Elecciones en Irán: duelo entre conservadores
12.20
A esta hora no hay aún resultados definitivos, pero los parciales difundidos por el Ministerio de Interior dan un panorama muy diferente al de anoche. Rohani está muy cerca de ganar las elecciones por encima del 50%, lo que haría innecesaria una segunda vuelta.
Según los últimos datos conocidos, Rohani tiene contabilizados unos 8.439.000 votos, frente a los 2.560.000 del segundo clasificado, Qalibaf. Eso le coloca con el 50,48% de los votos. El Ministerio de Interior afirma que el escrutinio está prácticamente finalizado, pero algunas autoridades electorales provinciales están aún revisando las actas antes de darlas por buenas y enviarlas a Teherán. Cualquier cambio podría dejar a Rohani por debajo del 50% y obligarle a ir a una segunda vuelta.
Es probable que hasta la tarde no se conozca el resultado final.
En cualquier caso, la rotunda victoria de Rohani hace pensar que el voto reformista se ha volcado sobre él y que ha recabado todos los apoyos con lo que esperaba contar Rafsanyani si no hubiera sido descalificado por el régimen.
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En fin, este es un detalle un poco preocupante. Tuit del jefe del servicio en persa de la BBC.
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0.30
No mucho tiempo después del cierre de los colegios, Abas Aslani, del que podemos suponer que por su cargo recibe información de altos dirigentes, se atrevió a dar unos datos sobre el escutinio que llamó “datos no oficiales”. De dónde los sacó no se sabe. El caso es que daban la victoria a Rohani con un 37%, el segundo puesto a Qalibaf con un 33% y el tercero a Jalili con un 14%.
A esta hora son más de las tres de la mañana en Teherán y aún no hay resultados preliminares con un cierto porcentaje de escrutinio, como sí los hubo en las elecciones anteriores a las 11 de la noche. Desconozco la razón del retraso, porque no se ha dado ninguna. Sí se sabe que los resultados definitivos se darán el sábado a las 8 de la mañana, hora local.
Hace unos 15 minutos, las autoridades electorales han anunciado que habrá resultados preliminares para dentro de 45.
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Acaban de cerrar los colegios electorales en Irán tras una prórroga de varias horas con la excusa oficial de permitir que todas las personas interesadas en hacerlo puedan depositar su voto. No hay que darle mucha importancia porque es bastante habitual allí. La cifra de participación siempre es muy valorada por las autoridades. Dado que la competición está controlada por el establishment político y religioso (todos los candidatos tienen que recibir previamente el visto bueno), la abstención es lo único que no puede controlar el Gobierno. La participación es una forma de dar legitimidad a todo el proceso.
Periodistas y medios controlados por el Gobierno ya han avanzado una cifra de participación de entre el 70% y el 75%. Sea o no cierta, es un porcentaje que el régimen consideraría un éxito.
Cualquier pronóstico sobre el resultado es algo más que aventurado. Es cierto que hay algunos sondeos previos que dan como favoritos a Hasan Rohani y a Mohamed Baqer Qalibaf, con ambos lejos del 50% y por tanto abocados a una segunda vuelta que se celebrará dentro de una semana. Es significativo que Abas Aslani, director de la agencia oficial Fars, haya dado crédito a esos pronósticos en Twitter, que dejan fuera de la carrera al que parecía ser el candidato más oficial, Said Yalili. El jefe del equipo negociador iraní en temas nucleares estaba considerado como el más cercano a Alí Jamenei, líder espiritual y en la práctica el máximo gobernante del país.
En cualquier caso, todos los candidatos son conservadores y aceptables para la élite religiosa y, como mucho, se puede decir que Rohani y Qalibaf son conservadores moderados o pragmáticos. Qalibaf, actual alcalde de Teherán, ha confirmado su fortaleza entre aquellos votantes interesados por encima de todo en la difícil situación económica del país.
En enero el ministro del Petróleo admitió que la exportación de petróleo había caído un 40% a causa de las sanciones. En términos de divisas, eso suponía un descenso del 45% del dinero recibido. La diferencia procede del hecho de que una parte de ese petróleo se paga con la exportación de bienes a Irán o en moneda local que se guarda en bancos de esos países con el fin de comprar bienes que en el futuro Irán podrá importar. Al final, las sanciones financieras han hecho tanto daño a Irán como el propio embargo en la compra de petróleo iraní.
Esa acuciante necesidad económica favorece al alcalde de Teherán que puede presentar sus credenciales como gestor en una ciudad que, como todas las capitales, siempre se beneficia del reparto de fondos públicos.
El atractivo electoral de Rohani, un clérigo que también dirigió el equipo de negociación nuclear, procede del hecho de que en su campaña ha lanzado mensajes discretos pero nítidos al sector de la población que, en especial en las grandes ciudades, apoyó a los candidatos reformistas en anteriores elecciones. Algunos datos anecdóticos, como la participación en las urnas en las zonas de Teherán de clase media alta, hacen pensar que una parte de ese electorado votará a Rohani como mal menor o por miedo a los candidatos más cercanos a Jamenei. El apoyo público de los expresidentes Jatamí y Rafsanyani también le habrá beneficiado.
La presidencia de Ahmadineyad ha acabado con un enfrentamiento espectacular entre sus partidarios y los de Jamenei. Si el hasta hoy presidente pretendía cambiar el juego de poderes en el que se mueve la política iraní y alejar de la toma de decisiones a las instituciones religiosas, y eso es lo que parecía, se puede decir que ha fracasado por completo. El nuevo presidente lo tendrá muy en cuenta.