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Carlos Taibo

Profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid.

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'Mujeres Libres': pioneras de la revolución feminista

Mujeres Libres fue una organización cuya actividad se desplegó desde la primavera de 1936 hasta el final de la guerra civil. Llegó a contar con 150 agrupaciones y unas 20.000 afiliadas, entre las que destacó el trabajo de militantes como Amparo Poch, Mercedes Comaposada o Lucía Sánchez Saornil. Cabe entender que fue un movimiento precursor de lo que hoy se describe como anarcofeminismo.

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La vertical del poder en la Rusia contemporánea

Se ha dicho a menudo que Rusia es una democracia de baja intensidad, en la que se registra un respeto aparente de muchas de las reglas de la democracia liberal aun cuando falte la riqueza que, a los ojos de sus defensores, da sentido a ésta. Así las cosas, el hecho de que en Rusia se celebren elecciones con varias fuerzas contendientes, haya alguna suerte de libertad de expresión —al menos en lo que se refiere a medios escritos y a ciertas radios—, la división de poderes haya sido formalmente reconocida, los empresarios disfruten de cierto margen de maniobra y sea posible abandonar el país serían datos con un relieve, pese a todo, limitado.

Cabría preguntarse, claro, si un razonamiento del mismo cariz no podría emplearse, hechas las correcciones que procedan, para describir muchas de las democracias liberales canónicas. Parece, en cualquier caso, que existe un acuerdo general en lo que hace a la idea de que en la Rusia contemporánea se le otorga un peso mucho mayor a la estabilidad y a la gobernabilidad que a la democracia en sentido propio.

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Rusia y la crisis en Ucrania

A duras penas es imaginable que Rusia sea una potencia meramente regional. Basta con echar una ojeada a su ubicación, en el centro de las tierras emergidas del norte del planeta, para percatarse de que sus movimientos tienen por fuerza que ejercer efectos sobre el panorama entero del planeta, y ello incluso en los momentos de mayor postración. Un Estado que cuenta con fronteras con la UE, que considera que el oriente próximo es su patio trasero, que sigue desplegando una parte de sus arsenales en la linde con China, que mantiene contenciosos varios con Japón y que choca con EEUU a través del estrecho de Bering no puede ser  una potencia regional. Pero Rusia arrastra, por añadidura, una singularísima condición geoestratégica. Con fronteras extremadamente extensas, a caballo entre Europa y Asia, se trata de una potencia continental que debe encarar por igual enormes posibilidades y riesgos evidentes. Agreguemos que estamos ante un Estado que es un productor principal de hidrocarburos, que disfruta de un derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y que cuenta con un arsenal nuclear importante. Una de las consecuencias plausibles de todo lo anterior es el hecho de que nos hallamos ante uno de los pocos Estados del planeta en los cuales las influencias externas son limitadas o, en su defecto, resultan ser poco eficientes.

Por lo demás, si Rusia se beneficia de evidentes potencialidades, arrastra también taras no menos relevantes. Recordemos que, al menos en lo que respecta a su territorio europeo, es un país geográficamente desprotegido, que carece llamativamente de una salida permanente y hacedera a mares cálidos, que está ubicado en latitudes demasiado septentrionales como para permitir el despliegue de una economía diversificada, que cuenta con ríos que en la mayoría de los casos discurren de sur a norte y a duras penas pueden ser objeto de un uso comercial estimulante o, en fin, que atesora una riqueza ingente en materias primas que se encuentran, sin embargo, en regiones tan alejadas como inhóspitas. 

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