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‘Que se vayan todos’ y cacerolazo con tonada gallega

CRÓNICA DE LAS PROTESTAS EN BUENOS AIRES

Más de un centenar de personas se concentraron el viernes en la capital argentina, en lo que podría derivar en una acampada duradera.

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Más de un centenar de personas se concentraron desde el mediodía de este viernes ante la Embajada de España en Buenos Aires en apoyo a las protestas simultáneas desarrolladas por centenares de miles de compatriotas al otro lado del océano Atlántico bajo el lema, entre otros muchos, Democracia Real Ya ante las elecciones autonómicas y municipales del domingo.

La #spanishrevolution se extiende. (ARMANDO CAMINO)

La #spanishrevolution se extiende. (ARMANDO CAMINO)

La manifestación, por tiempo todavía indeterminado pues se debate su conversión hasta el domingo en una acampada de protesta hasta el domingo en paralelo a iniciativas similares en toda España, se acordó en asamblea durante la primera acción protagonizada por la numerosa comunidad española en Argentina, celebrada el jueves en plena plaza de Mayo de la capital federal. Más de 150 jóvenes emigrantes españoles, aunque también argentinos con la doble nacionalidad y con mayor edad, se coordinaron a través de Internet para tomar el fundamental escenario de los principales acontecimientos políticos y sociales en la historia del país.

Sobre el pavimento marcado con los pañuelos blancos, símbolo de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo contra la última dictadura argentina (1976-83), y ante la presidencial Casa Rosada, objetivo de los gritos "que se vayan todos" durante el cacerolazo por la reciente crisis económica (2001), los manifestantes hincharon decenas de globos blancos y se agruparon tras una pancarta con el lema Españoles de Buenos Aires presentes en Sol, al tiempo que exhibieron carteles y corearon consignas similares a las frases pronunciadas al otro lado del océano Atlántico. "Una de las causas por las que estoy aquí fue la crisis, porque me despidieron de una multinacional", explica la bilbaína Ziortza Martínez, de 29 años, que decidió afincarse hace ocho meses en la metrópoli porteña tras conocer a su actual pareja durante un viaje para aprovechar el desempleo.

"Me quedo, hasta que no cambien las cosas no puedo volver", lamenta la diplomada vasca en Secretariado Internacional, aunque confía en que los dirigentes escuchen el clamor popular para "cambiar el sistema político radicalmente". Ningún canario, aunque existen dos asociaciones isleñas en la capital federal argentina, acudió hasta el momento a las concentraciones porteñas.

Presencia gallega

Más importante que la comunidad canaria en Argentina, con 291.063 personas en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), se alza el colectivo de emigrantes gallegos y, de hecho, el gentilicio de la autonomía del noroeste peninsular es sinónimo de español en el país. Precisamente, Juan José Fernández, nacido en A Coruña en 1951 y expatriado desde sus primeros meses de vida, aprovechó su presencia en la manifestación frente a la Embajada para, aparte de mostrar su "emoción por la maravillosa juventud española que ha explotado contra los poderes políticos y económicos", criticar la exclusión de los emigrantes de los comicios municipales mediante la reciente reforma de la ley electoral.

Tras asar unos chorizos a la parrilla con la complicidad de unos trabajadores en una obra cercana y lograr conexión a Internet a través de la vinculación entre un teléfono móvil y un ordenador portátil para acceder a las redes sociales, los manifestantes se organizan en comisiones (comunicación, acción y reflexión) entre carteles colgados de árboles y mobiliario urbano ante la vigilancia de tres furgones y dos coches policiales, y la esporádica presencia de personal de la delegación diplomática. "Arrastraron a mi hermano la primera noche en Sol y allí sigue, acampado", cuenta la socióloga Laura Bejarano, de 28 años y 4 de residencia en Argentina. "Me vine a estudiar y me quedé a trabajar, porque me ofrecieron un puesto acá y allá iba a tener que repartir pizzas", zanja la madrileña mientras un joven porteño se suma a la protesta entre aplausos y recuerdos a la crisis económica del país a finales de 2001. "También la pasamos mal con la globalización y queremos cambiar el sistema".

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