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Gran Canaria regula el uso de la bicicleta en los espacios naturales protegidos a través de una red de 300 kilómetros de pistas forestales

Ciclista en Ayagaures, Gran Canaria.

El Cabildo de Gran Canaria presentará en las próximas semanas su primera red oficial de pistas forestales abiertas al uso de la bicicleta de montaña. Este nuevo recurso de uso turístico y deportivo incluye más de 300 kilómetros de vías aptas para el tránsito de ciclistas en el interior de los espacios protegidos de la isla y en sus zonas aledañas. Es una buena noticia. Pero, también, consolida la prohibición del uso de estos vehículos en caminos y senderos con anchos inferiores al metro y medio (en estos espacios protegidos). Y aquí es dónde se produce el conflicto. Los técnicos y la Federación de Montañismo mantienen que la bicicleta debe limitarse a las pistas autorizadas. Pero los aficionados del pedal y las empresas dicen que estas reglas carecen de sentido. A esto se suma una realidad indudable: la isla es uno de los mejores escenarios mundiales para la práctica del ciclismo de montaña. Según cálculos del sector, la bicicleta de montaña en España tiene un potencial económico que supera los 30.000 millones de euros anuales.

“Si te gusta que tu viaje sea largo y épico, (Gran Canaria) tiene mucho que ofrecer y muchos terrenos inexplorados para los aventureros”, asegura la prestigiosa Red Bull. “Lo que encontramos superó con creces nuestras expectativas y realmente podemos recomendar esa isla a todos los que les gusten los terrenos secos y técnicos: es el escondite invernal perfecto”, describe la web Outsideisfree. “Yo no lo quiero ni imaginar; sería un golpe a Gran Canaria como destino deportivo internacional”, declara Himar Sánchez, director de DH Guide Canarias, una agencia local que trae hasta la isla a ciclistas de otras partes del mundo. “El sendero es un camino como lo es una pista aunque sea más pequeño. Y la solución no pasa por la prohibición, sino por la regulación. Prohibirlo sin sentido, sin estudios es algo que no cabe en la cabeza. Hay que educar al ciclista; regular el uso de los caminos; mantenerlos en buenas condiciones e implicar a los ciclistas y las empresas en esta tarea”, añade.

El recorrido de la polémica no es corto, aunque el aumento exponencial del uso de los espacios públicos por senderistas y ciclistas ha ocasionado que los inconvenientes del uso compartido de caminos haya degenerado en “situaciones de conflicto”, tal como reconoce Enrique Morales, vocal del área de senderos de la Federación Canaria de Montañismo. La ley da una de cal y otra de arena. En la actualidad, y mientras se espera la redacción final del nuevo Proyecto de Ley de Biodiversidad de Canarias, el texto legal que regula las actividades en estos espacios de las islas es el Decreto 11/2005 que sirvió para crear la Red Canaria de Senderos. Su artículo 13 punto uno permite “la actividad ecuestre y otras formas de desplazamiento sobre vehículo no motorizado, siempre que se respete la prioridad de tránsito de los que van andando”. Pero el punto dos da a los cabildos la potestad para “establecer restricciones temporales o definitivas a los usos compatibles y a los propios del senderismo, cuando fueren necesarias para la protección de masas forestales con alto riesgo de incendio y los hábitats o especies protegidas o catalogadas como amenazadas”. Y ahí entra en juego la prohibición expresa de circular por los senderos en el interior de los espacios protegidos. El Gobierno de Canarias confirmó a Canarias Ahora que se han presentado varias propuestas y alegaciones al proyecto de ley para garantizar el tránsito de bicicletas por estos senderos.

“La norma es debatible y uno puede estar a favor o en contra. Pero una vez que está aprobada hay que acatarla. Y si nos saltamos esta premisa inicial, lo que está claro es que hay un problema irresoluble”, advierte contundente Pablo Carretero, técnico del servicio de Medio Ambiente del Cabildo grancanario. Pero matiza que la expulsión de la bicicleta de los espacios naturales protegidos es “un bulo”. “Hay que dejar claro que la bicicleta no está prohibida en espacios naturales: está prohibida en los senderos con una anchura menor al metro y medio. Está prohibida en esa combinación concreta de factores. Porque la gran mayoría de los planes y normas de estos espacios definen como uno de los objetivos a conseguir el fomento del deporte en la naturaleza. Pero no en cualquier sitio”. La nueva red de pistas forestales viene a refrendar ese objetivo de fomentar el deporte al aire libre.

