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Reducción de concejales, ¿elecciones locales antes de Navidad? por Octavio Hernández*

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Me arriesgo a afirmar que, si no puede tener efecto retroactivo sobre los resultados de 2011, ya que los concejales han sido elegidos por sufragio directo y han tomado posesión de sus actas y sería totalmente contra derecho, inconcebible, desposeerlos por efecto de una mayoría absoluta en el Congreso, y puesto que no se va a esperar a 2015 porque el plan de recorte es a uña de caballo y tiene que surtir efectos ya mismo, solamente queda una conclusión lógica: el PP, de acuerdo con el PSOE, va a forzar el adelanto de las elecciones locales en octubre o noviembre de 2012. Pero esto el Gobierno no lo puede anunciar, porque ambos partidos han pactado turnarse en el poder para llevar a cabo el ajuste duro, sí o sí, y lo único que pueden hacer es guardar el secreto para pillar a Izquierda Unida, CiU, PNV, CC, UPyD, Amaiur, etc. desprevenidos y con el pie cambiado. Así que imagino que lo van a mantener in albis durante el verano y el asunto se sustanciará a principios de octubre, una vez aprobada la reforma de la Ley Electoral.

Si esta hoja de ruta fuera correcta, me parece que estamos ante la decisión de mayor calado político y administrativo de todo el paquete, lo cual no casa con esos titulares de estos días que destacan cuestiones menores como el recorte de la paga extra a los funcionarios, una auténtica chorrada al lado de lo que estamos hablando. Porque estamos hablando de cambiar el mapa de los gobiernos locales en un contexto de fuerte desgaste de la credibilidad del PP. Estamos hablando de convocar unas elecciones con una ola azul rota contra Lejanos Acantilados y unas gaviotas que han perdido su Juan Salvador, con una Izquierda Unida en escalada de intención de voto al 14 por ciento, y un PSOE atascado en torno al 22 por ciento por una crisis de liderazgo con sordina y una ristra de problemas internos que tienen su mejor exponente, para no ir más lejos, en Canarias y, en particular, en Tenerife.

Hablamos de millones de ciudadanos que cambian de canal o quitan el sonido cada vez que sale Cospedal a hacernos todavía más antipático el cinismo inmaculado e insoportablemente pretencioso del papanatismo sobrado de nuevo rico pepero, que desagua por la televisión en el charco del empobrecimiento masivo, mezclando la autocomplacencia con la indignación, la indiferencia al sufrimiento con la cruda sensación de injusticia.

Pienso, en fin, que si no hay elecciones locales este año, la situación política española estará abocada a un escenario a la griega en 2013 o 2014, con una Izquierda Unida que, como Syriza, no puede ganar pero sí puede poner difícil el pacto del Pardo del PP con un PSOE en horas bajas y, lo más importante, el futuro de los ajustes acordados en el Consejo Europeo. En fin, sería lógico pensar que los cambios involucionarios en la realidad municipal, el despido de cientos de miles de empleados públicos laborales entre 2012 y 2015, la concentración administrativa de competencias, con reducción de plantillas no subrogables, en un contexto abrumadoramente deficitario de cabildos y diputaciones y de fracaso absoluto de los entes locales comarcales, el recorte de las ayudas estatales complementarias con las autonómicas destinadas a sostener servicios municipales, es decir, la gestión de un programa de excepción económica, requiere una nueva legitimación de las urnas, unos gobiernos municipales más compactos y estables, votados por ciudadanos que saben qué les toca hacer.

Es cierto que la medida en sí apenas supondrá bajar un tramo desde el actual fijado en el artículo 179.1, de manera que, por ejemplo, un ayuntamiento pleno de 21 ediles pasaría de nuevo a 17, uno de 17 a 13 o uno de 13 a 11. Implica que las fuerzas políticas minoritarias en la circunscripción, que han sido decisivas para la conformación de algunas mayorías, ya no entrarían en juego, pues perderían sus concejales de oro. Izquierda Unida tiene muchos de estos concejales solitarios, que ahora lo tendrían más difícil. Aunque algunos gobiernos cambiarían de color, el resultado general beneficiará de forma ostensible al PP y al PSOE y debilitará a las minorías de izquierda más reacias a admitir los trremendos costes sociales del plan de ajuste. A calentar motores, muchachos.

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