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Otra de agua del chorro

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Así hemos sabido que si el Ayuntamiento luzardino procedió a la recepción de los tales módulos (bonito fuera, después de cómo "trabajó" el concurso que adjudicó construcción), Emalsa se negó a recibirlos, vista la cadena de problemas de que les hablé ayer. Sin embargo, qué quieren, no sólo los ha venido utilizado sino que, según supimos ayer, siguen funcionando con el boro nuestro de cada día.

A las divergencias empresariales se han sumado los políticos, a quienes, como su propio nombre indica, corresponde complicarlo todo. Cada uno de acuerdo con su estilo personal, eso sí. Saavedra, practicando el rastrillado relajante y bobón de un jardín zen; Luzardo, aprovechando la parsimonia del alcalde para arremeter contra la mayoría municipal por no controlar a Emalsa (empresa de mayoría privada, en fin) y pasando de puntillas, como les dije ayer, sobre el concurso forzado para que Isolux construyera los módulos problemáticos.

Por su parte, la Consejería de Sanidad acusó a Emalsa de no comunicarle en tiempo y forma el problema, extremo que la empresa niega. No sé quien mentirá. Pero lo cierto es que la Consejería se ha escabullido al punto de que, según me cuentan los compañeros, no ha habido manera de poner ante un micro a nadie de Sanidad; y los teléfonos de consulta dispuestos para los usuarios preocupados por su salud son de Emalsa, no de la Consejería, a quien corresponde. O correspondía antiguamente.

El caso es que no hay modo de aclararse. Primero se desaconsejó el uso de agua de abasto para beber y cocinar. Nada dijeron de echársela al whisky: al menos no ignoran que eso no lo hace nadie, lo que ya es algo. Hablaron de los efectos en la salud del boro, que viene a ser, por lo visto, como el tabaco, sin aclarar, oye, si puedo utilizar la del chorro en la pipa de agua turca que tengo por ahí.

Dijeron que, de todas maneras, sería necesario beberse ni se sabe cuántas azadas para que te llegue a los humildes, con perdón. Lo que no impidió la alarma del ciudadanaje indignado y ni les digo de la gracia que le hace a las familias en apuros añadir a los efectos de la crisis económica el coste del agua embotellada o engarrafada. A perro flaco todo son pulgas, es fama.

Encima, resulta que el Ayuntamiento, la Consejería de ex Sanidad y Emalsa conocían el problema desde hace meses. Le ha ocurrido al boro lo que a Santiago Nasar: todo el mundo sabía que lo iban a matar pero a nadie se le ocurrió avisarlo.

La cuestión es que no sabemos qué ni a quién creer. Lo único que puedo asegurarles es que una vez, en el Mar Muerto, lamí un pedrusco de sal por curiosidad y aquí me tienen. Imagino que contendría boro por un tubo. Pero la pregunta del millón es si tiene derecho esta gente a jugar de manera tan irresponsable con la tranquilidad ciudadana que le han metido el susto en el cuerpo hasta a los borrachitos que ni la prueban por principio.

¿Es que no hay un organismo sanitario capaz de explicar convincentemente la situación? Lo mismo que Fraga se bañó en su día en la playa de Palomares, para demostrar que no la habían contaminado las bombas nucleares que se le cayeron del llavero a un piloto americano, bien podría Mercedes Roldós, o persona en quien delegue, comenzar a achicarse los 24.000 vasos de agua necesarios para que haga daño la calumniada agua del chorro.

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