LOS 32 FUTBOLISTAS CANARIOS DE LA SELECCIÓN ESPAÑOLA

Martín Marrero: El primer ‘carrilero’ (1969)

La roja escucha el himno nacional antes del España-Yugoslavia (2-1) jugado en el Nou Camp. De izquierda a derecha forman: Glaría (capitán), Sadurní, Zabalza, Tonono, Vidagañy, Rexach, Martín, Bustillo, Velázquez, Grosso y Amancio.

Biografía

Martín Marrero de la Cruz (1945) nació en Santa Cruz de Tenerife y, tras formarse en el Mestalla, juvenil Tenerife y juvenil Tarrasa, debutó con el primer equipo del CD Tenerife con sólo 18 años. Después de tres campañas como blanquiazul en Segunda División, fue traspasado a la UD Las Palmas en 1966. Con el conjunto amarillo se mantuvo 13 temporadas en Primera División y logró un subcampeonato de Liga y otro de Copa del Rey. Retirado en 1979, como técnico ha dirigido a una docena de equipos, incluyendo al CD Tenerife en dos etapas, en la primera de las cuales (86/87) logró un ascenso a Segunda División.

Sangre amarilla

Un profesional del fútbol con un respeto inmenso por este deporte”. Esa definición es la que mejor se ajusta a Martín Marrero, jugador ejemplar que desde su condición de birria irredento, de aficionado fiel al CD Tenerife, ofreció un rendimiento sobresaliente en las trece temporadas que defendió los colores de la mejor UD Las Palmas de todos los tiempos. Creador del puesto de carrilero en una época en la que aún no se había inventado la palabra, fue el dueño de la banda derecha del Insular durante una década y alcanzó la internacionalidad a finales de los años sesenta, cuando los amarillos, dirigidos por Luis Molowny, eran capaces de pelear por el título de Liga con Real Madrid y Barcelona.

Martín II, que así se le conocía futbolísticamente por coincidir en la UD Las Palmas con Manuel Martín, debutó como internacional en la batalla de Lieja, un 23 de febrero de 1969. No fue un buen día para estrenarse con la roja. Apenas duró media hora sobre el césped. Una durísima entrada de la estrella belga, Paul Van Himst, le mandó lesionado a los vestuarios. Además, la acción fue preludio del primer gol local. El árbitro, el danés Tage Sorensen, no pitó ni falta, los belgas no tiraron el balón fuera y De Vrindt inauguró el marcador con un tiro cruzado que superó a Iríbar. “Pensé que me había roto la pierna, pero al final sólo estuve dos semanas de baja”, recuerda Martín.

Sustituido por Torres (FC Barcelona) tras el gol, Martín fue atendido en los vestuarios por el médico. Tras el descanso, un partido que ya había empezado caliente se tornó violento. El centrocampista Eladio (FC Barcelona) fue expulsado, luego agredido por la policía belga en el mismo césped y después detenido (o retenido) por las fuerzas del orden. “La cosa se puso tan fea que Juanito Guedes, que estaba en el banquillo, fue a la caseta y me dejó encerrado con llave para evitar que me pasara algo. Yo estaba allí solo y oía mucho ruido, pero no me enteraba de nada”, explica.

Al final, tras la derrota (2-1), España se despedía de México 70 y Gallego (FC Barcelona) también se enfrentaba a la policía belga. “Hace poco, en una reunión de antiguos internacionales, me encontré con Gallego y me dijo que Eladio y él no pudieron entrar en Bélgica durante muchos años, ni siquiera cuando el Barça debía jugar allí algún partido internacional”, apunta Martín, quien sólo pudo ver “los porrazos que repartía la policía a la entrada a los vestuarios” y que califica el choque como “una encerrona, con un ambiente hostil y en un campo pequeño… y eso que en las gradas había centenares de emigrantes españoles”.

