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Ignacio Muro Benayas

Ignacio Muro Benayas es economista, analista social y experto en nuevas tecnologías y el mundo de la información. Forma parte del grupo impulsor de Economistas frente a la Crisis, es profesor de periodismo en la Universidad Carlos III y director del Instituto para la Innovación Periodística. Preside Asinyco (Asociación Información y Conocimiento) y edita el blog colectivo Poli-TIC.net.

La gestión de perfiles y la trazabilidad de la mercancía “ciudadano/trabajador”

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¿Por qué el neoproteccionismo desorienta a la izquierda?

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Las paradojas del trabajo digital y las utopías de Marx

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Google, Facebook… Amazon: regulación o concentración monopolista

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Mayores y mujeres, tercera fase de la crisis

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Trazabilidad del trabajo: el futuro ya está aquí

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Grecia, España y la reestructuración de la deuda: ¿llegamos tarde?

Los problemas sociales encuentran una solución adecuada a las relaciones de poder en cada momento. Si, durante años, unos son capaces de esconderlos y camuflarlos mientras otros llegan tarde a desentrañarlos y a enfrentarse a ellos, entonces, suele ocurrir que los escenarios políticos cambian. E incluso cambia la naturaleza del problema. Eso está pasando con la deuda: cuando los ciudadanos griegos y de otros pueblos del sur despertaron, ni los deudores ni los acreedores eran ya los mismos como consecuencia de múltiples procesos de socialización.

Una deuda exterior, fundamentalmente de instituciones financieras del sur, comprometida con bancos privados de Francia, Alemania, Inglaterra, etc, financiadores interesados de las múltiples burbujas periféricas, se había deslizado, paso a paso, para acabar siendo deuda fundamentalmente pública y comprometida con instituciones públicas europeas u organismos multilaterales.

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Discursos económicos y relaciones de poder (o cómo el capitalismo reencuentra a Marx)

El capital financiero globalizado que hegemoniza el sistema productivo va agotando sus instrumentos de intervención económica sin conseguir estabilizar su desarrollo. La consecuencia de este hecho es que para resolver sus crisis se ve conminado a echar mano de medios cada vez más arriesgados, injustos y desestabilizadores de los equilibrios sociales de las sociedades.

Ocurre que cualquier nuevo paradigma termina enlazando con estrategias anteriores y compartiendo la misma lógica: favorece el endeudamiento creciente de los agentes económicos y la creación de burbujas financieras. Quizás sea, porque el poder, todo poder, tiene por finalidad, construir una sociedad a la medida de sus intereses y el capital financiero globalizado no podía ser una excepción.

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España desde la izquierda

¿Desde la izquierda? ¿Existe un común denominador, una propuesta general sobre España? ¿Se avanza en ella? En mi opinión, a pesar de propuestas parciales y limitadas se debe concluir que las izquierdas no han madurado, con autonomía, una oferta clara para España como tampoco lo han hecho sobre otros ejes ideológicos vertebradores de una alternativa. La hegemonía conservadora se ha adueñado de lo global desde una mirada elitista y tecnocrática y ha arrinconado a la izquierda y acortado su mirada, subordinándola a los lugares comunes de sus propias burguesías y sus pequeños mitos e intereses, a su idea de nación y de patria, a su forma de ser catalán o vasco y/o español. O lo que es lo mismo, a su forma de ver desde el centro la periferia nacionalista y el “problema catalán”.

En la España actual el nacionalismo no es más que el prólogo que anticipa unas izquierdas gallegas, andaluzas, vascas, valencianas, catalanas, canarias, extremeñas... pegadas a sus particularismos, defensoras acríticas de una idea de lo popular idealizado y plagado de historias reconstruidas y tradiciones embellecidas, ensoñadoras de formas de vida pasadas. En realidad, el predominio de nacionalismos y particularismos son ya el reflejo de un modo de ser común que demuestra la subordinación de las izquierdas, incapaces de construir una "voluntad colectiva nacional-popular" en el sentido pensado por Gramsci, es decir, despojando lo tradicional de sus pequeños elementos reaccionarios y aislacionistas, dispuesta a sumar en la construcción de un imaginario global transformado y una cultura integradora, moderna y laica.

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¿Madrid olímpica? Apoyo decidido… desde un campo de minas

Es cada vez más habitual leer o escuchar una oposición frontal a los grandes acontecimientos, como la celebración de Juegos o la puja por ser sede de Exposiciones internacionales. La razón es que, en general, traen consigo inversiones desorbitadas que superan, con mucho, los presupuestos iniciales y son ejemplo de modelos de crecimiento especulativos e insostenibles. Repasemos algunos datos al respecto: Montreal 1976: 250 millones de dólares de presupuesto inicial, 1.600 de presupuesto final. Atenas 2004: 4.500 millones inicial, 10.800 final. Pekín 2008: 12.000 inicial, 30.500 final. Londres 2012: 5.000 inicial, 11.500 final.

¿Compensan? En todos los casos, las ciudades (y los países) se aprovecharon del tirón económico producido por la intensidad de las inversiones durante los seis años previos a su celebración: Pekín generó alrededor de 600.000 empleos, Londres alrededor de 200.000. Pero sufrieron las consecuencias del endeudamiento que lastró posteriormente su economía, en mayor medida cuanto más irracional fue el planteamiento. Montreal estuvo 20 años pagando la deuda comprometida. Atenas construyó 22 pabellones deportivos y hoy están abandonados 21 de ellos y con necesidad de serias reparaciones. Londres intentó curarse de ese mal construyendo instalaciones temporales, mucho más económicas, siempre que no hubiera un destino adjudicado para el edificio.

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