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Apelar a la militancia

Es un clásico en política. Especialmente en campaña electoral o procesos internos, la militancia pasa a ocupar un espacio central en los discursos de los dirigentes políticos. Pareciera que el devenir del partido, qué digo partido, del país, del curso mismo de la historia, pasase por el papel a desempeñar por la militancia en esos días. Y, ante tal nivel de responsabilidad, la militancia lejos de acongojarse se pone a la tarea: pegar carteles, repartir propaganda, organizar actos, pasar horas enteras a golpe de retuit y compartir.

Pasadas las elecciones o el proceso interno, la militancia quedará relegada al olvido, en el trabajo militante e invisible del día a día, dando la cara por el partido en centros de trabajo, barras de bar y sobremesas. El partido no volverá a acordarse de la militancia hasta la siguiente campaña. Y la militancia volverá a responder porque el partido, qué digo el partido, el país y el curso mismo de la historia, están en juego.

Relegar al olvido a la militancia en períodos no electorales es algo que los viejos partidos se pueden permitir. Más allá de la campaña, una vez pegados los carteles y demás tareas que encomendar a la militancia, los viejos partidos cuentan con grandes estructuras de poder político, económico y comunicativo que defenderán sus intereses, y a la inversa, en un acto de reciprocidad encaminado a perpetuar el status quo. Que nada cambie.

Este olvido a la militancia es algo que los viejos partidos se pueden permitir, pero no así Podemos. En estos 6 años de vida, Podemos se ha visto obligado a enfrentar un maratón de procesos electorales a la par que trataba de fortalecer su músculo militante y levantarse como organización. Lo cierto es que primó lo primero sobre lo segundo, cuestión de prioridades que la militancia supo entender: primero entrar en las instituciones y llegar al Gobierno para cambiar la vida de la gente, después la militancia y la organización.

Y en esas estamos, con Podemos en las instituciones y participando de los gobiernos a distintos niveles. Y es ahora cuando, más que nunca y a diferencia de los viejos partidos, Podemos necesita de militancia y organización. De sus círculos. La razón es sencilla, una organización política que aspira a cambiar las cosas no contará con los favores del poder político, económico y comunicativo que sólo busca apuntalar el status quo. Así las cosas, Podemos sólo tiene a los círculos para defender al partido. Y al proyecto de cambio.

Sin esta apuesta por los círculos, Podemos no podrá resistir al desgaste fruto de la acción de Gobierno y a los ataques de los poderosos.

Llegan nuevos procesos internos en Podemos y, con ello, apelaciones constantes a la militancia y círculos, que volverá a responder porque el partido, qué digo el partido…ya sabemos.

Construir organización pasa por “poner a punto Podemos para ayudar en las tareas de Gobierno, al tiempo que debemos ampliar la base del partido, por poner los círculos a punto” en palabras de Pablo Iglesias en la reunión del último Consejo Ciudadano Estatal. Y nuestro Secretario General, como de costumbre, acierta. Ese poner a punto pasa, en Canarias y en el conjunto de la organización, por hacer de los círculos el centro de la actividad política del partido. De lo contrario, seremos un partido más.

Los círculos deben poder participar de las decisiones del día a día de Podemos, tener inserción en sus órganos de dirección y, fundamental, contar con recursos para poder desarrollar actividad política en municipios y barrios y desplegar territorialmente el proyecto.

La militancia y círculos, además, deben marcar el paso a las instituciones y a la acción de Gobierno. Es en esos gobiernos de coalición, en los que toca navegar contradicciones, cuando militancia y círculos deben servir de brújula, por su contacto directo con la calle y con los intereses de las mayorías sociales.

Y por último, militancia y círculos deben ser herramientas para estrechar lazos con la Sociedad Civil y otras organizaciones de base, para la construcción de ese bloque histórico de cambio que, más que nunca, necesita nuestra tierra y nuestro país.

Y la unidad, tan manoseada. Podemos necesita unidad en lo orgánico, que círculos, dirección política e instituciones sean parte de un todo. Esto pasa por la necesaria inserción de militancia y círculos en los órganos de dirección, mencionada anteriormente. Eso sí, que esa inserción sea honesta, nunca más utilicemos a círculos y militancia como ariete para disputas en clave interna.

Apelemos a la militancia y círculos en los procesos internos que vienen. Pero que no caigan en el olvido porque en el caso de Podemos, esta vez sí y de verdad, nos jugamos el devenir del partido, del país, de la historia: consolidar el cambio. 

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Publicado el
13 de marzo de 2020 - 12:14 h

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