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Los artículos periodísticos de un joven Galdós en ‘El Debate’, recogidos en un libro

Cubierta del libro 'Artículos de Galdós en El Debate'.

Canarias Ahora

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El Departamento de Ediciones de la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria presenta en la Casa-Museo Pérez Galdós este miércoles, 29 de noviembre, a las 19:00 horas, un nuevo volumen de su Biblioteca Galdosiana, Artículos de Benito Pérez Galdós en El Debate, en el que la filóloga María Isabel Rovira Martínez de Contrasta recoge por primera vez los escritos de juventud del célebre novelista canario publicados en el diario El Debate durante los años 1871 y 1872, la mayoría de ellos relacionados con el nuevo Sexenio Democrático, sus ideales, sus prohombres y sus vicisitudes.

El libro será presentado por la propia autora, que estará acompañada por la consejera de Cultura del Cabildo, Guacimara Medina, y la directora de la Casa-Museo Pérez Galdós, María Victoria Galván.

Rovira, que ejerce como filóloga en el Departamento de Filología Hispánica, Teoría de la Literatura y Comunicación de la Universidad de Barcelona, selecciona numerosos artículos elaborados por un entonces joven Benito Pérez Galdós, de tan solo veintiocho años, convertido en un firme e incansable defensor del nuevo régimen, que simbolizaba la promesa incipiente de unas libertades largamente anheladas en España. Su pluma fue empleada con maquinal constancia durante 278 colaboraciones a lo largo del año 1871 (algunas más a lo largo de 1872) tanto para ensalzar con efusión a los héroes de la revolución de La Gloriosa de 1868, como para componer las más agrias invectivas contra sus némesis, como explica la autora del libro. Transcritas directamente del microfilme de la Hemeroteca Municipal de Madrid, no están firmadas por Galdós, salvo contadas excepciones, aunque Rovira advierte que “son suyas no solo por el testimonio del propio autor, sino también por el estilo lingüístico y el contenido que en ellas se glosa, inconfundiblemente del escritor”.

“De hecho, sus artículos en El Debate en ocasiones aparecen idénticos también en la Revista de España, y en otros casos, aunque no son reseñas iguales, las similitudes entre el léxico que usa Galdós o sus opiniones sobre ciertos asuntos son análogas, como por ejemplo la percepción que el cronista tenía de la que calificaba de esperpéntica unión política, y que hicieron republicanos y carlistas para aumentar su representación parlamentaria contra los progresistas”, añade Rovira. Como Galdós, gran parte de la prensa liberal española, entonces íntimamente ligada a ciertas tendencias políticas, tuvo un rol fundamental tanto en los antecedentes de la revolución septembrina, como en su desarrollo y eventual transformación a república.

Como explica la autora del libro, “inspirado en la libertad, la igualdad y el progreso recientemente adquiridos en los que con tan férrea devoción creía tras la caída de la monarquía absolutista de Isabel II, el joven autor se desgañita, línea a línea, en promover el nuevo régimen, a veces con vehementes reproches e invectivas a sus enemigos, que, con nombre y apellido, serán protagonistas de sus crónicas, otras con efusivos ánimos para alentar a sus aliados. A veces entre la desesperanza y la euforia propia de los altibajos del periodo convulso de la conciliación, Galdós vuelca candorosamente toda su genialidad, talento y voluntad al servicio de la conservación de la obra revolucionaria”.

Años más tarde, ya en 1871 y consumada la subversión septembrina, inicia Galdós su participación en El Debate con esa misión apologista, parte de su compromiso con Albareda y Prim y con el propósito de consolidar la estabilidad y el prestigio del nuevo rey, Amadeo I, las instituciones democráticas y a España como un país de progreso y libertad. “Galdós explica a sus lectores una y otra vez que la primerísima intención del país tras la Gloriosa debe ser el afianzamiento de la monarquía parlamentaria y el desaliento a los absolutismos, y por ello pide a toda la población voluntad y compromiso, y en especial, a los políticos que eleven las miras por la nación y dejen las rencillas, los egos y las ambiciones particulares”, añade Rovira.

El nuevo libro de la Biblioteca Galdosiana ofrece la publicación de 70 de las 278 crónicas inéditas que Galdós publicó en ‘El Debate’ durante el año convulso de 1871, que el joven articulista empezó con ilusión y compromiso ante el advenimiento de unas libertades con las que largamente soñó para su país, y en las que, en esencia, pide la unión política por encima de los personalismos, y recuerda la gran responsabilidad que exige la libertad.

“Allí, en El Debate, Galdós dejó, con su sagaz pluma, una magistral defensa de la monarquía parlamentaria y de la consolidación de la nueva constitución, una súplica nunca satisfecha a los políticos para que elevasen las miras por la unión del partido progresista y por el bien de la nación, y una sátira hilarante a aquellos enemigos declarados del nuevo sistema como absolutistas, cimbrios, radicales, monárquicos condicionales, dinásticos legitimistas, montpensieristas, unionistas, republicanos, socialistas, isabelinos y alfonsinos moderados, así como de miembros escindidos del antiguo partido progresista que Galdós creía que lo ponían en peligro, como los radicales liderados por Zorrilla”, sostiene la filóloga.

Para Rovira “la publicación de estos artículos inéditos tempranos en prensa de Galdós es esencial, y es que, después de todo, quizá no es posible, sin analizar por completo el ideario de un escritor, base consustancial e inseparable de su obra y que, necesariamente, impregna toda su producción, valorar, en toda su magnificencia, su producción literaria al completo, apreciar sus matices o entender la visión de mundo que refleja. Y es que, sin conocer el trabajo en prensa en su totalidad del jovencito idealista, vehemente y trabajador enérgico de El Debate que tantas expectativas e ilusiones tuvo puestas en la nueva España, y por la que tanto se desgañitó, quizá no podremos nunca obtener una visión completa de la inmensidad de la figura que mucho más tarde se transformaría, línea a línea, y con su proverbial constancia, en el gran forjador de la novela realista del siglo XIX del país al que con tanta devoción y desinterés quiso, y cuyas vicisitudes, de una forma u otra, siempre fueron obsesión predilecta y materia central y preeminente de su producción artística”, concluye.

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