Eneko Pou escala las tres grandes aristas clásicas del País Vasco en el día

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Hay tres aristas en Euskadi que se consideran las grandes clásicas: la de Palomares, la de Peña Karria y, probablemente la más famosa de esta trilogía, la del Txindoki. Eneko Pou ha encadenado recientemente las tres en el día y en estilo ligero. Él mismo nos lo cuenta:

“Las tres las hemos hecho en innumerables ocasiones por separado y a modo de entrenamiento, al punto, que a las dos primeras casi las podríamos considerar el patio de nuestra casa... Normalmente las hacemos con cuerda, algún mosquetón y pies de gato; en este estilo recordamos haberlas realizado con otros alpinistas ilustres de nuestra tierra como Juanito Oiarzabal, Juan Vallejo, Luis Ángel Rojo ”Gorri“, o también en varias ocasiones con nuestro aita.

De hecho, suele ser como comentaba, una actividad que hacemos para entrenar de cara a los grandes objetivos en Andes, Himalaya, Alpes o Patagonia. Cuando es así, incluso lo hacemos en solitario y sin cuerda, añadiendo más compromiso a la actividad y buscando una preparación física y mental mayor.

De por sí, cualquiera de ellas es muy interesante para montañeros con cierta técnica, pero lo que se me ocurrió este pasado 15 de octubre fue unir las tres en un mismo día. Era una idea que hacía mucho tiempo que me rondaba por la cabeza, pero que con tanto viaje y expedición nunca acababa de materializar. Un bonito objetivo al lado de casa, en un lugar que amo y respeto a partes iguales“, nos cuenta Eneko, el mayor de los Pou.

Palomares, la primera del día

“A las 8 am partía todavía de noche de Vitoria-Gasteiz al volante de mi T4, una furgoneta que este próximo año cumple 30 años y que, por lo tanto, no se la puede considerar un ”bólido“. Tampoco tenía intención de infringir ninguna norma de tráfico, ni tampoco hacer las actividades corriendo, pero sí, todo ello a cierto ritmo, porque había quedado a las 21:00 h para cenar en el bar Manaí con dos buenos amigos.

Al final partí solo porque, aunque había conseguido convencer a mi hermano para que se viniese, en el último momento se puso malo...

En poco más de una hora estaba en Pipaon, donde inicié la primera de las aristas que fue la de Palomares. La conocía bien y la disfruté, aunque con mucha atención, porque hay que tener en cuenta que iba solo, sin cuerda y en zapatillas (unas TX4 de La Sportiva, que aunque no son unos pies de gato, es un calzado preparado para actividades de escalada no demasiado técnicas). Me moví rápido por esta frontera natural entre las montañas vascas y las vides riojanas, siempre viendo dónde ponía cada pie porque el abismo hacia cada lado es lo suficientemente grande como para no cometer ningún fallo...

Sin contratiempos, y tras echarme una foto en la cumbre, inicie el descenso hasta el coche, a donde llegue un poco más de 2h 30' después“.

Peña Karria, la segunda

“Tras comerme un pintxo de tortilla- el segundo del día porque el primero ya lo había disfrutado en el propio bar Gasteiz de Sansomendi con un zumo de naranja- a modo de avituallamiento en la furgoneta, partí camino de Arroyo de San Zadornil, a donde llegue 1h 20' después. Me di crema, puse el reloj Suunto a funcionar, y sin perder más tiempo, inicié la aproximación a la arista. La alcancé rápido a pesar de que el inicio es un poco perdedor...A diferencia de la de Palomares, esta actividad es mucho más corta, lo que no quita que la escalada sea incluso más vertical y compleja en algunos tramos porque la roca está más descompuesta. El patio hacia los dos lados -Burgos y Álava- impresionante como en la anterior...

Alcancé la cumbre, me hice la segunda foto del día en lo más alto, y en poco más de 1h 30' estaba de vuelta al coche“, sigue relatando Eneko con todo lujo de detalles.

La tercera: el Txindoki

“Agarré nuevamente la furgo y tiré para Gipuzkoa- las dos primeras se encuentran en Araba, nuestra provincia-. Esta vez tenía más carretera, el MAPS me estaba señalando 1h 45'. Iba más cansado, pero fui recuperando líquido y alimento mientras conducía. Poco antes de llegar a Larraitz, donde iniciaría la tercera y última ascensión, vi desde lejos el Txindoki y su arista. Lo cierto es que hay pocas imágenes más bonitas que ésta en Euskadi. Me sentí feliz de estar cerca de lograr el objetivo, aunque todavía me quedaba probablemente la más compleja y comprometida. Y así fue, ascender en zapatillas y sin cuerda por aquellos diedros lavados no fue coser y cantar… Se notaba que había pasado de Álava a Gipuzkoa, y que en esta última hay casi más afición a la montaña que al fútbol, por no decir que el Txindoki sea probablemente su cima más emblemática.

Fui surcando cada largo con todos los sentidos puestos en lo que hacía, en cada presa de mano y en cada presa de pie porque no es un lugar en el que quieras fallar. El día seguía precioso con una temperatura cercana a los 30⁰, y disfrutaba sobremanera de todo ese paisaje verde que me rodeaba allá donde mirase.

Así, con un nivel de concentración muy alto a pesar del cansancio acumulado durante todo la jornada, alcancé ya atardeciendo mi última cumbre de la jornada. Allí me encontré con Julen, uno de los pocos montañeros que había visto en todo el día. Tras charlar un rato, inicié el descenso, porque la luz iba menguando. La puesta de sol fue de aquellas que hacen afición, y ya con la noche encima alcancé la furgoneta.

Estaba feliz, pero aún tenía que llegar a las 21:00 a cenar con Eduardo Martínez y Jesús María Otxoa, compañeros de viejas expediciones y buenos amigos con los que celebré en el Manaí mi pequeña aventura“, concluye el mayor de los Pou satisfecho.

La actividad en números

  • Desnivel: 2.176 metros positivos ascendidos.
  • Recorrido: 21' 2 kilómetros.
  • Tiempo: 6h 35' de actividad (con las paradas).