Aburren a las ovejas
Por su parte, el portavoz de CC en el Parlamento canario, el ineféibol José Miguel Barragán, anuncia que su grupo afrontará el próximo periodo de sesiones, tanto en las islas como en Madrid, con predisposición al diálogo y sin ánimo crispador. Entre sus propósitos no crispantes figura solicitar la comparecencia del Gobierno para que explique la ejecución de los presupuestos a fin de que “podamos trincar al PSC”, que no hace, a juicio del conciliador Barragán, sino decir mentiras, tralará, tipo tirarle piedras al manzano del que cayeron avellanas con lo que vino el dueño del peral a decirles muchachos no tiren piedras, muchachos no tiren piedras, que no es mío el melonar, tralará. No recuerdo bien la letra, pero lo primero que se me vino a la cabeza fue una lata de ensalada de frutas de la que no voy a contar los trozos de pera o de manzana para comprobar si son son más o menos los de naranja, plátano, banana, piña, uva, maracuyá, melocotón y qué sé yo. Seguro que Barragán apreciará mi consejo gastronómico amaurado de que mezcle todo con una bola de helado y riegue todo con oporto.
Me pongo a leer los periódicos y tengo la sensación de haber visto ya cien veces la misma esta película. La gente normal, cuando llega la Navidad, anuncia que a partir del 1 de enero dejará de fumar, se pondrá a régimen y demás; los políticos, no. Ellos adelantan a estas fechas, de sesos sobrederretidos, los buenos propósitos que olvidarán durante las vacaciones para seguir fumando y sin ponerse a régimen en el curso político siguiente. En cuanto a los sindicatos, tengo perdida la cuenta de las veces que se han propuesto o han clamado por esa unidad de acción que ahora proponen con igual buena intención. Están tan desdibujados, los sindicatos, que ni se les conoce, así que entiendo el despiste de Esperanza Aguirre al tildar a Zapatero de sindicalista retrógrado y piquetero, lo que debe ser algo tan feo que el PP ya le echó a los psocialistas la pata alante en querencia de voto.
Los empresarios, en fin, tampoco se salen de su papel. Aprovechan la necesidad, cierta, de una reforma laboral para sacar ventaja. O sea, pagar lo menos posible y que les dejen las manos libres para hacerle sentir a los asalariados su triste condición. Todavía hay clases y Gibraltar es español. Por ahí andan.
Nada nuevo, pues, bajo el sol de modo que nos podemos ir tranquilamente de vacaciones. A la vuelta encontraremos el circo como lo dejamos. Aburren a las ovejas.
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