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Moisés Morera: “La Palma es una isla pequeña, pero debemos pensar en grande”

El diplomático Moisés Morera en el desempeño de sus funciones.

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Desde agosto de 2021 el diplomático palmero Moisés Morera, el único de la Isla perteneciente al Cuerpo Diplomático Español, está destinado en la embajada de España ante Italia. “En ella siempre hay un diplomático que se ocupa de la representación ante las agencias de la ONU con sede en Roma, la FAO (Agencia para la Alimentación y Agricultura), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola)”, ha explicado en una entrevista con este periódico. “Como se podrá imaginar, tras el comienzo de la guerra en Ucrania y sus efectos en la producción mundial de alimentos y fertilizantes, estas organizaciones han adquirido un mayor protagonismo. La situación humanitaria global es alarmante y nos esperan dos años muy complicados. Desde estas agencias se intenta amortiguar el impacto. Piense que el PMA dio de comer diariamente en 2021 a 128 millones de personas y su objetivo este año es llegar a 160 millones”, subraya. Sobre la situación de La Palma tras la erupción, asegura que “solos no podremos salir de esta situación. Necesitamos ayuda para solucionar los problemas vitales de los afectados y luego, replantear la zona dañada y el futuro de la isla”.

¿Qué perspectivas ve de la guerra en Ucrania? 

Yo estoy centrado en su impacto humanitario y en los sistemas alimentarios y lo que vemos es muy preocupante. Ucrania y Rusia producían el 80% del aceite de girasol, el 20% del maíz y el 30% del trigo del mundo. Los efectos de la guerra se sienten en todo el mundo. Por ejemplo, El Salvador importa casi el 80% de sus insumos alimentarios y ha visto cómo, además de escasez, se ha producido un incremento de los precios de los alimentos sin precedentes. El precio del gas en Europa ha forzado la paralización de la gran mayoría de la industria europea de fertilizantes, lo cual ha incrementado más aún su escasez y altos precios. Es una situación muy compleja que nos afecta a todos.

¿Cuándo fue su última visita a La Palma?

Este último año estoy yendo con más frecuencia dada la cercanía. Estuve hace unas semanas por temas familiares y mi objetivo es poder ir, al menos, cada dos meses.

¿Cómo ve La Palma tras la erupción?

La veo con ojos de preocupación y esperanza. Hemos tenido muy mala suerte con el volcán pues nos ha hecho retroceder varias décadas. Nuestra situación antes de la pandemia no era buena, pero ahora debemos aprovechar al máximo nuestro potencial para reactivarnos. Está todo inventado, debemos copiar lo que funciona en otros territorios y aplicarlo a nuestro modelo económico, que tiene dos patas fundamentales, el turismo y la agricultura, y una tercera con enormes posibilidades, la ciencia e innovación, ligada al observatorio astrofísico. Esos tres vectores tienen muchísimo margen para crecer, especialmente ahora que faltan 4.000 camas, hemos perdido el 38% de la producción de plátanos y cruzamos los dedos para que se instale en el Roque el Telescopio de Treinta Metros, lo que sería la mayor inversión científica de la historia de España. Sé que no es fácil, pero a pesar de ser una isla pequeña, debemos pensar en grande ante los retos que tenemos por delante.

¿Qué imagen se está proyectando al exterior?

En un primer momento recibimos la solidaridad de todo el mundo. Enseguida se entendió que era un volcán destructivo y no romántico como el Teneguía y se volcaron con nosotros. 14 meses después hemos perdido protagonismo pues hay muchos frentes abiertos a nivel regional, nacional e internacional, pero la labor de los responsables políticos y de las administraciones nos ha permitido proyectar una imagen de mucha unidad y de que necesitamos ayuda. Solos no podremos salir de esta situación. Necesitamos ayuda para solucionar los problemas vitales de los afectados y luego, replantear la zona dañada y el futuro de la isla. Para ello, debemos pedir que nos den la caña y no el pescado, es decir, que nos reconstruyan las infraestructuras fundamentales, viviendas y carreteras, se nos dote de las infraestructuras culturales, educativas, socio sanitarias y turísticas necesarias, se desbloqueen algunos expedientes, como la Fuente Santa, se facilite al sector privado apostar por el turismo de calidad con hoteles de 5 estrellas y campos de golf con máximo respeto al medioambiente y con eso, y una agricultura competitiva, deberíamos ser capaces de salir adelante con nuestro propio esfuerzo y trabajo.

¿Cree que falta ‘diplomacia’ en el proceso de recuperación de esta catástrofe natural?

Hemos chocado contra un muro y nos hemos parado en seco. A nadie le ha caído bien este volcán. Yo entiendo el nerviosismo o las reacciones de algunos representantes políticos en algún momento, pues nadie entró en política para administrar una crisis de este tamaño. La lealtad con la isla no está reñida con el nerviosismo o los errores de gestión. Todos cometemos errores. Dicho esto, creo que los políticos palmeros, en general, han estado a la altura y están dando lo mejor de sí para hacer frente a esta tragedia. Tengo amigos en todos los partidos políticos y en ellos veo frustración ante tanta destrucción y, al mismo tiempo, mucha voluntad y determinación para sacar a la isla adelante. 

¿Considera el volcán una oportunidad?

El volcán es una pesadilla que nos acompañará durante mucho tiempo, obviamente a los afectados, pero también a la isla como marca y destino y a todos los que estamos vinculados con ella. Pero tenemos que darle la vuelta a esta situación remando todos en la misma dirección, sector público, privado, la cultura, los científicos, el asociacionismo, los palmeros que estamos fuera, todos los colectivos. Somos pocos, somos una isla pequeña -bien amparada, muy bonita y protegida- pero, al fin y al cabo, una isla poco poblada, de rentas bajas, con una población que está envejeciendo muy rápidamente y alejada del continente.

El mundo es hoy un lugar mucho más competitivo que antes. Por ejemplo, a nivel turístico hay mucha rivalidad pues hay muchos lugares preciosos, como Italia, el país en el que vivo ahora. Por eso, tenemos que diferenciarnos, apostar por el turismo de calidad, de excelencia, un modelo turístico que aumente el gasto por visitante y no se centre en la cantidad de turistas, para que el impacto medioambiental sea menor. Tenemos que cuidar nuestra gallina de los huevos de oro que es el territorio. Pero, como digo, hay aún mucho margen para crecer y eso es positivo.

Las oportunidades vendrán si tenemos cabeza y unidad en la reconstrucción, si aprovechamos los recursos para sentar las bases de esta nueva etapa, evitando los errores del pasado en materia turística y agrícola y, sobre todo, si miramos por el interés general.

El presidente del Cabildo, Mariano Zapata, le otorgó una mención. Ha demostrado siempre mucha cercanía con La Palma.

Fue un bonito detalle por su parte, que le agradezco. Siempre he estado muy unido a La Palma y presumo de ser palmero, pero no sé si es porque he vivido ya en 11 o 12 países, amén de muchos viajes, o porque estoy en otra fase de mi vida, pero cada vez me siento más apegado, más preocupado y cercano a su evolución social y con más ganas de pasar tiempo en ella.

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