Hormigonar palmeras como modelo urbanístico: “Canarias lleva 50 años de turbo desarrollo y tiene que regenerar ciclos”
A principios de agosto, las imágenes de unas palmeras canarias emparedadas en hormigón en Vallehermoso, La Gomera, dieron la vuelta a las redes sociales y situaron en el centro del debate un modelo muy made in Canarias de intervención en el paisaje: uno que no integra la naturaleza, sino que insiste en luchar contra ella.
Esas imágenes corresponden a las obras del proyecto de encauzamiento y canalización del barranco de Vallehermoso, ejecutadas por la Dirección General de Aguas, con una inversión pública estimada de 5,9 millones de euros. El objetivo de la actuación es evitar desbordamientos por lluvia y proteger de las crecidas del barranco a los vecinos y las viviendas y dotaciones públicas cercanas al cauce. ¿El delito de las palmeras antes de ser emparedadas? Estar en un cauce en el que llevan más de cien años.
Lo más grave en este caso es que, durante la planificación, ejecución y revisión de las obras, nadie consideró, al menos, extraño recubrir de hormigón estos árboles, que han crecido como un don del propio cauce. Un cauce que se hará más veloz en caso de lluvias si la única solución aplicada es la impermeabilización, entre otras lagunas que tiene el plan.
Tras la difusión de las imágenes, se alzaron voces como la del arquitecto y urbanista Juan Palop-Casado, quien calificó desde su cuenta de X la intervención como una “imagen de época”: la ilustración gráfica de una gestión urbanística de más de medio siglo que insiste en “alicatar hasta el techo” como solución en cualquier intervención, sin contemplar aspectos como el paisaje, los ciclos hidrológicos de los cauces, las dinámicas ecológicas, la conservación de los palmerales, la seguridad ciudadana, la laminación de escorrentías o factores intangibles como la identidad que se desprende del entorno que rodea a los canarios.
“Llevamos 50 años con esta especie de turbo desarrollo en Canarias que ha generado más problemas de los que ha resuelto, sin negar todos los avances que se hayan podido hacer”, explica el arquitecto a este periódico. “Pero ahora toca intervenir en los paisajes de forma multidisciplinar y combatir un problema estructural en el que hacer bien las cosas significa contar con un equipo de participación, consultar a expertos y vecinos e incorporar a ecólogos y paisajistas. Pero, cuando solo se tienen martillos en la cabeza, solo se ven clavos”.
Un error de seis millones de euros
En declaraciones a la Cadena Ser durante los días en que se difundieron las imágenes, el viceconsejero de Aguas y Emergencias, Marcos Lorenzo, admitió que había sido un error: “El propio ingeniero que nos acompañaba llegó a la conclusión de que no era la mejor solución, ni para la palmera ni, fundamentalmente, para la estabilidad de la obra”.
Preguntada por esta redacción, la Consejería de Política Territorial asegura que la solución adoptada fue liberar el fuste de las palmeras afectadas -esto es, romper la capa de hormigón-, unos trabajos en los que la empresa adjudicataria se encuentra actualmente.
“Canarias no admite un error más”
Para Palop-Casado, debe producirse un cambio multidimensional en la manera de mirar e intervenir en el paisaje, “sin entrar en una guerra con él”, respetando y aprovechando los ecosistemas, con soluciones basadas en la naturaleza y ejecutadas por equipos con cultura ecológica. “Asumimos estos 50 años de turbo desarrollo, pero ahora necesitamos regenerar ciclos. Canarias ya no aguanta un error más”.
“Un disparate”
El concejal Alejandro García, de Iniciativa por La Gomera, tilda la intervención directamente de disparate. “Son obras con un alto coste para el erario público y con una eficiencia poco demostrada. Son más de seis millones de euros para cementar ciertos tramos del cauce del barranco de Vallehermoso”, sostiene.
El concejal entiende que, de las cuatro partes en las que se va a intervenir durante este proyecto es “la del casco, donde se van a ganar algunas plazas de aparcamiento o incluso hacer un paseo interurbano. Pero el resto del proyecto es un disparate que no responde a las necesidades de la isla, ni económicas ni ecológicas”.
García tampoco entiende por qué se gastan millones de euros “en echar cemento en un barranco para luego recrear zonas verdes: es una contradicción en sus propios términos”. Y pudo haber sido peor, ya que el edil afirma a Canarias Ahora que, en una primera versión del proyecto, “esas palmeras iban a ser taladas y esa tala se paralizó gracias a la protesta vecinal y en las redes sociales”.
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