Según Carretero, se trata de “una cuestión que se podía haber hecho antes y que se ha abordado ahora porque se ha llegado a una situación insostenible”. Una red que tendrá apoyo en una página web con mapas y archivos en formato klm que podrán ser descargados por los futuros usuarios. “Está lista y estamos esperando el ok para hacerla oficial. Hay que tener claro que una vez se difunda ya no hay vuelta de hoja. Es el Cabildo, como competente, el que crea y divulga esta red y no se pueden hacer chapuzas”. Desde la Federación Canaria de Montañismo coinciden en que la solución llega a destiempo. Pero reconocen que la actual administración ha sido la primera que ha abordado el problema “sentando en la misma mesa a las tres patas del asunto”, relata Enrique Morales. En opinión del vocal del área de senderos de esta federación, “hay un problema de trasfondo y es que aún no hay un mapa claro y una información oficial contrastable de los lugares por dónde está permitido el uso de la bicicleta”. La red de pistas es, a su juicio, un buen comienzo para avanzar hacia el uso compartido de espacios. “No se trata de denostar a la bicicleta. Primero hay que definir en qué espacios la bicicleta se puede usar y después que senderos pueden tener un uso compartido. En la isla de Gran Canaria hemos mantenido contactos en muy buena onda con el Cabildo y la Federación Insular de Ciclismo. Hemos mantenido una conservación a tres para resolver este tema y sé que en la isla está a punto de verse ese documento en el que se define de una vez por todas por donde se puede ir y por dónde no”, destaca Enrique Morales.

¿Es suficiente esta red de pistas públicas? La alegría va por barrios. “Es como prohibirle a los senderistas que vayan por los propios senderos y obligarlos a ir por las carreteras o las pistas. No entendemos la prohibición”, discrepa Ezequiel Morales, vicepresidente de la Federación Insular de Ciclismo. “Están diciendo que la bicicleta es un vehículo respetuoso con el medio ambiente y la están sacando del campo”, adenda Himar Sánchez. “Nos están echando del monte”, denuncia Víctor Tarodo, presidente de la International Mountain Bike Association en España (IMBA). “Es un tema que sucede en España porque en todas partes del mundo lo que se hace es integrar al ciclismo como una palanca de futuro. Es una fuente de ingresos turísticos, de creación de riqueza y de puestos de trabajo. En España, sin embargo, es al revés”. Tarodo recuerda que “el monte es público y es para todos” pero que hay “gente de mucha edad que tiene el concepto de ir al monte a pasear y les molesta que otros vayan a perturbar su paz”, ironiza.

El impacto de la bicicleta en el medio ambiente

Uno de los argumentos centrales que se esgrime para sacar a la bicicleta de los senderos es su impacto en el medio ambiente. Un hilo de twitter de la Asociación Fénix publicado hace algunas semanas ponía de manifiesto la existencia del conflicto: “Atendiendo al principio de solidaridad, debemos tener una mayor amplitud de miras. La conservación de los ecosistemas naturales y su equilibrio es algo complejo y la seguridad de los usuarios del sendero debe primar por encima del uso recreativo”, se publicaba en la red del ‘pajarito’. “Nosotros con esa publicación lo que queríamos decir es que la bicicleta es un medio muy bueno para acercarse al medio natural y poner de manifiesto que es necesario poner en valor las pistas que, en Gran Canaria, suman casi 500 kilómetros. La bici por las pistas es muy buena y no hace ningún daño”, explica Roberto Castro, ingeniero forestal e integrante de Fénix.

El grado de impacto de la bicicleta en los espacios naturales es un asunto polémico. Castro admite que “la bicicleta no destroza los senderos” aunque asegura el tránsito de ciclista “es obvio que acelera la antropización del espacio”. El ingeniero de montes comenta que “cuando abres una vía ya estás rompiendo la dinámica del ecosistema y si tienes un grupo de ciclistas que practican la modalidad de descenso pues tienes ruidos que en épocas de nidificación, por ejemplo, pueden estresar a los pájaros”. Según el integrante de Fénix, la afección en el medio natural “puede ser múltiple”. Un ejemplo es la reincidencia de frenados y derrapes en lugares determinados. “Pasa una bici, y otra, y otra. Y todas derrapan en el mismo sitio creando una pequeña cárcava que si no llueve se queda como está. Pero si llueve empieza a canalizar el agua. Y si no se corrige se hace más profunda, lleva más agua y con mayor velocidad. Y al final eso acelera la erosión”.

