Acaben de una vez con ese espectáculo lamentable
Cierto. Lo importante, lo mollar, es saber qué y por qué ocurrió aquel desastre de la frontera con Marruecos el 30 de julio de 2026, hace ya más de un mes, cuando cerca de 80.000 personas, así a bulto, que nadie sabe a ciencia cierta cuántos hombres, mujeres, niños y niñas marroquíes y subsaharianos formaban el pelotón, se plantaron por las bravas en Ceuta, cifra prácticamente exacta al número de habitantes habituales de la ciudad fronteriza. Y cómo nadie ha sabido dar explicaciones coherentes sobre el origen del luctuoso suceso, no desde luego el gobierno español y aten esa mosca por el rabo a la corte del ensimismado Mohamed VI, la barra de las conspiraciones se abre ante ustedes.
¿La CIA, el Mossad, los rusos, los servicios secretos de Rabat, metiendo cizaña en la Corte? Pues adelante, que es tanto como decir que Trump, Netanyahu y Putin, solos o en amigable compaña lograron, mediante manipulación salvaje de las redes sociales, no se olviden de Elon Musk y otros de los suyos, que unos chavales de 15 o 20 años, más algunas embarazadas y otras mujeres y hombres ya en los cuarenta, con críos en los brazos, se dejaran ahogar en aquellas tumbas acuosas. Qué horror, qué vergüenza. Aún faltan elementos en la gran conspiración, que para qué vamos a quedarnos cortos, ¿Qué tal sumar a la extrema derecha mundial, en primer plano la europea de Meloni y Abascal, ante la mirada vacua, cómplices en la miseria de la inacción, de Von der Leyen y los siete enanitos, esa Europa que nos avergüenza? Acabemos con la inmigración, dicen todos ellos: que venga el verdugo.
No se crean que me voy a olvidar del Tribunal Supremo español, con aquella aberración jurídica del 8 de julio, rebotada hasta el infinito, sólo el afán de sembrar odio o dañar al Gobierno español, a España en definitiva, puede justificar la prohibición de las devoluciones en caliente en Ceuta y Melilla, si es que se producen por mar, que si traspasan una valla de cemento o de hierro la cosa es distinta. Tan clarividentes juristas, altamente patriotas, tienen nombre, apellidos y filiación política. El ponente de la resolución fue Fernando Román, ex secretario de Estado de Justicia con Mariano Rajoy cuando era ministro Alberto Ruiz-Gallardón. Y el presidente de la Sección Quinta, que redactó la sentencia, es Carlos Lesmes, el ex director general de Justicia con José María Aznar y después presidente del Consejo General del Poder Judicial, allí entronizado por el PP, siempre a su servicio. ¿Han oído ustedes alguna queja sobre tal dislate en las filas de Feijóo o en esa prensa de la brigada acorazada, siempre dispuesta a sacar los tanques del bulo y la mentira a la calle?
Bien. Seguro que escudriñando en ese totum revolutum encontramos a los responsables de esta situación que todavía nos estalla ante los ojos. Pero poco podemos hacer, porque tenemos unos servicios de inteligencia que no se enteran de nada. La comparecencia de Margarita Robles fue tremenda. Hay formas verbales de contar las cosas, dijo la muy desahogada, que los 25 agentes que tenemos en la zona ya advirtieron la noche anterior de que varias personas venían a nado. Para eso no se necesitan espías, señora mía. Con unos jubilados que se asomen al balcón tenemos bastante. Que vienen unos tíos nadando, gritarían. El problema con Margarita Robles es que siempre se pasea por el cable del equilibrista, dejándonos a todos la sensación de que una y otra vez practica el peligroso juego de traicionar a los suyos. Lo peor es que todavía no sabemos quiénes son los suyos.
