Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

El equipo científico que intenta 'recongelar' el Ártico: “La idea parece una locura”

La expedición de Real Ice, en Cambridge Bay

Damian Carrington

Cambridge Bay (Canadá) —

0

“Hace un año, esto habría sido un sueño descabellado”, afirma Andrea Ceccolini, de pie sobre el hielo marino del Ártico, a poco más de seis kilómetros en moto de nieve de la localidad inuit de Cambridge Bay, en el norte de Canadá. A su izquierda, se extienden estanques de agua de deshielo azul celeste, formados en los últimos días por un sol que ya no se pone en el verano del extremo norte. A su derecha, el hielo marino sigue siendo de un blanco brillante y la ligera capa de nieve que lo cubre continúa resplandeciendo.

“Es increíblemente diferente, el límite… se puede señalar con el dedo”, observa. La diferencia es el resultado de un innovador experimento de geoingeniería que está llevando a cabo la empresa de Ceccolini, Real Ice, con financiación del Gobierno del Reino Unido.

Cinco meses antes, el equipo había desafiado temperaturas de -40ºC sobre el hielo marino para perforar agujeros y bombear 50.000 toneladas de agua del océano hasta la superficie. Esta se congeló casi de inmediato, lo que, según las nuevas mediciones, aumentó el espesor del hielo —de 1'5 metros— en unos 50 cm.

Esto ha protegido el hielo, al menos al comienzo de la temporada de deshielo, y es un primer indicio de que, quizá algún día, sea posible volver a congelar una parte significativa del Ártico.

“La temperatura más baja fue de -63ºC”

A nuestro alrededor, el hielo se está derritiendo rápidamente. La frágil superficie blanca se transforma en charcos azules que llegan hasta las pantorrillas, dejando al descubierto burbujas de aire en el hielo transparente que hay debajo. Las temperaturas en la bahía superan los 5ºC, mucho más altas que los valores normales de entre -6ºC y 1ºC que se esperan en esta época del año. “Esto está realmente fuera de lo normal”, afirma Ceccolini.

Esto no solo está ocurriendo en Cambridge Bay, llamada Ikaluktutiak por los inuit, que significa “el lugar de la buena pesca”. En todo el Ártico, el hielo marino está desapareciendo rápidamente debido a la crisis climática. El hielo estival se ha reducido en aproximadamente un 40% en los últimos 45 años. Esto ha desencadenado uno de los círculos viciosos más peligrosos del sistema climático.

El hielo refleja el 70% del calor del sol de vuelta al espacio, mientras que el océano abierto solo refleja el 7%. Cuanto más se expone el mar debido al deshielo, más se calienta y mayor es el deshielo. El hielo marino estival podría desaparecer en la década de 2030, y a los científicos les preocupa que el aumento de la temperatura pueda llevar al clima a un punto de inflexión catastrófico e irreversible.

Sobre el hielo, el equipo se dedica a medir todo lo que puede: la temperatura cada 2 cm de profundidad, largos núcleos para determinar la salinidad, la estructura del hielo y realizar análisis biológicos. Y lo que es más importante, el grado de reflectividad de la zona que han vuelto a cubrir de hielo. Un dron sobrevuela la zona en su recorrido diario, registrando el área con una resolución de hasta 5 cm.

A pesar del cielo azul y del sol intenso, todavía hace frío sobre el hielo debido al viento. Pero el invierno vivió un nivel de frío totalmente diferente. “El día más gélido fue de -63ºC de sensación térmica”, afirma Simon Woods, cofundador de Real Ice junto con Cían Sherwin. Las temperaturas extremas impidieron al equipo salir al hielo en aquel momento, pero trabajaron a temperaturas de -40ºC, vigilándose mutuamente de cerca para detectar cualquier signo de congelación.

Según Ceccolini, “en una tormenta de nieve, sin los guías inuit no sabríamos cómo volver a casa, no se ve nada a 10 metros de distancia”. La fauna silvestre supone otro peligro, desde la posibilidad de encontrarse con osos polares hasta que los zorros árticos muerdan los cables del equipo.

