Ignorantes, sinvergüenzas y mediocres al frente de las televisiones autonómicas
El cierre de Canal 9 plantea de nuevo la crisis de las televisiones autonómicas, crisis tanto económica como de audiencia y credibilidad. Hemos visto las imágenes de periodistas del canal valenciano admitiendo la manipulación ejercida por razones políticas durante tantos años, de la que ellos --y eso no hay que olvidarlo-- también han sido responsables. Es obvio que esa información sesgada y partidista partía de los despachos, y también lo es que alguien tenía que ejecutarla desde la redacción.
Nadie quiere perder su puesto de trabajo, pero cuando estás dispuesto a todo con tal de conservarlo estás poniendo el umbral de tu dignidad en un punto tan bajo que no puedes sorprenderte si al final los que mandan cierran la televisión. Te utilizaron antes como una pieza más de sus maquinaciones políticas, y lo vuelven a hacer ahora, con consecuencias más dramáticas.
El programa de La Sexta Columna dedicó un amplio reportaje a este tema el viernes en el que se pudo ver por ejemplo qué tipo de contenidos informativos se emiten en Telemadrid. ¿Realmente sería una pérdida para la sociedad que ese canal dejara de existir o hay que preguntarse si es su existencia lo que supone una vergüenza cuando se emplean fondos públicos para convertir una cadena de televisión en una especie de batallón antidisturbios contra los rivales políticos?
La realidad es que no hay ninguna esperanza mientras siga habiendo al frente de estas empresas personajes tan deplorables y mediocres como el director general de Radio Televisión de Galicia, Alfonso Sánchez Izquierdo, que ha proferido en el Parlamento gallego una de las explicaciones más imbéciles que se hayan usado nunca en la profesión periodística. Intentaba argumentar por qué TVG no había rectificado una información errónea, como le reclamaba un partido de la oposición:
“Nosotros damos más de 30.000 noticias al año. Como puede imaginar, no trabajamos con nivel de error cero porque es imposible. Si nos aplicásemos la metodología que sugiere, estaríamos haciendo rectificaciones todos los días, mañana, tarde y noche. No tendría mucho sentido, lo más determinante es corregir los errores lo más rápido posible, tenemos una actividad donde el error no es susceptible de ser corregido, tenemos esa grandeza y esa miseria. Más importante que esa idea de un cierto derecho de rectificación que usted sugiere es la voluntad de corregirlo y que no vuelva a suceder”.
La noticia en cuestión es casi irrelevante para el tema que nos ocupa. Esta persona responsable de todo lo que emite la radiotelevisión autonómica da por hecho que están generando errores de forma constante, tanto es así que “estaríamos haciendo rectificaciones todos los días, mañana, tarde y noche”. Da por hecho que sus periodistas son una banda de ineptos que no saben de lo que escriben y que no tienen la responsabilidad de corregir esos errores en las mismas condiciones o similares en que fueron emitidos.
Y este tipo es periodista por profesión y fue nombrado por un Gobierno para gestionar una empresa con un presupuesto de 99 millones y una plantilla de un millar de personas. Alguien que se atreve a decir que el periodismo es una actividad “donde el error no es susceptible de ser corregido, tenemos esa grandeza y esa miseria”.
No, eso no es ningún indicio de grandeza, y la miseria es que haya gente que carece de cualquier sentido de la vergüenza profesional al frente de empresas de comunicación.