Desde Medio Ambiente matizan que hablar de este impacto es “polémico”. “Este es un punto súper conflictivo y de difícil respuesta; o por lo menos no simple”, expone Carretero. “Lo cierto es que uno puede encontrar estudios de este tipo y otros que dicen que no está demostrado que la bicicleta destroce per se este tipo de escenarios más que el propio senderismo. Lo que está claro es que la bicicleta en la modalidad de descenso con las frenadas y los derrapes genera un efecto erosivo superior al que puede generar un senderista”, dice. El mismo argumento dan desde la Federación Canaria de Montañismo: “La realidad es que Canarias tiene ecosistemas muy frágiles y la bicicleta es una herramienta maravillosa pero que deteriora el firme por donde va”, coincide Enrique Morales.

Del otro lado se aduce que este impacto es un mito. “Eso es totalmente falso: es otro invento”, advierte Víctor Tarodo. El presidente de IMBA recuerda que “una bicicleta no va campo a través, porque es incomodísimo sino que va por caminos y senderos”. En este sentido, añade, “estos senderos están tan impactados como la autopista de Burgos o la del Mediterráneo. Son zonas impactadas al 100% y, que sepamos, no hay posibilidad de impactar sobre un espacio al 110 ó 120 por ciento. Mientras las bicicletas circulan por caminos y senderos no hay impacto”. Los ciclistas canarios coinciden. “A día de hoy no hay informes actualizados que digan y corroboren que una bicicleta destroza los caminos. Y se puede explicar con un ejemplo concreto: cuando se hace una carretera o una autopista, si no se le hace el mantenimiento adecuado termina destrozada. Con los senderos de montaña pasa lo mismo”, indica Ezequiel Morales. Himar Sánchez va un poco más allá: “Si a mí me señalan con el dedo y me dicen que los ciclistas estamos rompiendo los caminos yo, como aficionado y profesional de la bicicleta, puedo pedir que me digan qué es lo que rompo y cómo lo rompo. Y yo voy y lo arreglo. Si se circula con sentido común y se respetan las reglas se puede compatibilizar el uso de bicicleta y los senderos”.

Homologación y caminos de uso compartido: una posible solución

Desde la Federación Insular de Ciclismo se aportan posibles soluciones para resolver este asunto. La de máximos apunta a la homologación de los senderos para su uso compartido y alude al manual de la Federación Española como eje para acondicionar, señalizar y concienciar a los usuarios (ciclistas y senderistas). Y en un escenario de mínimos solicitan, al menos, el uso compartido de tres caminos: El Paso de La Plata (como eje de conexión centro-sur); el de Fontanales (centro-medianías) y el Camino de Los Romeros (Tamadaba-Agaete). “Es necesario que la isla se adapte a los tiempos que corren. La bicicleta va día por día cada vez a más: y no sólo a nivel deportivo. Simplemente hay que modificar ese decreto ley de la red canaria de senderos para incluir a los ciclistas. Y en un segundo paso hay que homologar y mantener esos senderos”, alega el vicepresidente federativo. Himar Sánchez apunta más alto y pone como ejemplos lugares como Italia dónde se han habilitado caminos exclusivos para la bicicleta y se han abierto rutas técnicas que se recorren con la asistencia de guías locales. Esto, a su juicio, sería una magnífica oportunidad para generar economía y colaborar de manera efectiva en el mantenimiento de los caminos. “En Australia, Italia o Madeira, que se ha convertido en un destino internacional de bicicleta de montaña, hay interés y se mantienen los caminos para que pasen los ciclistas”, finaliza.

Para el presidente del IMBA, de nada sirve la inversión en infraestructuras si no se acompaña con una campaña de educación respecto a la utilidad y las oportunidades que brinda la bicicleta. “Hay que hacer un trabajo de educación en los dos sentidos: también para los ciclistas. Y por eso queremos llevar la bicicleta a los colegios para que los chavales lo aprendan desde pequeños: a no salirse de los caminos, a respetar la naturaleza y a los diferentes colectivos”, señala Víctor Tarodo. Pero advierte que es un proceso lento.  “Quizás sea más rápido que vayan desapareciendo algunas estructuras y mentalidades obtusas que no entienden que se pueden hacer las dos cosas; que son compatibles y que se pueden buscar soluciones como restricciones temporales; caminos exclusivos para uno u otro uso… Se pueden buscar soluciones. Pero para eso hay que trabajar”, sentencia el residente del IMBA.

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