Kissinger y Ucrania: un poco de realismo
Leí ayer que Henry Kissinger había publicado un artículo sobre la crisis de Ucrania que era inteligible, lo que no ocurre con tanta frecuencia. Creo que se referían a que no estaba escrito en diplojerga, y que por tanto los civiles podía entenderlo.
Sí, se puede entender, y además resulta interesante, más que nada porque no está dominado por prejuicios antirrusos ni plantea soluciones unilaterales que sólo pueden agravar el conflicto entre Rusia y Ucrania. Algunas de sus ideas:
“Con frecuencia se plantea el tema ucraniano como un duelo: Ucrania debe unirse al Este o al Oeste. Pero si Ucrania quiere sobrevivir y prosperar, no debe convertirse en el puesto avanzado de un lado frente al otro. Debe funcionar como un puente entre ambos”.
Rusia debe aceptar que intentar “convertir por la fuerza a Ucrania en un Estado satélite” le condenaría a otro ciclo de ataques y contraataques como el que ha caracterizado durante décadas sus relaciones con Europa y EEUU.
Occidente debe comprender que, para Rusia, “Ucrania nunca será un país extranjero”, dice el ex secretario de Estado norteamericano. Ucrania ha sido parte de Rusia desde hace siglos y sus historias están entrelazadas. Kissinger recuerda que disidentes de la época soviética como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky creían firmemente que Ucrania era una parte de Rusia. Ese nacionalismo imperial de Putin no procede de su condición de antiguo agente del KGB, sino de un elemento consustancial a la cultura política de Rusia.
Kissinger, por cierto, no está a favor del ingreso de Ucrania en la OTAN, ni cree que haya que “demonizar” a Putin. Probablemente, hasta es posible que admire en secreto al presidente ruso. Él siempre ha respetado el poder y su aplicación violenta cuando es necesario.
Es obvio que vivir al lado de Rusia no es tarea fácil, pero es falso que los políticos ucranianos estén ante una misión imposible. Ese frío realista que es Kissinger (criminal de guerra sería una definición alternativa) no se une al coro de los que pretenden beatificar a los partidos que sustentan al nuevo Gobierno de Kiev. Los líderes ucranianos, escribe Kissinger, son incapaces de llegar a acuerdos, como han demostrado a lo largo de la breve historia de Ucrania como país independiente. Todos sus problemas se originan en la falta de acuerdos básicos entre las dos partes del país. Por eso, Occidente debería fomentar “la reconciliación, no la dominación de una facción sobre otra”.