En enero y febrero, las bombas funcionaron un total de 1.080 horas, cubriendo de hielo una superficie cuadrada de unos 450 metros de lado. Estas pequeñas bombas consumen menos energía que una tostadora, ya que solo bombean el agua desde la parte más próxima al hielo hasta justo por encima de él.

Los resultados ya se aprecian desde el espacio y los miembros del equipo están deseando ver las últimas imágenes de satélite en su reunión matutina. En ellas se aprecia cómo la zona de pruebas se perfila como una isla blanca en un mar azul, unos días después de que comenzara la temporada de deshielo.

Durante el proceso de aumento del espesor del hielo, el agua de mar bombeada convierte la capa de nieve de la superficie, que es un excelente aislante, en aguanieve y posteriormente en hielo. Esto hace que el frío extremo del aire penetre mejor a través del hielo, lo que estimula un mayor crecimiento del hielo en la parte inferior.

Ahora el equipo realiza el bombeo al final del invierno, por lo que la nueva capa de nieve tiene menos tiempo para acumularse. También han descubierto que realizar dos rondas de bombeo separadas mejora los resultados.

El año pasado, Real Ice añadió unos 30 cm, y este año el espesor adicional es de 50 cm, según Ceccolini. Puede que no parezca mucho, pero una camioneta puede circular sobre 30 cm de hielo, y eso puede alargar la vida útil del hielo entre 7 y 10 días, explica.

Además, ha habido una ventaja adicional: el hielo creado por el equipo es más brillante y reflectante que el hielo natural de los alrededores. “Eso fue totalmente inesperado”, afirma Ceccolini. Una posible explicación es que el hielo artificial, al congelarse rápidamente, atrapa más burbujas de aire, lo que lo hace más opaco que el hielo natural, que se congela de forma gradual.

Expertos en hielo marino de la Universidad de Washington están trabajando de forma paralela en el lugar para dar con la respuesta. El profesor Roger Marchand y Melinda Webster pasan horas cada día sobre el hielo para medir con precisión su reflectividad y su salinidad. Este último factor es importante, ya que el hielo salino se derrite a una temperatura más baja.

Webster, científica polar que ha trabajado en el Ártico todos los años desde 2009, afirma que el calentamiento global ha cambiado radicalmente el paisaje a lo largo de ese tiempo. “Tiene un aspecto muy diferente porque el hielo ha ido adelgazando a lo largo de las décadas”, asegura.

Sherwin, cofundador de Real Ice junto con Woods, observa un remolino reluciente en el que el agua se precipita hacia un agujero en el hielo. Se trata de una prueba de otra herramienta para combatir el deshielo del Ártico. Hace un par de años, el equipo se percató de que se habían formado de forma natural algunos agujeros de este tipo, por lo que decidieron perforar ellos para hacer unas pruebas.

El día anterior, Sherwin había clavado en el hielo una larga broca plateada, cuyo zumbido dejó media docena de agujeros, cada uno de 5 cm de ancho. Era como sacar el tapón de una bañera. En cuestión de minutos, el agua ya se arremolinaba por el agujero.

Pero eso solo fue el principio: los agujeros en el hielo se ensanchan rápidamente, probablemente debido al calor del agua de deshielo. “Tendrá el tamaño de un plato llano en 45 minuto”, dijo Sherwin. Un día después, los agujeros tienen el tamaño de alcantarillas —y suponen un nuevo peligro para los investigadores—.

Al drenar los charcos de deshielo, el hielo brillante que hay debajo queda expuesto de nuevo, lo que aumenta el reflejo del calor del sol. Las imágenes aéreas tomadas con drones muestran que los seis agujeros de prueba perforados han aclarado visiblemente la zona. El experimento se encuentra en sus primeras fases, pero Ceccolini afirma: “Quizá eso le dé al hielo una semana más”.

“Todo el mundo usa el hielo”

“El hielo es muy importante para nosotros”, afirma Kyle Weese, uno de los guías inuit que trabaja con Real Ice. Aproximadamente el 83% de la población de Cambridge Bay es inuit. “Todo el mundo utiliza el hielo para desplazarse, recolectar alimentos y pescar. Se utiliza para cruzar al continente y practicar la caza del caribú o del alce. Allí abundan mucho”, cuenta.

