Día de Canarias y Telde en la encrucijada
Hay que reconocer que el cantante de reguetón con mayor proyección internacional, nacido en Madrid y afincado en Las Palmas de Gran Canaria, se ha ganado a pulso su fama. La elección de una jerga urbana y generacional para sus canciones, bajo el ritmo variopinto del citado género musical, así como el trap y el hip hop, además de usar vocablos propios del habla canaria, ha sido fundamental para lograr su estrellato.
Además, es innegable que la inclusión en sus letras de topónimos, sustantivos y expresiones arraigadas en este archipiélago ha generado en la juventud el renacer de una suerte de sentimiento identitario, la revalorización social de ciertos términos tradicionales, e incluso la creencia de su público de que la acentuación particular del cantante es el auténtico acervo vocal de estas islas.
No es mi intención cuestionar el mérito de este artista, minusvalorar su género musical ni su obra; de hecho, si dispone de una ingente cantidad de seguidores será porque lo consideran un buen reguetonero, al menos para quienes les guste este estilo de música originario de Centroamérica. Vayan para él y todos ellos mis respetos.
Pero el asunto no es su música.
En estos días previos al Día de Canarias, el municipio de Telde entregó los premios a personas y entidades vinculadas a nuestras tradiciones e identidad isleña. Al escenario de la Casa de la Cultura, renombrada como Teatro Municipal Juan Ramón Jiménez (con permiso de Saulo Torón, claro), subieron músicos y folcloristas, artesanos, representantes de los deportes tradicionales y de colectivos culturales. Perfecto. Por otro lado, también tuvo lugar un reconocimiento especial al aludido cantante urbano, ausente en esta gala: Quevedo. Cuya nominación en este acto fue justificada por el presentador del evento porque: “ha contribuido desde la música moderna a dar visibilidad a la identidad canaria entre los más jóvenes”.
Respiremos profundo.
Es cierto, en sus canciones se incluyen las palabras “baifo” y “guagua”, la expresión “al golpito”, algunas fiestas como “La Rama” y “La Vará del Pescao”, muchos lugares (Valverde, Tacoronte, Agüimes, Tazacorte, etc.), grupos musicales como Los Gofiones y Los Sabandeños; incluso las advocaciones de la Virgen, la del Pino y Candelaria, han encontrado un hueco en la lírica del autor.
Pero también es cierto que, junto a su léxico tan cercano, se incluyen alusiones del tipo: “puto”, “fuck”, “cabrón”, “mierda”, “hijo de puta” “me la suda”, etc. Así como referencias constantes al consumo de drogas: “hoy se fuma Zaza” (marihuana), “traigan nieve” (cocaína)“, ”pastillas moradas“ y ”pepas“ (éxtasis), ”probando droga nueva“, etc. Asimismo, el vocabulario que emplea deja manifiesto su concepto sobre la mujer: ”déjate dominar“, ”perreo fue(r)te para que baje y me lo sobe“, ”y si ese cabrón se mete, se vuelve a casa en sandalia“, ”será el día en que entre en ese agujero, si dices sí, tú eres una cuero, pero eres mi cuero“, etc., etc., etc.
Respiremos de nuevo, tres veces.
Podemos considerar que la oferta cultural con motivo del 30 de mayo en el municipio teldense es digna de elogio, pero el reconocimiento público al mentado reguetonero quizás no sea lo más acertado, al menos que, a sabiendas del contenido real de sus canciones, deseemos convertirlo en un referente “de lo canario”.
Lo que sucede es que la clase política del archipiélago, a un año de las próximas elecciones autonómicas y locales, pretende arrimarse al éxito musical de este intérprete de 24 años. Y ya son varios los representantes públicos y ayuntamientos, pertenecientes a diversas siglas, quienes lo han premiado. Pero el interés electoral y su necesidad de adular el voto de las nuevas generaciones no deben llevarlos a galardonar, ni blanquear a cualquier precio, la lista de Spotify de los jóvenes. Sencillamente, porque no todo vale, ni todos los comportamientos representan nuestros valores como pueblo, por mucho que un baifo paste en sus canciones. Sin ambages: el perreo, las drogas y la misoginia no representan a los canarios.
Los jóvenes requieren una educación sólida en conocimientos y en valores, unos buenos referentes que configuren su identidad personal, social y cultural; una formación que les aporte criterios para no aceptar como válido todo lo que les llega por redes sociales. En relación con esto, al margen del dispendio, las fotos de rigor y los actos festivos con motivo del Día de Canarias, bien haríamos si dispusiéramos del yacimiento arqueológico de Cuatro Puertas como un museo de sitio, o si los monitores de las escuelas municipales de folclore pudieran volver a impartir clases de música y bailes en los centros educativos, o si el alumnado que finaliza la ESO haya leído al menos un libro de un escritor canario. Pero, desafortunadamente, no estamos en condiciones de celebrarlo. Además, qué bueno sería abrir al público visitas guiadas a los bienes patrimoniales de Telde, como la Noria de Jinámar, la Máquina del Azúcar, o invertir en la investigación y conservación de Los Picachos.
La ciudadanía no puede pedir menos para este municipio con un potencial cultural tan relevante. Falta nos hace, al menos, para contrarrestar la endeble identidad de los adolescentes que, lamentablemente, solo asocian la cultura tradicional con ir de romería un día al año, ataviados con “la ropa de canario” que compraron en el chino; mientras cargan con una botella de ron de Arucas, elaborado con una melaza industrial proveniente del otro lado del Atlántico. No en vano, el Cabildo de Gran Canaria acaba de financiar una campaña dirigida a esta generación que, aunque muestra orgullosa su tatuaje de una pintadera aborigen o del contorno geográfico de la isla, al mismo tiempo sustituye el “ustedes” por el “vosotros” en sus comentarios.
La juventud canaria no merece esto. Muy al contrario, le debemos un patrimonio visitable en buen estado de conservación, así como la educación para una ciudadanía culta, sana y respetuosa. Por eso, es conveniente elegir con más acierto nuestros referentes identitarios.
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