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Atentados contra la libertad: Salman Rushdie y otros

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Importa por lo visto el hecho de estar vivo.

Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza

necesite, suponga nuestras vidas, estos actos mínimos

a diario cumplidos en la calle por todos.

 

Y será preciso no olvidar la lección:

saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos

hay un arma escondida, saber que estamos vivos

aún. Y que la vida

todavía es posible, por lo visto.

Jaime Gil de Biedma, Por lo visto (1959)  

 

Este 12 de Agosto en New York se ha perpetrado un nuevo atentado contra ls vida del escritor Salman Rushdie y contra la libertad. Salman iba a dar un conferencia cuando fue atacado por un joven. Según la BBC con información de su agente literario Andrew Wyler, el escritor está atendido con respiración artificial y ha sufrido una herida en el cuello y una grave cuchillada en el higado. 

Rushdie fue llevado en helicoptero a un hospital en Erie, Pennsylvania. Desde entonces está en la cirugía y se teme que quede ciego de un ojo. Quien debía entrevistar al escritor británico, Henry Reese, estaba con él en el estrado y sufrió una agresión con herida menor en la cabeza, por lo que fue atendido en un hospital local.

El agresor de 24 años es del Estado de New Jersey, está detenido aunque todavía no se saben sus motivos. 

El Gobernador de New York, Hochul, expresó su horror por tan terrible hecho. Según sus declaraciones, gracias a la pronta intervención de un policía se salvó la vida de Rushdie. Se supone que el brutal atentado está relacionado con el libro Los Versos Satánicos del año 1988, cuyo autor fue condenado a muerte por el Régimen del Ayatola El Jomeini del Irán.

Rushdie desde entonces ha tenido que vivir escondido y cambiando de domicilio con protección policial.

Muchos escritores se han expressado condenando el atentado y algunos han recordado que “la literatura es un puente hacia la igualdad y la libertad, así como una ruta hacía un mundo libre de violencia”, por lo que “reiteramos nuestra indignación por el cobarde atentado contra Salman Rushdie, cuya obra encarna lo mejor de la literatura, y le deseamos una pronta recuperación”.

Sobre leyes, justicia y libertad

Las leyes que rigen en un Estado nos obligan a cumplirlas, voluntariamente o no, porque tienen detrás de sí la fuerza de todo el aparato estatal, además de la aceptación de la mayoría de la población, sin olvidar la tradición, la comodidad, el desinterés por lo público mientras personalmente no nos afecte, y asímismo la comodidad y el borreguismo de manada que no piensa independientente, sino que acata o que se llama “opinion común” por el bien general.

La obligación de cumplir las leyes no quiere decir, ni mucho menos, que las leyes sean siempre justas ni practicas. Es práctico que todos en Europa circulemos por la derecha; en Inglaterra será delito conducir un coche por la derecha porque allí la ley obliga a circular por la izquierda. No es cuestión de que sea justo circular por un lado u otro. Se trata de una cuestión práctica que afecta a todos y que si no la aceptamos producirá accidentes e incluso muertes. No es cuestión de preguntarse qué es más justo, circular por la derecha o por la izquierda, aquí se trata de una cuestión practica.

En el caso de la “condena legal” (según su religion) el Estado iraní ejecutaría a Salmán Rushdie, pero su validez termina donde acaban sus fronteras y no tienen validez internacional. Son como en la época de la Inquisición católica de validez religiosa, pero no política ni ética más allá de los creyentes.

Contra la justicia humana universal es el caso de Rushdie como lo son también, desde distintos grados de gravedad, la muerte de la periodista palestina de la emisora Al Jaazera, ametrallada por la policía israelí, como lo es el caso del periodista español del periódico digital Público, detenido por el gobierno polaco ultracatólico por supuesto ''espionaje'', cuando su delito es tener también nacionalidad rusa. Asimismo injusta es la exorbitante condena de la autoridad rusa contra la jugadora americana de baloncesto Birrney Griner que llevaba marihuana al entrar en Rusia.

Asimismo es una injusticia contra la libertad de detención y extradición del periodista Assange a Estados Unidos por ''espionaje''.

Contra la libertad de creación literaria y la libertad religiosa

La blasfemia era castigada por las leyes europeas cristianizadas cuando alguien pronunciaba palabras soeces contra la Religión y en especial contra el santo nombre de Dios. No bastaba esperar a la condena divina al fuego eterno, sino que los tribunales inquisitoriales adelantaban tales fuegos con hogueras públicas. Con la Revolución Francesa y luego con la Ilustración se fueron eliminando tales brutales leyes. 

Pero no así en el Irán del Ayatola Jomeini que restauró en pleno siglo XX la pena de Muerte contra lo que estimaba blasfemia, así como otros delitos condenados también con pena de muerte.