Weese, de 34 años, ha sido testigo de primera mano del cambio climático. “El hielo es más fino. La congelación tarda más de lo normal y el deshielo se produce ahora más rápido. Sin duda, está cambiando”, afirma. El calentamiento también está trayendo nuevos riesgos desde el sur: “Los osos pardos también están apareciendo por aquí”, explica con su rifle a mano.

Weese está encantado de colaborar con Real Ice: “Al principio, la idea puede parecer una locura, pero no pretende dañar el medio ambiente, sino, al contrario, ayudarlo. Es bueno saber cómo está cambiando para que podamos adaptarnos a ello e intentar preservarlo”.

Real Ice cuenta con una subvención de cuatro millones de euros de la Agencia de Investigación e Invención Avanzadas del Reino Unido como parte del programa de la agencia para el reespesamiento del hielo marino del Ártico. Al comienzo del proyecto, consultó a la comunidad y obtuvo la aprobación para la investigación por parte de las autoridades locales y, lo que es más importante, de la Organización de Cazadores y Tramperos de Ekaluktutiak.

“Lo más importante es que aprendemos de los inuit”, afirma Sherwin, incluso a la hora de determinar la ubicación exacta del lugar de ensayo —alejado de las zonas de caza—, cómo desplazarse sobre el hielo y cuál es el mejor lugar para hacer los agujeros.

Tal y como un responsable local declaró a The Guardian, no hay indicios de oposición al proyecto en Cambridge Bay: “Su implicación local es la mejor que he visto: desde el principio se ha dado prioridad a la comunidad”.

Drones submarinos

La gran pregunta es: si futuras investigaciones demuestran que este experimento es eficaz y seguro para restaurar el hielo marino, ¿se podría llevar a cabo a gran escala? Recurrir a equipos de personas sobre el hielo para hacerlo resultaría prohibitivamente caro, pero se está probando una alternativa: los drones submarinos autónomos.

Un prototipo se sometió a pruebas este mes de febrero en el golfo de Botnia, en Finlandia, perforando agujeros en el hielo marino con una sonda calentada eléctricamente. Ahora se está perfeccionando en colaboración con el Instituto de BioRobótica de Pisa, en Italia. Hacerlo todo desde debajo del hielo, aunque pueda parecer contradictorio, es mucho más fácil que intentar desplazarse por los campos de hielo en condiciones de frío extremo, afirma Ceccolini.

Bajo la superficie del mar, la temperatura se mantiene constante a -1,6ºC. “Todo funciona sin problemas: la electricidad, las baterías, las bombas… Solo hay que asomar la nariz por el hielo, bombear agua y volver a sumergirse”, explica. La visión es la de un enjambre de drones submarinos propulsados por hidrógeno que se centren en la zona más avanzada de la pérdida de hielo.

La superficie de hielo marino estival que ha desaparecido desde 1979 es de unos 3 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de la India. Cada año se pierden, de media, otros 80.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a la superficie de Escocia o de Kansas.

“Ese podría ser un punto de partida”, afirma Ceccolini. “Aunque solo haya 20 cm de hielo, sigue reflejando la luz solar”, explica. Y a un nivel mucho más local, el aumento del espesor del hielo marino podría hacer más seguras las rutas de las que dependen los inuit.

Si los drones submarinos cuestan unos 4.300 euros cada uno, la estimación aproximada de Real Ice es que detener la reducción anual del hielo marino del Ártico costaría 8.600 millones de euros a largo plazo. A modo de comparación, esa cifra equivale a los beneficios extraordinarios obtenidos por las 100 principales empresas petroleras en menos de 15 días después de que la guerra de Irán disparara el precio del petróleo. Si bastara con perforar agujeros de drenaje, la solución sería considerablemente más barata, ya que no sería necesario bombear.

Marchand, de la Universidad de Washington en Seattle, afirma: “Si esto se puede llevar a cabo a una escala lo suficientemente grande como para tener relevancia climática es una cuestión difícil y aún sin resolver”.

“Pero creo que en Real Ice están haciendo lo correcto. Están intentando comprender los aspectos físicos de lo que está ocurriendo para utilizar ese conocimiento para responder a la pregunta, en lugar de limitarse a dar por sentado que es factible. Van paso a paso”, concluye.

¿Peligroso para el medio ambiente?

