El erizo siempre vuelve

Erizos en los fondos de Lanzarote. Foto: Rafael Mesa

Saúl García

Arrecife —

Era el enemigo. El Gobierno de Canarias y varios cabildos, como los de Gran Canaria, Tenerife o Lanzarote, iniciaron en 2007 campañas de control de la población de erizos para eliminar ejemplares de los fondos marinos. El Cabildo de Tenerife, unos años antes, había calificado la campaña como de erradicación: “La ruptura del equilibrio natural existente entre el erizo y sus depredadores ha derivado en un aumento de las poblaciones de estos, con la consecuente extensión de estas superficies peladas de color blanquecino por toda la costa de las Islas, en mayor o menor grado según su estado de conservación”.

Se trataba del erizo de lima, erizo diadema o diadema antillarum, que se consideraba una especie invasora y que, además, por su voracidad, acaba con toda la vegetación marina que le rodea y evita, crea los llamados blanquizales en el fondo y aleja al resto de la fauna. En los diferentes comunicados de las administraciones se habló de “actividad devastadora”, “plaga” y “amenaza”. En Lanzarote, en una de esas campañas, se llegó a calcular que se habían eliminado hasta 80.000 ejemplares. Dos años después, en 2010, ya no hacían falta las campañas. Los erizos empezaron a morirse ellos solos.

El grupo de investigación Bioecomac (Biodiversidad, Ecología Marina y Conservación), encabezado por la doctora Sabrina Clemente, de la Universidad de La Laguna, atribuyó la mortalidad a la enfermedad de la calva, creada por la bacteria Vibrio alginolyticus, que hizo que las poblaciones disminuyeran, al menos en La Palma, Tenerife y Madeira, hasta en un cuarenta por ciento. Pero la especie se recuperó. Y no sólo eso.

Resulta que el diadema antillarum no era antillarum, sino africanum, y por tanto no es una especie invasora, sino que es originaria de Canarias, Madeira, Azores y Cabo Verde. No viene del Caribe, aunque esto no cambia mucho en cuanto a sus efectos. El caso es que parece que ha vuelto a pasar lo mismo. En febrero, en varias localidades de Tenerife ya se detectaron bastantes caparazones de este erizo desprovistos de púas y con color blanquecino, señala Adriana Rodríguez, que pertenece a la misma universidad y al mismo grupo investigador.

En Lanzarote y La Graciosa, los buceadores también han detectado la mortalidad de los erizos e incluso, en pocos meses, que ya ha vuelto la vegetación. También se sabe que la enfermedad ha llegado a La Palma y La Gomera a través de la información que proporciona la Red Promar, del Gobierno de Canarias, un proyecto de ciencia ciudadana. También se ha comenzado a ver el fenómeno en Madeira y todo apunta a que se trata de la misma enfermedad que en 2010. Rodríguez señala que, a través del proyecto Mimar, comprueban cada seis meses la evolución de las densidades de la especie en Lanzarote, Tenerife y El Hierro.

Este otoño se verá el alcance de esa disminución. El motivo de la desaparición también puede estar ligado a la temperatura, y como en la ocasión anterior, ya que un incremento puede haber favorecido que el patógeno se desarrollase en condiciones óptimas. Señala, así mismo, que la desaparición no es “ni buena ni mala” aunque subraya que “es cierto que la densidad era muy alta y si disminuye aparecen más sistemas algales”, pero achaca su elevada densidad a que hay menos depredadores porque tienen interés comercial para la pesca. “Todo está en equilibrio hasta que el hombre interviene”, dice.

En el mismo sentido, Fernando Tuya, profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, asegura que “cuando hay algo súbito en el mar nos echamos las manos a la cabeza, pero lo que más perjudica al mar ocurre todos los días y se llama sobrepesca”. Pone como ejemplo el volcán en El Hierro, donde se dejó de pescar durante un año y se recuperó la fauna. Señala que, según algunos foros de buceo, la desaparición del erizo está siendo más severa y dice que “a corto plazo puede ser bueno porque se recupera la cobertura vegetal” pero que dentro de dos años el erizo va a volver. “No tengo ninguna duda, es una especie supertriunfadora de la evolución, ya sabemos que lleva aquí medio millón de años”.

Adriana Rodríguez lo confirma: “No se va a extinguir, ni mucho menos”. Apunta que el erizo ya ha desovado y aunque haya muerto, los productos sexuales están en el agua y ahí es donde se produce la fecundación “y a los nuevos ejemplares ya no les afecta la enfermedad”. “Disminuirá la densidad pero volverá y crecerán más”.

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