El pequeño aparato con el que los hosteleros canarios quieren abrir el interior de sus locales

Un camarero cierra la puerta de un bar. EFE/Marcial Guillén/Archivo

Un dispositivo de poco más de 25 centímetros de ancho y otro tanto de alto. Dentro, una pantalla con varios indicadores y un número que registra el nivel de CO2 en el ambiente y ayuda a comprobar la calidad del aire. Los hosteleros de Canarias han propuesto a la Consejería de Sanidad del Gobierno regional abrir el interior de los locales de restauración con este aparato como elemento innovador. La intención es hacer lo mismo que en Galicia, donde la Xunta ha exigido a todos los comercios la presencia de estos pequeños monitores en restaurantes y bares a partir de este viernes. Por el momento el Ejecutivo autonómico no lo ve claro, y ha desestimado la propuesta (por el momento).

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Las exigencias por una mejor ventilación para reducir los riesgos del contagio por coronavirus han disparado el uso de medidores de CO2 y sistemas de renovación del aire. La evidencia científica ya sitúa, desde hace más de medio año, la transmisión de partículas de virus suspendidas en el aire (aerosoles) como la principal vía infecciosa. Un grupo de más de 100 científicos y sanitarios presentó una carta reclamando medidas “urgentes” para atajar este riesgo y subrayar el peligro que supone un espacio cerrado mal ventilado.

“Dada la gravedad de la situación, creemos que es urgente aprovechar el conocimiento disponible e impulsar desde las administraciones las medidas de prevención necesarias para reducir el riesgo de contagio de COVID-19 por inhalación. Tenemos el convencimiento de que los beneficios serán enormes. (…) Solicitamos una actuación coordinada y urgente para abordar de forma prioritaria la transmisión de SARS-CoV-2 por inhalación de aerosoles, dado su papel central en el contagio en interiores, tal y como ha quedado ampliamente demostrado y reconocido en los estudios realizados".

Entre esos estudios está el publicado hace unos días por la revista The Lancet, que enumera diez razones científicas que defienden que la COVID-19 se contagia por el aire. Se ha documentado el caso de personas infectadas en habitaciones de hotel separadas que nunca se habían juntando; se han detectado partículas infecciones del coronavirus suspendidas en el aire durante tres horas; apenas hay investigaciones que sostengan otras vías de transmisión (de hecho, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que el riesgo de contraer la enfermedad después de tocar una superficie contaminada por el virus es de aproximadamente 1 entre 10.000); y se hace hincapié en que las medidas de ventilación en interiores ayudan a frenar las posibilidades de que aumente la tasa de positivos.

Con todo este tsunami científico nació la primera mesa técnica entre la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias y distintas asociaciones hosteleras del Archipiélago para “atender las peticiones más urgentes del sector”. Algunas de ellas se han acogido, como la ampliación del toque de queda a las 23.00 horas. Otras, como la proposición de abrir los interiores con un medidor de CO2, no han convencido al Ejecutivo regional. Un informe del Ministerio de Ciencia e Innovación, elaborado por un grupo multidisciplinar de expertos entre los que se encuentra Beatriz González López-Valcárcel, también miembro del comité que asesora al Gobierno autonómico, recomienda la instalación de sensores de CO2 “ya que la concentración de este gas puede ser considerada como un parámetro que refleja el balance entre la tasa de ocupación y la de ventilación y puede ser utilizada para regular ambos aspectos buscando un equilibrio adecuado”.

Elena Jiménez, catedrática de Física Química por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y una de las mayores expertas de los medidores de CO2 en España, considera que esta opción es viable si se asegura que la ventilación es adecuada. “No tendría que haber problemas. Sobre todo si la ocupación es de un tercio, pero claro, dependerá del espacio”.

Jiménez reconoce que los restaurantes y los bares se encuentran entre los lugares con más riesgo. No por lo que son, sino por lo que ocurre dentro. “Es donde te quitas la mascarilla ante gente que no es conviviente”, recuerda. El Ministerio de Sanidad ha aconsejado a las comunidades cerrar el interior de los bares a partir de 150 casos por 100.000 habitantes. Tenerife y Gran Canaria llevan con la persiana cerrada de sus locales de restauración desde hace más de un mes, cuando ambas islas entraron en el nivel de alerta 3, del que todavía no han salido.

“Esta medida de ir abriendo los interiores, reduciendo aforo y teniendo ese medidor de CO2 para controlar que el nivel sea adecuado y la ventilación sea correcta, creo que va a continuar. Todavía no hay nada concreto ni leyes que lo regulen, estamos un poco en terreno de nadie. Cada comunidad está haciendo lo que cree que es mejor, la viabilidad va a depender de eso”, apunta Jiménez.

La Consejería de Sanidad sigue sin ser exigente con la ventilación de los locales. Aún predominan la higiene general del medio, la desinfección de los espacios y de las superficies, como explica el epidemiólogo y experto en prevención de enfermedades transmisibles en establecimientos alojativos, José Luis Arocha. Pero no termina de coger peso la regeneración del aire, que se resuelve con un escueto “realizar una ventilación periódica del local, como mínimo de forma diaria y durante el tiempo necesario para permitir su renovación”, como así dicta en el cuestionario de inspección sanitaria de medidas preventivas frente al COVID-19 en establecimientos alimentarios del Servicio Canario de Salud (SCS). Esto sorprende (y mucho) a Elena Jiménez.

“Lo que se aconseja es que haya de cinco a seis renovaciones por hora de aire, para que se pueda mantener el nivel de CO2. Ventilar cuando no hay nadie no tiene mucho sentido. Esta tiene que ser cuando hay gente y tienes que limpiar el aire o reemplazarlo. Tiene que ser de forma continuada, más en restaurantes y bares donde la gente se quita las mascarillas”, argumenta.

La ventilación puede ser natural, llevando las actividades al exterior donde el viento diluye la concentración de partículas infecciosas. También se puede logar en espacios interiores, abriendo las ventanas y puertas y provocando un flujo de aire. Otros métodos serían la ventilación forzada gracias a los sistemas de renovación centralizados o el uso de purificadores, que eliminan las partículas susceptibles de contener virus. 

Los hosteleros canarios han señalado que ellos mismos se financiarían los medidores de C02. Hablan de precios que oscilan entre los 70 y 80 euros. Jiménez cree que los más fiables cuestan un poco más que eso. “Los hay que cuestan 260 euros hasta unos 90/100. Hay muchas empresas que están haciendo equipos fiables”.

La ventilación en interiores está regulada desde 2007 con el Real Decreto 1027/2007, por el que se busca “por un lado, contribuir a la mejora de la calidad del aire, y, por otro, añadir elementos en la lucha contra el cambio climático”. El problema es que se ha quedado anticuado por ser un texto prepandemia. “En esta situación, y ya en el futuro porque la calidad del aire en el interior cada vez es más importante para la gente, yo creo que eso va a acabar cambiando. Se están enviando informes para una nueva normativa y con el tiempo se podría revisar todo esto”. El documento más actualizado fue publicado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) el 6 de noviembre de 2020. 

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