Por encima de la derrota, a Martín le queda “el orgullo de haber sido internacional y de haber disfrutado de sensaciones únicas. Es algo muy difícil de explicar y hay que vivirlo para poder entenderlo. Yo ya había sido convocado y había estado en el banquillo, pero escuchar el himno en el césped es algo muy emotivo y que te da hasta tembladera”. Curiosamente, su estreno como internacional coincidió con la despedida de Eduardo Toba como seleccionador y el nombramiento del triunvirato Artigas, Molowny, Muñoz, técnicos de Barça, Las Palmas y Madrid, los tres grandes de aquella época.

Cuatro meses después, tras caer (2-0) ante Finlandia, el citado trío dejaría su puesto a Ladislao Kubala. Por el camino, Martín volvió a jugar con España en otras tres ocasiones: en un amistoso ante México (0-0), en la victoria (2-1) ante Yugoslavia en un partido clasificatorio para México 70 ya intrascendente, y en la referida derrota en Helsinki. Kubala ya no contaría con él y optaría por Juan Cruz Sol (Valencia) como lateral derecho. “A mí ya me había llamado Balmanya, aunque no llegué a debutar. Y luego jugué con Toba y con el trío Artigas, Molowny, Muñoz. Y todo en apenas un año. Entonces, los seleccionadores no duraban mucho”, comenta.

Martín Marrero de la Cruz nació el 6 de septiembre de 1945 en Santa Cruz de Tenerife y uno de sus primeros recuerdos futbolísticos es su asistencia al Tenerife-Orihuela disputado en el Heliodoro en mayo de 1953 y que significó el ascenso blanquiazul a las categorías nacionales por primera vez en su historia. “Mis padres eran birrias, birrias… y yo me hice del Tenerife desde pequeñito porque eso era lo que mamaba en casa”, apunta Martín, que en esa época recibe un regalo que aún recuerda: sus primeras botas de fútbol de goma. “Me las trajo Yeyo Santos desde la Península, un fenómeno como futbolista y como persona que jugaba en el Tenerife y era vecino nuestro en la calle Prosperidad”, rememora. 

“Al salir del infantil Mestalla mi padre me metió en los juveniles del Tenerife, que era su equipo. Y allí tuve la suerte de contar con un maestro como Olimpio Romero en un año en el que lo ganamos todo en la Isla y sólo la UD Las Palmas, con un equipazo, nos ganó el título regional”. Tras caer ante los diablillos amarillos de Germán Dévora y Paco Castellano, que quedarían campeones de España, Martín emigra al juvenil Tarrasa, pues el presidente blanquiazul, José López Gómez, prescinde de la cadena de filiales. Alterna partidos con el Tarrasa y entrenamientos con el Tenerife hasta que un 10 de mayo de 1964 Paco Campos le hace debutar en la Copa del Generalísimo ante el FC Barcelona.

“Jugué como interior derecho, al aprovechar la baja de Justo Gilberto, que ese día juraba bandera”, explica Martín. El Tenerife, que había caído 7-0 en el Nou Camp, se impone en el Heliodoro por 2-1 ante el Barça de Olivella, Fusté y Pereda, tres jugadores que mes y medio después ganarían la Eurocopa 64 con España. El curso siguiente, con Sartur Grech en el banquillo, ya es titular en el Tenerife. Y en el verano de 1966 es traspasado a la UD Las Palmas. Con 21 años recién cumplidos debuta como amarillo en Primera División ante el Granada (1-1). Lo hace como lateral derecho, en el puesto que durante una década perteneció a Ernesto Aparicio. Con el regreso del veterano, pasaría al centro del campo o al lateral izquierdo.

Pero el técnico, Juan Ochoa, ya no sacará a Martín del once inicial. Disputa 28 partidos como titular en 30 jornadas y marca tres goles, uno de ellos decisivo en una victoria (1-0) ante el vigente campeón de Liga, el Atlético de Madrid de Rivilla, Griffa, Calleja o Glaría y una delantera de ensueño: Ufarte, Adelardo, Gárate, Luis Aragonés y Mendoça. Sin embargo, los amarillos caen a los puestos de promoción y, a falta de sólo tres jornadas, Luis Molowny se hace cargo de equipo para lograr la permanencia al ganar (2-0) al Deportivo en la última cita del ejercicio. Fue un choque que Martín jugó como extremo derecho. Tras el verano, Las Palmas provocará el asombro del fútbol español.

