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Cameron y Afganistán: propaganda de segunda mano

Le preguntaron a David Cameron en su visita a Afganistán el lunes si los soldados británicos volverán a casa dentro de un año con el convencimiento de que han cumplido su misión. ¿Pregunta trampa? ¿Un truco para forzar al primer ministro británico a repetir el infame mensaje que aparecía en la pancarta “Misión cumplida” durante el conocido discurso de George Bush sobre el (supuesto) fin de la guerra de Irak? Si es así, Cameron asumió la apuesta y la subió:

“Sí, creo que sí. Volverán a casa con la cabeza bien alta. No dejarán detrás un país o una democracia perfecta. Tiene que recordar que Afganistán es un país extremadamente pobre con una historia traumática, pero creo que el propósito de nuestra misión siempre fue construir un Afganistán y unas fuerzas de seguridad afganas que fueran capaces de mantener un nivel básico de seguridad para que nunca vuelva a ser refugio de campos de entrenamiento terroristas”.

Así que en ese sentido (“and I think we will have accomplished that mission”), Cameron está muy satisfecho a un año vista.

El actual Gobierno británico ha jugado en general a rebajar las expectativas sobre lo que podían hacer sus tropas. Eso quedó claro y cristalino desde el momento en que los norteamericanos decidieron relevar a los británicos en la provincia de Helmand, porque habían sido incapaces a lo largo de varios años de pacificar una zona con fuerte presencia de la insurgencia.

Todo el mito de los militares británicos con más experiencia y más ductilidad que los norteamericanos para emprender una guerra contra un movimiento insurgente se hizo honorables pedazos a causa de esta retirada de Helmand. Y en realidad ya había quedado bajo un gran interrogante tras la experiencia iraquí en Basora (donde los brits acabaron acuartelados en su base del aeropuerto sin atreverse a poner el pie en una ciudad que se estaban disputando varias milicias chiíes).

El Gobierno de Cameron no empezó con muy buen pie en Afganistán cuando su primer ministro de Defensa, Liam Fox, dijo que el Reino Unido no estaba allí estrictamente para ayudar a “un país del siglo XIII”. La misión consistía en que ni el pueblo británico ni sus “intereses globales” fueran amenazados. El pestazo colonialista que emanaba de estas declaraciones era difícil de ocultar, por muy retrasado que sea el país en múltiples aspectos.

Además, la amenaza que suponían los campos de Al Qaeda había pasado a mejor vida años atrás. Los talibanes afganos no están embarcados en ninguna idea de yihad global, no así los talibanes paquistaníes. El recurso propagandístico, que tantas veces usaron Blair y Brown, de afirmar que era mejor que los británicos pelearan en Asia Central por la seguridad de sus compatriotas, en vez de hacerlo en las propias calles de Gran Bretaña, había perdido todo sentido tiempo atrás.

Habrá más mensajes como el de Cameron, que al menos puede decir que ha esperado más tiempo que Bush para cantar victoria. Cuando se acerque la fecha de la retirada, escucharemos numerosos elogios a la aportación occidental al futuro de Afganistán. Seguro que los soviéticos dijeron algo parecido cuando dejaron en su retirada al régimen de Najibullah, un Gobierno que parecía sólido y con unas fuerzas militares preparadas (duró tres años).

Si no hay demasiados ataques de los talibanes durante el largo proceso de retirada, dirán que es un ejemplo del éxito en la pacificación del país. Si hay muchos ataques talibanes, dirán que... es un ejemplo del éxito en la pacificación del país (porque los insurgentes están desesperados o porque intentan intimidar al Ejército afgano, porque en esa época hace muy buen tiempo o cualquier cosa que se les ocurra).

Al final, quien mejor comenta las palabras de Cameron es Peter Brookes en su viñeta de The Times: