Cuando Canarias casi fue el centro del progreso científico: 90 años de la suspensión del Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias
El golpe de Estado de julio de 1936 trajo consigo un reguero de consecuencias trágicas, pero quizás una de las huellas más profundas fue el tremendo retroceso cultural y científico que generó. La dictadura borró de un plumazo décadas de trabajo, sacando a buena parte de las mentes más valiosas de las aulas universitarias, escuelas e institutos, dejando un reguero de personas de ciencias e intelectuales señalados, depurados, asesinados o exiliados.
Este mes de septiembre que ya acaba se habrían cumplido noventa años de uno de los hitos científicos previstos de mayor trascendencia para el Archipiélago: la celebración del XV Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, cuya inauguración estaba fijada para el 14 de septiembre de 1936 en la Universidad de La Laguna. No era un paso pequeño, por primera vez esta actividad salía de un territorio continental.
Al final, aquel mes no fue de ciencia ni de progreso. Las tradicionales fiestas del Cristo se convirtieron en un escenario más de exaltación patriótica e imposición del nuevo orden. En lugar de la esperada llegada de investigadoras y científicos dispuestos a debatir sobre el avance del conocimiento, cientos de jóvenes canarios fueron embarcados en el vapor Dómine, convertidos en carne de cañón para aquellos patrioteros de misa diaria a los que no les disgustaba matar y hacer desaparecer “rojos”. En vez de figuras de la talla de Blas Cabrera Felipe, una de las voces más avanzadas de la física del siglo XX, lo que desembarcó en la isla justo antes del 14 de septiembre fue el comandante general Ángel Dolla, quien se convertiría en uno de los más crueles y vengativos verdugos de los primeros años de la dictadura en las Islas.
La pérdida de la ‘Edad de Plata’, que no llegó a desembarcar
Las páginas de la hemeroteca histórica permiten reconstruir el entusiasmo con el que las instituciones y la intelectualidad insular prepararon esta cita. El congreso, germinado al calor del espíritu regeneracionista, tras el trauma que en ciertas élites generó la guerra de 1898, buscó situar la investigación y la educación en el centro del Estado moderno, representaba el culmen de la llamada Edad de Plata de la ciencia española.
La Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (AEPC) fue fundada en 1908 tras los pasos de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) y bajo la impronta de personalidades como Santiago Ramón y Cajal, Ignacio Bolívar u Odón de Buen. Desde ese momento y hasta 1935 habían llevado a cabo catorce congresos donde se daban noticias de los últimos descubrimientos y novedades del mundo académico.
Desde finales de 1935, el tejido institucional en Tenerife se volcó en la organización. Como recogía La Prensa el 15 de diciembre de ese año, el Cabildo Insular solicitaba el respaldo oficial de las corporaciones municipales. Meses después, ya con la victoria del Frente Popular, la Gaceta de Tenerife informaba de las reuniones de la Comisión Permanente del Comité Organizador en la sede del Cabildo. Presidida por el señor José Arozena y con la asistencia del rector de la Universidad de La Laguna, Jesús Maynar, el alcalde lagunero, Alonso Suárez Melián, y el director del Instituto de Canarias, Agustín Cabrera Díaz, la junta perfiló las secciones de trabajo. Nombres ilustres como Anatael Cabrera Díaz en Ciencias Naturales, José Enrique Marrero Regalado en Arquitectura, Luis Brú Villaseca; por la Sección de Física y Química, Fulgencio Egea Abelenda por la de Filosofía y Elías Serra Ráfols junto a Buenaventura Bonnet Reverón. en Historia, asumían la responsabilidad directiva y de ponencia.
El viaje, publicitado en publicaciones estatales e insulares como Investigación y Progreso o La Libertad, se planteaba como un hito tanto académico como también una oportunidad de conocer espacios de interés turístico y científico. La Compañía Trasatlántica Española había fletado el trasatlántico Habana, un vapor de 15.000 toneladas, donde los congresistas dispondrían de camarote e instalaciones únicas por precios reducidos desde 25 pesetas. El itinerario provisional, firmado en mayo por el presidente de la asociación, el vizconde de Eza (Luis Marichalar), y el secretario general José María Torroja, proyectaba escalas en Santa Cruz de La Palma —con visita a la Caldera de Taburiente y baile en el Casino—, Las Palmas de Gran Canaria y, finalmente, Tenerife.
El programa detallado para la estancia en Tenerife incluía la sesión inaugural en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna, recepciones oficiales, actuaciones del Orfeón “La Paz”, banquetes, conciertos de la Banda Municipal en la Alameda de la Libertad y excursiones al Valle de la Orotava, al Jardín de Aclimatación y la ascensión al Teide y al Observatorio de Izaña.
Pocas semanas antes del golpe, en un artículo publicado por el doctor Ricardo Castelo en La Prensa el 14 de julio de 1936, se destacaba el “esplendente panorama cultural” que la cita brindaba a Tenerife. Se esperaba la llegada del “más granado de la intelectualidad española”: mentes célebres como Leonardo Torres Quevedo, José Gascón y Marín, Cándido Bolívar, Rafael Altamira, José María Rey Pastor, además del propio físico canario Blas Cabrera Felipe.
Las listas del canónigo y la purga universitaria
Todo aquel diseño de progreso se desplomó con las primeras ráfagas de odio en julio de 1936. La ciencia cedió el paso a la delación y a la purga ideológica. El ambiente de efervescencia académica mutó rápidamente en represión sistemática contra los docentes de la propia Universidad de La Laguna que habían impulsado la cita científica.
Los archivos históricos revelan el papel de delatores locales en el desmantelamiento del claustro. El informe emitido por Heraclio Sánchez, profesor auxiliar de la Facultad de Derecho y canónigo magistral, remitió a la Comandancia militar una minuciosa radiografía de las conductas morales y antecedentes políticos del profesorado. Mientras una minoría de docentes era calificada de “intachable”, “propagandista católica” o “inofensiva”, una larga lista de universitarios fue tildada despectivamente de “indeseable”, “sospechosa de izquierdismo”, “anarquista” o “socialista militante”.
El propio canónigo hizo constar con recelo en sus observaciones que, durante el curso anterior, varios catedráticos de la Facultad de Ciencias —entre ellos Juan Sancho y Germán Ancochea— habían promovido en Santa Cruz una “Universidad Popular de carácter socialista”. La represalia militar no se hizo esperar: salvo raras excepciones como la del propio rector Jesús Maynar, la inmensa mayoría de los docentes señalados en ese listado —incluyendo a promotores del congreso como Luis Brú, Agustín Cabrera o Fulgencio Egea— fueron inmediatamente suspendidos de sus cargos, separados temporalmente y represaliados. Algunos esperaron la ocasión para buscar otros rumbos vitales e intelectuales, lejos del señalamiento.
Aquel encuentro de las ciencias nunca llegó a celebrarse en las aulas de La Laguna ni el vapor Habana trajo sabios al Puerto de Santa Cruz. La dictadura franquista esperaría hasta 1938 para rescatar la convocatoria del XV Congreso de la AEPC, pero despojándolo de su espíritu original y trasladando su sede a Santander, una vez más fuera de las islas y con un claustro diezmado por el exilio, la cárcel y el silencio.
El franquismo dejó claro su mirada de la ciencia. Al poner en marcha el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la Ley de 24 de noviembre de 1939, no tenían rubor sobre su nueva hoja de ruta “...hay que imponer, en suma, al orden de la cultura, las ideas esenciales que han inspirado nuestro Glorioso Movimiento, en las que se conjugan las lecciones más puras de la tradición universal y católica”. Esa idea mohosa y trasnochada sería una losa que todavía pesa en nuestra historia.
Fuentes consultadas
1. Hemeroteca histórica
- La Prensa:
- 15 de diciembre de 1935, p. 1
- 23 de mayo de 1936 p1
- 5 de julio de 1936, p. 1
- 14 de julio de 1936, p. 1
- Gaceta de Tenerife:
- 24 de mayo de 1936, p. 3:
- 31 de mayo de 1936, p. 3: .
- 24 de junio de 1936, p. 8:
- 2 de julio de 1936, p. 6:
- 30 de agosto de 1938, p. 2:
- Investigación y Progreso: Año X, N.º 7-8 (1 de julio de 1936), p. 32.
- La Libertad: Año XVIII, N.º 5070 (1 de julio de 1936).
2. Investigaciones históricas y documentación
- Ferraz Lorenzo, M., & Medina Santana, J. (2017). Depuración y represión del profesorado de la Universidad de La Laguna (1936-1937). Foro de Educación, 15(23), 185-204 (Especialmente p. 196, sobre el informe y delación del profesor auxiliar y canónigo Heraclio Sánchez). doi: http://dx.doi.org/10.14516/fde.462
- Otero Carvajal, L. E. (2001). La destrucción de la ciencia en España. Las consecuencias del triunfo militar de la España franquista. Historia y Comunicación Social, 6, 149-186
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