 150 o 300 euros por ver fauna salvaje. Eso genera una economía que antes no existía”.

“No se trata solo de biodiversidad. Se trata de turismo, de hostelería, de empleo indirecto. Allí donde se ha reintroducido el lince, ha habido movimiento económico. Eso es un hecho”, insiste.

El propio documental ‘El Retorno del Guardián’, estrenado en CaixaForum Zaragoza ante más de 200 personas, recoge esas experiencias. El filme conecta casos de éxito en enclaves como Doñana o Sierra de Andújar con el potencial de Los Monegros, subrayando el impacto positivo en empleo, turismo y tejido local.

“Tenemos que ver las amenazas como oportunidades”, insiste Azara, quien además advierte que “no podemos limitarnos a quejarnos mientras el territorio se vacía”.

Un futuro aún por decidir

El proceso de reintroducción no ha estado exento de participación. Reuniones con ayuntamientos, ganaderos, cazadores y colectivos sociales formaron parte de la fase inicial. Sin embargo, desde la plataforma denuncian que la información no siempre ha llegado a todos.

“Hay gente que ni siquiera se ha enterado de que ha habido reuniones en su pueblo”, lamenta, al mismo tiempo que insiste en que la idea es divulgar para que “la gente pueda conocer el proyecto y no haya un debate sin información completa”.

Por eso, ahora el foco está en la divulgación. La plataforma recorre municipios con proyecciones del documental y debates abiertos: “Queremos invitar a ganaderos, agricultores, asociaciones… que haya diálogo real y que la gente conozca antes de posicionarse”.

Mientras tanto, el contraste con otras zonas es evidente. En la cuenca del Huerva, los primeros ejemplares ya se adaptan al terreno en cercados y el proyecto ya tiene el foco puesto en generar empleo, inversión y expectativas. En Monegros, en cambio, el lince sigue siendo una posibilidad suspendida.

“Para mí, recuperar el lince también tiene un valor simbólico”, reflexiona Azara, quien añade que “nuestros antepasados cobraban por matarlo y ahora nosotros luchamos por devolverlo”. “Es una cuestión de justicia ecológica, pero también de identidad. Aquí hubo linces y ahora tenemos la oportunidad de que vuelvan”, concluye.

La pregunta que sobrevuela la estepa es si Aragón apostará por extender ese modelo de recuperación o si dejará fuera a uno de los territorios mejor preparados para acogerlo. Porque, más allá del animal, lo que está en juego es el equilibrio entre conservación, desarrollo y futuro rural.