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Señores políticos, súbanse a la grúa

¿Por qué caen los partidos de izquierda una y otra vez? Después de cuarenta y pico años de democracia parlamentaria en España lo podemos decir alto y claro: caen por el desencanto que generan sus políticas, por su insuficiencia, por su inanidad, por su imperdonable parecido con sus pares de la derecha. En román paladino: la gente no le vota a la izquierda para que, en aras de una dudosa respetabilidad, se parezca a la derecha. Tampoco lo hace porque la izquierda sea “más enrollada” que la derecha en un plano meramente simbólico. No basta con decir “la derecha es facha, nosotros somos guay, somos más hippies que ellos, más tolerantes, más cultos y sensibles, tenemos una mejor relación histórica con los Derechos Humanos".

Todas estas medias verdades caen en saco roto cuando la izquierda de rosáceos dedos gobierna. Ahí se acaban las excusas y empiezan los malabarismos dialécticos y el ponerse de perfil cuando toca enfrentarse de verdad a los poderes económicos, que fue para lo que realmente fueron elegidos nuestros inefables representantes de izquierda. Hoy, con los hechos de la Tejita, tienen una nueva oportunidad para marcar la diferencia. Sin embargo, ¿por qué será que ya no nos fiamos?

¿Será porque los vemos demasiado implicados en turbios manejos económicos desde hace demasiado tiempo? ¿Será porque, con su reciente negativa a investigar al emérito ni a Felipe González, a pesar de las evidencias que los salpican en acciones criminales con diversos grados de sanguinolencia, nos demuestran por enésima vez que están ahí para blanquear los abusos del poder y no para enfrentarse a ellos? Hace unos días contemplaba en las redes un vídeo de nueve minutos elaborado por el grupo de los Socialistas y Demócratas del Parlamento Europeo. En él hacían gala de su identidad progre fuera de toda duda: tanto podían mostrarse sensibles por los problemas del medio ambiente como recordar su participación a pico y pala en la caída del Muro de Berlín. Se evocaba por enésima vez a Franklin Delano Roosevelt y sus salvíficas recetas keynesianas.

Sin embargo, cuando tocaba señalar los problemas reales y las acciones a emprender, todo quedaba diluido en una tibia natilla de buenas intenciones que hablaban de un mundo maravilloso de oportunidades verdes y transiciones ecológicas por venir, sin señalar responsabilidades del actual desastre, ni adversarios, ni obstáculos reales. Lo que pasa siempre con la socialdemocracia: prometemos que cuando gobernemos todo cambiará pero cuando gobernamos hacemos lo que se puede y nada más.

Sin embargo, lo que se puede es demasiado parecido a lo que se puede cuando gobiernan sus primos de centroderecha, y eso ya lo sabe la ciudadanía. Sin duda, si las cosas no cambian de verdad, en un futuro próximo las bases sociológicas de los partidos de izquierda, mareadas y confundidas, acabarán votando por una extrema derecha que, de momento, sigue ondeando la falsa bandera de la “autenticidad” y la indignación gracias a la manifiesta falsedad y cinismo de unos progres que, de tanto irse a la cama con la patronal, ya ni saben donde tienen los hemisferios ideológicos. Será el antifascismo ciudadano, y no la progresía de los representantes parlamentarios, quien tenga que salir a frenar a las nuevas camisas pardas llegado el momento.

Estos días vemos cómo, a la hora de la verdad, es la sociedad civil la que de nuevo tiene que arremangarse, enfrentándose al riesgo de multas y lesiones para hacer valer la simple y llana legalidad. Las activistas de la Tejita llevan cinco días subidas a la grúa. Si unas administraciones presuntamente de izquierdas  son incapaces de parar y hacer demoler una ilegalidad flagrante como el hotel que el grupo Viqueira viene promoviendo desde hace años, en una zona protegida que debía dar cobijo a una de las últimas playas vírgenes en el sur de Tenerife, el hartazgo de la población isleña será mayúsculo y los representantes políticos socialdemócratas y afines no podrán contar con lo mejor y más concienciado de nuestra sociedad en unos momentos más que propicios para una ultraderecha que viene en cuarto creciente gracias a la crisis económica que tenemos encima. Señoras y señores de la izquierda política, dejen de pasarse la papa unos a otros, no hagan brindis al sol ni gestos para la galería, asuman el compromiso, pongan el cuerpo que para algo se presentaron a unas elecciones y súbanse ustedes también a la grúa.

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