Y luego, habrá que decirlo con toda la bocaza abierta de par en par y a gritos, que el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido un auténtico desastre durante todo este mes. ¿Situación difícil? Pues claro, pero para eso les pagamos. Nadie, o al menos no lo hará el Ojo, les va a exigir que sean capaces de aclarar en tan poco tiempo ese enigma sociopolítico y geoestratégico del que les hemos hablado, aunque ha sobrado esa sobreactuación de amor fraterno con el régimen marroquí, que tanta carantoña –inmerecida a todas luces- ha resultado patética. Tampoco sería razonable reclamar la solución definitiva –asilo, devolución, etc- para esos miles de personas que deambulan por tierras ceutíes, incluidos los casos tan complejos de los menores. Sobre todo porque hacen bien en Moncloa en respetar los tratados internacionales y los derechos humanos. Pero sí debemos sacar los colores al gobierno porque no han sido capaces de montar desde el primer día unos campamentos dignos, una sanidad eficiente, un sistema de triaje proporcionado, una seguridad decente. Era imprescindible y obligado que desde el primer momento llegaran a la ciudad millones de euros y miles de funcionarios de todo tipo, también policías y militares. El espectáculo de esas pobres gentes vagando por montes, playas y calles sucias, ha sido, y es, deprimente, incompatible con un Gobierno que saca pecho por sus buenos datos económicos, qué grandes somos, que dedicará más de 1.400 millones a organizar el campeonato mundial de fútbol… precisamente con Marruecos. ¿Juan Jesús Vivas? A otro perro con ese hueso. Incapaces de nombrar un mando único desde el 1 de agosto, ese desfile de ministros y ministras diciendo cosas sensatas –solo faltaría- pero que en nada se traducían, es delito de lesa política. O esa estúpida polémica sobre el viaje del Rey, tan torpemente gestionada. Y ya saben ustedes las manías de este vetusto Ojo: ¡qué desastre de comunicación, qué polifonía de voces huecas sin dar respuestas concretas y, sobre todo, sin mostrar hechos que avalaran su eficiencia! ¡Qué incapacidad estructural para contar a los ciudadanos lo que se está haciendo, lo que nos estamos gastando, el esfuerzo que estamos haciendo! Un desierto de silencio. Quizá ahora echemos en falta la figura de una vicepresidencia política que el cuerpo de Cuerpo no cubre. Porque en la otra acera está, rabiando, la jauría devastadora de la mentira y la manipulación. Irá Pedro Sánchez el jueves al Congreso y quizá, quizá, quizá, que decía Nat King Cole, iluminará nuestras mentes obtusas. Quién sabe. Pero hagan el favor de solucionar de una maldita vez aquel sangrante problema humanitario. Ya.
Bien es verdad que allá a su frente, el Gobierno tiene lo que tiene, una banda de desaprensivos, incapacitados para levantar la cabeza y tener gestos de política de Estado. La indigencia de la derecha y la extrema derecha –esos siameses inseparables- es tan monumental que lo mismo el Gobierno es capaz de salir de este marasmo culposo. Oír a Feijóo, la nada como eje central de su pensamiento político, es echarse a llorar. Al menos a Figaredo se le entiende muy bien cuando propugna –qué tipo- cazar uno a uno a los moros invasores. Y si no se atina con el rifle, se ponen cebos, que destrozan las piernas y ya se morirán ellos solos, desangrados, por ejemplo. Han tenido que ver el PP y Vox en directo a lo que conducía su aberrante política de enfrentamiento y exacerbamiento del odio para que frenaran sus impulsos del paleolítico. Inútil pensar que van a contribuir a solucionar problema alguno, como el de los menores, pura humanidad y solidaridad con los ceutís, mayoritariamente votantes suyos. Nada de nada. Eso en el plano interior, que si enfocamos la mirada hacia los asesinos de libro, como Trump o Netanyahu, y las fieras reaccionarias como los líderes de esta nueva Europa fascista, el retrato de nuestro gobierno sale muy mejorado.
¿Otros temas? Alguno que otro. “Chao pescao”, dijo la frutera, hoy además pescadera de Madrid, la polímata y reina de vermú, la muy distinguida Isabel Díaz Ayuso para intentar zanjar la vergüenza de la compra de ese ático de 200 metros de terraza. Se equivocó la paloma, que MAR, a veces, también falla. Las chulerías, pá sus amiguitos, princesa. Los ciudadanos necesitan explicaciones coherentes de una operación inmobiliaria sin pies ni cabeza, que hasta a sus compadres del PP les ha causado rubor. Y ya tiene mérito poner colorado a Miguel Tellado, que ha visto impertérrito lo que ha visto en su partido, por poner un ejemplo sencillito.
Eres reina y un día te levantas de criada de la señora. Hans Christian Andersen ya lo contó en 1837 y todos vieron que el rey, la reina en este caso, estaba desnuda. En pelota picada, que diría ella, tan cheli. Demasiados viajes sin justificar, demasiados áticos para explicar, demasiadas defensas institucionales y solemnes de algún jugador a la ruleta con el fisco. Puede pasar con los cien servidores de su corte y las manadas de periodistas y empresas periodísticas que le bailan el agua, que llegue un día en el que se les aparezca la Virgen de la Verdad y a sí mismos se digan: en cueros está la individua, “chao pescao”, allá te pudras tú solita en alguno de los áticos de tus sueños.
Adenda. Los jueces. Seguro que con tanta playa y tanto pescaíto frito se han olvidado de ellos. Pues grave error, que ahí están, agazapados en sus despachos y sus salas solemnes, disfrazados con las togas y las puñetas. Si acercan el oído a tierra, como hacían los indios sioux en las películas de la cagaste, Burt Lancaster, que también podía decir Díaz Ayuso, menuda es ella, oirán los pasos pesados de los jueces, siempre abrumados por su responsabilidad saturnal, que ellos inventaron el mundo, lo conformaron a su imagen y semejanza, y están dispuestos a que ningún zarrapastroso les quite su derecho divino a dirigir con mano férrea las vidas y haciendas de los ciudadanos y algunas ciudadanas, máxime si algún día se cruzaron en la calle con Pedro Sánchez.
Ni lo duden: volverán los negros pájaros en sus estrados sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales llamarán.