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Mónica Fernández Aceytuno

Bióloga, Premio Nacional de Medio Ambiente

El petirrojo

El petirrojo es el primer pájaro que se oye en el bosque desde una vivienda en el campo cuando el día aún es noche y hay que encender las luces de la casa. También es uno de los últimos pájaros en callarse, cuando el día ya se ha marchado. Canta casi todos los días de todos los meses del año. Y cuando mejor canta,  es cuando quiere hacerse con un territorio. Conquista con la voz. Y no calla porque una sola vuelta del mundo al sol es toda su vida, Un año que pasa cantando.

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El Otoño y la Salamandra

Comienza el otoño, la estación preferida de la salamandra. Este particular anfibio, tiene la capacidad de regenerar partes de su cuerpo como la cola. Éstas y otras curiosidades aquí, en los Microespacios que ofrece Aquae Tv con nuestra corresponsal en la Naturaleza: Mónica Aceytuno.

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El rebeco

La especie de mamífero que se considera más reciente entre los mamíferos europeos con una antigüedad de un millón de años es el rebeco.

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Tortuga boba

La especie de tortuga marina más abundante en el litoral español es esta tortuga boba, que es una residente temporal ya que el 90 por ciento de las que nadan, entre las islas Baleares y el Norte de África, han nacido al otro lado del océano. Cuando llegan a nuestros centros de recuperación, en ocasiones porque pedimos una bolsa de plástico que alcanzó el mar, lo que buscan es la soledad a pesar de esa cohorte de peces piloto, y de los 166 epibiontes distintos que puede llevar a bordo del caparazón, algas… ostras… bellotas de mar de placas blancas. Sube a respirar y a termorregularse y a tumbarse sobre sobre el agua para que el sol con sus dedos de luz le quite tanto polizón de encima. Ni siquiera bajo el mar hay soledad.

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Medusas

Las medusas nadan de forma incesante por el agua en busca de crustáceos y larvas de peces que les sirven de alimento, recorriendo varios kilómetros cada día. Son más eficientes que ninguna otra especie acuática, pues para nadar emplean menos energía, en relación con su tamaño, que los elegantes delfines o los incansables tiburones.

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Mero

Aunque los peces suelan tener un nombre en cada puerto, en este que vemos, Epinephelus marginatus, hay bastante unanimidad y se le llama mero. Fue Covarrubias en 1611 quien registró este nombre en alusión a “Nero”, Nerón, pensando en la voracidad del mero. Se dan para este pez unas medidas exageradas muchas veces, porque es verdad que a lo mejor antes eran más grandes, pero ahora es muy difícil encontrar uno que pese más de 40 kilos. Por mucha voracidad que digan que tiene por su nombre de mero, han llegado a ponerle nombre propio, como a un mero que había o hay a lo mejor todavía en Almuñecar, al que llamaban Paco, y también algún otro que llamaron Baldomero. Los ejemplares que tienen mayor tamaño son machos, porque son hermafroditas los meros y primero son hembras y luego machos. Este que vemos ya tiene su librea y es un gran macho. Cabría preguntarse si no sería mejor que se llamaran como en todas en partes: mero.

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Vencejos

La canción del verano en nuestros cielos, también sobre El Escorial, es el canto de los pájaros que duermen en el aire, y que sólo se posan para la cría: los vencejos. El poeta Luis Chamizo hubiera llamado a este sonido chilrío.

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Coral negro (Antipathes wollastoni)

Estamos en el Hierro entre 60 y 85 metros de profundidad. Esto que vemos son bosques de un coral del que cabría esperar que se llamase coral blanco, o coral gris, coral amarillo, o coral pardo cuando recibe más luz y presenta tonalidades rojizas. Pero se llama coral negro porque, aunque la parte viva es muy clara, su esqueleto es muy oscuro, negro, de tal belleza que con él se hicieron joyas desde tiempos inmemoriales. Quizás por eso, se ha refugiado este coral en esos recónditos parajes del océano que tienen este aire de casa abandonada.

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Delfín común (Delphinus delphis)

'Cuando saltan los delfines anuncian vientos' decía el naturalista valenciano del siglo dieciséis Jerónimo Cortés. Este es el defín común, que distinguimos porque la oscuridad del lomo está separada de la claridad del vientre por una línea que traza las ondas del agua, o del horizonte con el viento. En el Atlántico son estos delfines comunes muy abundantes en las franjas costeras de la Península y de Canarias, pero en el Mediterráneo son cada vez más difíciles de ver aunque bajo el cielo, el viento y el mar los delfines comunes parezcan vivir a salvo de todo.

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