El contenido de la novela ''satánica''

Un avión secuestrado por terroristas estalla a gran altura sobre el Canal de la Mancha. La reseña de Los Versos Satánicos de Salman Rushdie tiene como protagonistas a dos personajes hindús: Gibreel Farishta, supuesto actor más famoso de Bollywood, y Saladin Chamcha, el Hombre de las Mil Voces por su capacidad para el doblaje y cambio de voces y amante de la cultura británica por encima de todo.

Los dos supervivientes han caido al mar y consiguen llegar a una playa inglesa. Pero sufren extraños cambios: uno ha adquirido una aureola y el otro ve con horror cómo crece el vello de sus piernas, los pies se le convierten en pezuñas y las sienes le abultan... 

Durante la caída, Gibreel sufre alucinaciones que le conectan en tiempo y espacio con otros mundos, escenarios y personajes, en concreto, la antigua ciudad de La Meca (llamada aquí Jahilia), una zona al norte de la India que inicia una peregrinación conducida por una creyente llamada Ayesha, o el exilio de un jefe árabe en Londres.

 Tras caer sobre las frías costas de Reino Unido, ambos personajes se separan, revolviendose en un Londres convulso en el que Chamcha, el segundo en discordia, se oculta en un café indio cuando comienzan a brotarle cuernos de la cabeza tomando la apariencia del propio Satanás.

Ambos personajes se encuentran, se pierden y se enfrentan en un Londres confundido y mestizado, en el que Gibreel y Saladin juegan los papeles del duelo entre el Bien y el Mal: el Angel y el Demonio Satanas. El maniqueismo vuelve al mundo. 

El tono irónico que Rushdie utiliza en la novela hace poca metafísica y obliga a reir. Los versos satánicos es algo distinto de lo que sería un libro sobre la religión, sen él aparecen otros temas, como la globalización, la pérdida de identidad, el amor, la identidad cultural y el recuerdo recuperado de otros tiempos en el que muchas de las antiguas colonias de Inglaterra (en este caso, la India) aún continúan buscándose a si mismas.

Un aspecto miuy polémico de Los versos satánicos radica en las visiones que tiene el personaje de Gibreel, alias arcángel Gabriel y presente en el Corán que supone su visión de Jahilia (nombre que suplanta al de La Meca). En tal visión se deja entrever que el nacimiento del Corán y la toma del poder del profeta Mahoma se deben más a una simple cuestión de tráfico de influencias y no a intervención divina. Así Mahoma habría convertido Jahilia en un patio de recreo en el que no se comía cerdo y las mujeres no eran santas.

La segunda visión, la del Imán oculto en Londres, resulta una directa alusión a la figura del ayatolá Ruhollah Musaví Jomeini, fundador de la Unión Islámica de Irán y sucesor y legítimo representante del profeta a finales de los 70.

Y fue Jomeini este autodenominado representante del verdadero Islám quien, tras la publicación del libro de Salman Rusdie en 1988, emitirá una fetwua (u órden legal según el gobierno religioso iraní) en la que se pedía la vida de Rushdie. Si el escritor se mantuvo con vida ocultándose durante varios años, otros como Hitoshi Igarashi en 1991, traductor japonés del libro, fueron asesinados.

Lo peor de todo ha sido que, aunque Rushdie escribiera mas tarde un libro con respeto y convertido al Islam, la fetwua continuó vigente según las autoridades de Irán y según algunos fanáticos. El precio de su creatividad literaria, blasfema según los chiitas, ha sido la persecución y finalmente el atentado. La religión en Irán tuvo periodos que varían a lo largo de su historia. Se pueden distinguir tres partes: la primera, la era de las religiones de la antigüedad como el mazdeismo y posteriormente el período islámico sunnita luego de la conquista árabe, pasando a la religión mayoritaria chiita en 1501. En el presente, Irán es un estado teocrático y donde la religión oficial es el islam chíi.

Independientemente de los aspectos religiosos, el libro muestra una gran imaginación, no sólo en sus metáforas y estilo, sino también en historias como las de Rosa Diamond, una anglo-argentina que recoge a los protagonistas caídos del avión, o la peregrinación encabezada por Ayesha, una niña cubierta de mariposas que se proponía abrir las aguas del Mar de Arabia como un nuevo Moisés contemporáneo.

Todo nos recuerda al realismo mágico de Gabriel García Márquez y nada es más retrograde que el regreso a las épocas oscuras del fanatismo y la intolerancia religiosa. 

Ruhollah Musaví Jomeini, fue el Imán de Irán que promovió la caza de Rushdie tras la publicación de Los versos satánicos. Murió hace tiempo pero ahora un joven imbécil y fanático ha intentado asesinar a un gran escritor.

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