La geoingeniería es un tema controvertido, y un número significativo de científicos polares se opone a la idea de aumentar el espesor del hielo marino. En septiembre publicaron una crítica en la que argumentaban que era inviable, que sería “peligrosa para el medio ambiente” y que suponía una distracción peligrosa respecto a la necesidad climática fundamental de reducir rápidamente las emisiones de carbono.

El profesor Shaun Fitzgerald, director del Centro para la Reparación Climática de la Universidad de Cambridge, que acude regularmente al hielo con el equipo, coincide en que la reducción de las emisiones es “absolutamente necesaria”, pero considera importante explorar otras opciones.

“Cualquier novedad conlleva el riesgo de consecuencias no deseadas”, afirma. “Lo comparo con los ensayos clínicos: los nuevos medicamentos pueden ayudar de verdad a las personas, pero debemos actuar con muchísima cautela y comprender cuáles son los riesgos”.

A Fitzgerald le preocupa el posible riesgo moral, es decir, que la geoingeniería pueda considerarse una solución milagrosa y reduzca el impulso para reducir las emisiones, aunque sostiene que, hasta la fecha, hay pocas pruebas que lo respalden. “Creo que investigar es lo correcto. Pero respeto a quienes tienen un punto de vista diferente”, afirma.

Ceccolini lo respalda: “Estamos aquí para resolver las cuestiones de investigación. ¿Es eficaz el engrosamiento del hielo?, ¿tiene efectos secundarios? y ¿se puede aplicar a gran escala de forma rentable? Luego hay cuestiones más amplias, como: ¿Están interesados los gobiernos, los responsables políticos y las comunidades? ¿Está la sociedad abierta a este tipo de soluciones?”.

Una cuestión pendiente es qué efecto tiene sobre la ecología el hecho de verter agua de mar sobre el hielo. Sobre el hielo, los rastros de fauna silvestre quedan atrapados en pequeños charcos de agua: restos de algas, excrementos de zorro, heces de ganso. Su color oscuro absorbe el sol y los derrite, integrándolos en el hielo.

El hielo marino natural tiene un sabor fresco porque prácticamente toda la sal se expulsa al formarse los cristales de hielo a partir de las moléculas de agua. Bombear agua de mar sobre el hielo hace que suba la sal, así como nutrientes y microbios. Un biólogo de la Universidad de Cambridge está analizando actualmente las muestras.

Otra posible preocupación es que inundar la nieve invernal con agua de mar podría impedir que los osos polares y las focas excaven madrigueras para sus crías, aunque ninguno de ellos utiliza la zona de Cambridge Bay para reproducirse.

“Se trata de una investigación que hay que llevar a cabo y que se irá realizando a medida que avancemos”, afirma Sherwin, que se formó como zoólogo y se sintió fascinado por la fauna silvestre desde su infancia en el condado de Cavan, en la República de Irlanda.

Cuando Woods y Sherwin fundaron el proyecto, lo primero que hicieron fue viajar al Ártico. “Fuimos a Iqaluit (la capital de Nunavut, en Canadá) y simplemente planteamos a las principales partes interesadas la siguiente pregunta: '¿Es esto interesante o valioso para vuestra comunidad?'”, explica Woods. “Recibimos una respuesta abrumadoramente positiva y pensamos: 'Vale, intentémoslo'”. Real Ice, que en la práctica es una empresa sin ánimo de lucro, se constituyó en 2022.

De vuelta en el hielo, Sherwin está tomando la última serie de mediciones. Su visión del futuro es clara: “Nos gustaría que la investigación siguiera avanzando de tal forma que podamos formar una opinión fundamentada sobre cómo se presenta esto a gran escala, si es que llega a escalar”.

Ceccolini afirma que “el sueño es que sean las comunidades indígenas las que se encarguen de aumentar el espesor del hielo marino”. “Imagínate por lo que están pasando, con el riesgo de perder su cultura, de perder a sus jóvenes, de que la gente simplemente se marche”.

“Podrían hacer algo que contribuya a preservar su cultura, básicamente dedicándose a la conservación, porque de eso es de lo que estamos hablando. Se trata de un proyecto de conservación del ecosistema”, concluye.

Etiquetas
stats