Santa Brígida protege el eco de las ánimas errantes

Los Ranchos de Ánimas entonan cánticos, coplas y endechas de origen medieval que tocan el alma de quien escucha.

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Los Ranchos de Ánimas de Gran Canaria constituyen uno de los legados culturales más singulares del Archipiélago. Herederos de un antiguo culto de raíces animistas, estas formaciones recorrían históricamente los pueblos de la isla entre los meses de diciembre y febrero, coincidiendo con los doce sábados más próximos al Solsticio de Invierno, con el objetivo de recaudar fondos destinados a la celebración de misas por las almas del Purgatorio. Un ritual colectivo cargado de simbolismo, espiritualidad y fuerte arraigo popular que, siglos después, sigue despertando interés.

Con el propósito de profundizar en esta tradición y contribuir a su preservación, el Ayuntamiento de Santa Brígida, en colaboración con el Centro de Educación de Personas Adultas de Santa Brígida, Vega de San Mateo y Tejeda, acoge la conferencia Los ranchos de ánimas de Gran Canaria: recuperación de la tradición desde la formación y la educación. El encuentro tendrá lugar este martes, 27 de enero, de 17:30 a 19:30 horas, en el Centro Cultural de la Villa.

La charla estará impartida por Roberto Suárez Ojeda, profesor de música y coautor del trabajo interdisciplinar Rancho de ánimas de Arbejales-Teror, una investigación de referencia por su exhaustivo contenido histórico, etnográfico, musical y metodológico. Suárez Ojeda abordará el fenómeno de los ranchos de ánimas desde una perspectiva integral, destacando tanto su valor patrimonial como el papel de la educación en su recuperación y transmisión. 

Desde el punto de vista musical y escénico, los ranchos de ánimas se caracterizaban por el uso predominante de instrumentos de percusión, composiciones cantadas con voces graves, ritmos lentos y sones austeros que sonaban más a lamento que a canción. A ello se sumaba una marcada teatralización, con letras y melodías de carácter popular que evocaban el mundo de ultratumba mediante tonos lastimeros, tristes y luctuosos, creando una atmósfera sobrecogedora y profundamente emotiva.

En la actualidad, esta tradición pervive únicamente en tres enclaves de Gran Canaria, Arbejales-Teror, Valsequillo y La Aldea, lo que subraya la fragilidad de este patrimonio que, aún hoy, cuando sobrevive como expresión cultural, conserva ese tono contenido y perturbador que no busca aplausos ni entretenimiento, sino que remueve una memoria colectiva donde la muerte no era abstracta, el purgatorio era real y el canto era una forma de aliviar el sufrimiento de quienes ya no estaban, dejando en quien los escucha una inquietud silenciosa difícil de explicar.

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