La masiva muerte de las lubinas de Aquanaria cumple un año y todo apunta a un vertido químico
Finalmente la ciencia junto a las pruebas, y no las hipótesis, van arrojando transparencia a lo sucedido en la costa de Telde, con la muerte de miles de lubinas de Aquanaria.
Todo apunta al emisario 222 y vertidos sin descontaminar, pero lo lamentable es cómo se ha intentado señalar sin pruebas y demonizar a una empresa que lleva más de 30 años ejerciendo su actividad empresarial con profesionalidad y creando empleo en Canarias como responsable de lo sucedido.
Estas declaraciones sesgadas, sin pruebas, en varios medios originaron un movimiento de rechazo en una parte de la ciudadanía y de una parte del movimiento ecologista en contra de la acuicultura.
Se podrá estar a favor o en contra de la acuicultura, pero lo cierto es que es la manera de producir peces y alimentar a una gran parte de la población mundial, pero cumpliendo rigurosamente con lo que marca la ley, en lugares delimitados y con una gran supervisión.
Canarias podría desarrollar, su soberanía alimentaria en este sector y para ello las administraciones competentes han de cumplir y ser muy rigurosas con los vertidos al mar sin descontaminar, pues no sólo es materia orgánica, también hablamos de metales pesados y elementos químicos, que pueden dañar a las personas y a los ecosistemas marinos y su biodiversidad.
Parece que nadie se hizo la gran pregunta de los posibles contaminantes químicos que se estaban vertiendo por el emisario 222, teniendo un polígono industrial, una edari, un puerto con descargas de combustibles y otras infraestructuras hidráulicas… ¿y el peligro es una empresa de acuicultura?
Toda una bomba de relojería en el entorno que, junto a las calmas chichas de octubre, originó la tormenta perfecta, pues las corrientes no se llevaron mar adentro los vertidos sin descontaminar para ser diluido con el batir de las corrientes.
Antiguamente, los mineros utilizaban un pájaro canario para bajar a las minas y poder detectar así si el aire era respirable. Utilizando un símil, podríamos decir que las lubinas de Aquanaria hicieron la función del pájaro canario y murieron con las branquias quemadas sin poder respirar y todo apunta a un vertido químico.
Nuestras administraciones ya no pueden ocultar el problema de los vertidos en todas las islas. Según el último censo registrado por el Gobierno de Canarias se contabilizan 403 puntos de vertidos de tierra al mar en el archipiélago. Pero si nos vamos al estado administrativo, del total, autorizados solo hay 112 puntos puntos, 75 en trámite de autorización y 216 puntos sin autorización.
Volviendo al emisario 222, no es solo algo aislado, los vertidos llevan produciéndose desde 2017 y la responsabilidad de lo que se depura y se vierte por el emisario es del Ayuntamiento de Telde y de Aguas de Telde.
Estos son hechos muy graves porque estamos hablando de salud pública, de contaminación marina, daño ambiental y un grave perjuicio a la actividad empresarial de una empresa, que todo apunta que han sido víctimas y no verdugos.
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