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La abuela que aprendió a hacer videollamadas para soplar velas con su nieto

Dolores Casais tiene 86 años utiliza las nuevas tecnologías para contarles a sus hijas ynietos cómo le ha salido la fabada o cómo se encuentra su marido

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Imagen de archivo de una señora mayor con su móvil.

Dolores Casais es una abuela de 86 años que, lejos de dejarse llevar por la angustia que le supone quedarse en casa estos días debido a la emergencia sanitaria por el coronavirus, ha aprendido a hacer videollamadas para poder soplar este sábado las velas con uno de sus nietos, que cumple 20 años.

"Mami", como la llaman las compañeras de las clases de gimnasia acuática a las que solía acudir varias veces en semana para mantenerse en forma, no se conforma con los WhatsApp y los mensajes de voz que envía con frecuencia a sus cuatro hijas y ocho nietos para contarles cómo le ha salido la fabada o cómo se encuentra su marido, de 87 años.

Dolores, que maneja con soltura Whatsapp desde hace cuatro años, ha decidido dar un paso más y, con la ayuda virtual de otra de sus nietas, ha aprendido no solo a recibir sino también a realizar videollamadas. "No lo había utilizado pero sabía que existía porque ya alguna vez me habían hecho estas llamadas", asegura la anciana en una entrevista telefónica, en la que afirma que esta aplicación de mensajería le permite estar en contacto estos días de "secuestro", como ella se resigna a definirlos, con sus seres queridos.

Sin embargo, la falta de contacto físico con sus familiares, por tratarse de un perfil de alto riesgo, no evitará que Dolores y su marido, José Antonio, pasen este sábado unas horas con su nieto y su hija, unos desde su piso en Santa Cruz de Tenerife y otros desde su casa a las afueras de la capital, a poco más de ocho kilómetros de distancia. Y es que desde que llegó el pasado 12 de marzo José Luis a Tenerife desde Madrid, donde estudia Farmacia y Biotecnología, el deseo de estos abuelos, como tantos otros, es verlo, ya que debido a la distancia que les separa no han podido hacerlo desde Navidades.

"No lo hemos visto porque no nos dejan, porque dicen que nos podría contagiar", lamenta la abuela, quien también se ha aprovechado de sus nuevos conocimientos tecnológicos para ver cómo le crece la barriga a otra de sus nietas, quien en tres meses les dará la alegría de convertirse en bisabuelos por primera vez.

La situación de esta abuela, que se conforma con videollamadas para suplir los besos y abrazos que tanto echa de menos, no es excepcional, pues estos días miles de personas mayores que viven solas permanecen en sus hogares sin poder salir a la espera de que la televisión les dé una buena noticia.

Violeta García, psicóloga y miembro del área de envejecimiento del Colegio de Psicología de Santa Cruz de Tenerife, destaca precisamente la importancia de mantener contacto diario con las personas mayores que viven solas.

De esta manera, se puede evitar, o al menos atenuar, la soledad que pueden llegar a sentir ahora más que nunca los ancianos, quienes, como Dolores, ya no pueden visitar a sus nietos, salir a comprar al supermercado o sentarse con una amiga en una terraza a tomar un café.

Las recomendaciones de la psicóloga son claras: Llamar a los mayores varias veces al día, tratar "ahora que hay tiempo" de introducirlos en las nuevas tecnologías para que puedan interactuar y evitar que se pasen todo el día con la televisión encendida para impedir que estén sobreinformados y sientan ansiedad sobre una pandemia que amenaza a todos, pero a ellos más que a nadie.

Las propuestas para pasar el tiempo "sin besos ni abrazos" también son sencillas: Retomar las actividades que habían quedado olvidadas, como el ganchillo, las sopas de letras o la lectura, y, sobre todo, y lo más importante, no olvidarse de las rutinas.

Despertarse a la hora habitual y no alterar los ciclos de sueño, deshacerse del pijama, preparar la comida e, incluso, realizar alguna tabla de estiramientos, son algunas de las recomendaciones de la psicóloga especialista en mayores, quien considera que la autodisciplina reduce la ansiedad al favorecer el sentimiento de utilidad.

En cualquier caso, como admite la abuela Dolores y recalca la psicóloga, aunque es imposible reemplazar los achuchones de un nieto, sí es posible y necesario mantenerse en contacto con ellos, ya sea a través de una videollamada, un mensaje o una sencilla llamada. 

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