SERIES
Larry David no es cosa menor

Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad, la nueva serie de Larry David.

Alberto García Martín

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Uno no puede evitar sentir cierta presión interna a la hora de ponerse a escribir un artículo para un periódico. Le gustaría conseguir el tono adecuado, tener una idea sólida que lo sustente y alcanzar un estilo literario un poco sofisticado pero que a la vez sea comprensible prácticamente para cualquiera. A uno le gustaría ser un tranquilo registrador de la propiedad y expresidente del Gobierno que no quiere complicarse la vida y que escribe cosas como “en el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas.” Qué gusto, por dios, qué tranquilidad, escribir con menos capas que las que usaría cualquiera en la barra de un bar. Me gustaría, por tanto, decir que la serie de Larry David que se está estrenando en HBO Max, “es una serie de comedia para hacer reír. Si hace reír, es buena, y si no, no.” Pero no puedo (no debo) decir eso, porque no soy registrador de la propiedad, no he presidido ningún gobierno y creo que los franceses negros son tan franceses como los franceses blancos.

Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad, la nueva serie de Larry David producida por el matrimonio Obama, consigue perpetuar al personaje que hizo famoso su anterior serie, Curb your enthusiasm (ese bocazas políticamente incorrecto que siempre logra hacer el comentario más inoportuno), en nuevos contextos. Ahora lo coloca como personaje histórico de Norteamérica o como un personaje ficticio dentro de un contexto histórico real. Sin dejar de ser aquel Larry David. Cambia todo sin cambiar nada. Un inteligente modo de mantener la esencia de aquella genialidad anterior sin estirar el chicle con más temporadas. En esta nueva serie, el cómico repasa diversos momentos de la historia de Estados Unidos con el personaje de David incluido en ellos, dando por tanto una versión apócrifa y, en ocasiones, descacharrante (tuve que hacer un esfuerzo por leer los subtítulos de la escena de Garganta Profunda hablando con el periodista Bob Woodward en un parking, en relación al caso Watergate, porque las lágrimas de la risa me nublaban la visión).

Algo me dice que éste no es un humor que guste a todo el mundo, no por esnobismo sino por estilo y por anclarse en un personaje que roza la antipatía; pero a mí me fascina. Y me fascina si cabe aún más en esta nueva misión. Porque a mí la revisión de la historia en clave de comedia siempre me ha parecido un ejercicio intelectual que merece la pena acometer, lo practique José Mota o los Monty Python. Lo haga quien lo haga, a mí ya me tienes interesado si lo propones. Un servidor también lo practicó en un ámbito territorial más reducido con la revisión cómica de la Biblia en una versión teatral titulada La otra Biblia, que montamos en escenarios canarios hace ya unos cuantos años con una gratificante respuesta por parte de los espectadores (y espectadoras, maldito genérico, que diría Juan José Millás). Perdón por la nota personal. Y sí, la Biblia no es exactamente Historia en un sentido estricto, pero ya me entienden…

Hay muchas cosas negativas que se pueden decir de Estados Unidos pero también hay algunas positivas que se desprenden de una serie como ésta; por ejemplo, la capacidad de criticar públicamente a los poderosos practicada desde el cine o la televisión (véase el sketch de George Washington en el que David despotrica contra un supuesto futuro presidente amigo de un pedófilo) o la capacidad de reírse de sí mismos (Rosa Montero hablaba hace años en un magnífico artículo sobre la ausencia de sentido del ridículo de los estadounidenses). Recuerdo asimismo una frase demoledora leída en un libro sobre la historia de ese país que lo denominaba como “un país de adolescentes”. No parece el mejor de los epítetos, claro, pero si bien la frase alude a la inmadurez de su sociedad, no es menos cierto que los adolescentes tienen una capacidad de ensoñación que la madurez aún no ha podido arrebatarles.

En esto quizá resida la esencia de la comedia, en ser capaz de tomarse la vida menos en serio precisamente porque sabes que la vida es un asunto muy serio. O, como diría Eme Punto Rajoy, la comedia no es cosa menor, dicho de otra manera, es cosa mayor. Qué gusto, así sí.

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