Con un once casi inamovible (Ulacia; Aparicio, Tonono, Martín; Castellano, Guedes; León, Gilberto II, José Juan, Germán y Gilberto I) en el que hay diez canarios, cuatro de ellos tinerfeños, la UD pelea por el título hasta la penúltima jornada. Un triunfo en el Bernabéu les haría campeones virtuales. Y un gol de Paco Castellano al filo del descanso empata (1-1) el choque y amenaza los cimientos del fútbol nacional. Las Palmas se vuelca y el temor invade el Bernabéu mientras un canario, Antonio Betancort, salva al Madrid con paradas antológicas. A falta de un cuarto de hora, el árbitro, Zariquiegui Izco, da por válido un gol de Pirri tras hacer falta al portero. “Fue un robo, pero contra el Madrid y en el Bernabéu… ya se sabe”, lamenta Martín.   

Al año siguiente, en la Liga 68/69, Las Palmas repite proeza. Molowny sólo utilizaría 14 jugadores en todo el campeonato y exprimiría el mismo once del curso anterior (con Oregui en la portería en lugar de Ulacia) hasta que en la jornada 24, con la UD amenazando todavía a un invicto Real Madrid, una sanción de ¡12 partidos! a Juan Guedes tras una batalla ante el Zaragoza acaba con la emoción. En ese mismo choque ante los aragoneses en el que Guedes lesiona a Planas, Martín marca un gol antológico “regateando a todos los rivales que le salen al paso, incluyendo al portero Alarcia, antes de marcar a puerta vacía”, explican los rotativos de la época. Luego, resultaría lesionado tras una escalofriante entrada de Reija.

Las Palmas ya no volvería a pelear por el título. En la campaña 69/70 Molowny abandona la nave con el equipo en zona de descenso, pero Rosendo Hernández logra la permanencia con una goleada (3-0) al Sevilla en la última jornada. Martín ya es indiscutible en el lateral derecho y en 12 temporadas en la élite acumula más de trescientos encuentros como titular. “Tácticamente era muy bueno, porque siempre jugaba con máxima concentración. Y era rapidísimo, tenía temperamento, muchísima clase para ser lateral, subía la banda, daba buenos centros… Junto a Colo, el mejor lateral que ha dado Canarias”, analiza José Juan Gutiérrez, compañero suyo en el Tenerife y en Las Palmas.

“Algunos años nos clasificamos para la Copa de la UEFA y otros estuvimos al borde del descenso, pero siempre nos quedamos en Primera División”, recuerda Martín, que disputó el agónico último encuentro de la Liga 74/75 ante el Celta, saldado con victoria (3-1) cuando un empate mandaba al equipo amarillo a Segunda División. Con Miguel Muñoz pierde la titularidad, aunque en el curso 77/78 es utilizado en la Copa del Rey, competición en la que Las Palmas alcanza la final ante el FC Barcelona. Martín no la juega tras caer lesionado en las semifinales ante el Sporting de Gijón. Su puesto en el decisivo partido del Bernabéu (3-1 para los catalanes) lo ocupa Gerardo Miranda, que le acabaría relegando al banquillo el curso siguiente, en el que sólo disputó un choque.

“Tampoco perdí el puesto con un tuercebotas, pues Gerardo fue internacional y jugó media docena de años en el Barça”, bromea Martín. Y aunque un par de temporadas juega al fútbol sala, pronto pasará a los banquillos para cosechar un éxito resonante con la UD Güímar, donde descubre a Juanito –“Juan se descubría solo. Había que estar ciego para no ver que iba para figura”, dice con modestia– y se gana un puesto como técnico del CD Tenerife, al que asciende a Segunda División en el primer año de la era Javier Pérez y al que salvaría del descenso a Segunda División B y quizás de la desaparición tres lustros después. Pero ésa ya es otra historia.

 

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