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Y la reforma electoral

La ofensiva de Casimiro Curbelo para salvar la triple paridad coincide con la posibilidad (remota, pero posibilidad) de que un Gobierno del PSOE con Podemos cambie el sistema electoral

Pedro Sánchez da el único paso posible para salvar su vida política: intentar formar gobierno; después de su rueda de prensa del martes tendrá a la militancia detrás

Pedirá a Ana Oramas que apoye un Gobierno con Podemos, lo que compromete la postura irreductible de la diputada, cada vez más a la derecha de la derecha

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Sánchez critica la "espantada" de Rajoy

Pedro Sánchez EFE

Tiene motivos de sobra Casimiro Curbelo, líder de la Agrupación Socialista Gomera y de La Gomera misma, en iniciar una ofensiva a favor de la triple paridad, o lo que es lo mismo, a favor del actual sistema electoral canario que prima desproporcionadamente el voto de las islas menores y, entre ellas, el de unas sobre el de otras. Vio los cielos abiertos hace unos pocos meses cuando, al inicio de la deriva iniciada por Fernando Clavijo para repartir los inexistentes fondos del IGTE, la primera propuesta llegó a ser precisamente aplicar las proporciones de la triple paridad. Era una oportunidad única para reforzar el actual sistema electoral que precisamente tiene al partido del presidente del Gobierno como principal fuerza beneficiaria: si los cálculos no me fallan, esta legislatura se suma a otras dos en las que Coalición Canaria ha conseguido presidir el Gobierno a pesar de no haber ganado en número de votos, sí en escaños. Por lo tanto, a los motivos de Casimiro deberíamos unir los de Coalición Canaria, que ya está viendo las barbas en remojo de las islas menores ante la eventualidad misma de que sean las suyas de ella las primeras que no pasen el corte. O se las corten. Porque parece que los astros se están alineando de manera perfecta para que esta legislatura estatal -todavía en vilo- sea la de la reforma del sistema electoral nacional que reclaman partidos como Podemos y Ciudadanos, justos los dos con los que Pedro Sánchez, candidato ungido por su majestad, va a intentar (tanto monta, monta tanto) formar Gobierno. Y si bien el PSOE no es de los que se pirren por la reforma electoral, ésa será sin duda una de las exigencias que tanto a diestra como a siniestra le van a poner los negociadores sobre la mesa. Y en medio de la amplia sacudida que supondrá esa reforma electoral nacional es más que probable que se viertan las otras reformas electorales pendientes, verbigracia la canaria, cuyo Estatuto de Autonomía se encuentra precisamente en Las Cortes con una reforma pendiente de que se ponga en marcha la legislatura y alguien, previsiblemente de Ciudadanos, de Podemos o de Nueva Canarias, o todos ellos a la vez, meta la enmienda correspondiente.

 

 

 

Hay líder en el PSOE

No mencionó Pedro Sánchez la reforma electoral en su portentosa rueda de prensa del martes por la tarde cuando anunció que iría en serio en la conformación de un Gobierno que encauce este convulso comienzo de legislatura. Los que siempre pensaron que el líder socialista era un candidato flojo y sin brío han empezado a comerse sus palabras al presenciar cómo se desenvolvió en su primera comparecencia como candidato a presidente. Su discurso no dejó lugar a muchas dudas, si eliminamos del capítulo de dudas la fórmula de emparejamiento que haya de elegir para sumar votos suficientes para ser investido en primeras o en segundas nupcias. La solidez estuvo, sin embargo, en los aspectos nucleares de su programa de gobierno, el que se supone que sus equipos negociadores pondrán sobre la mesa a partir de este mismo miércoles en las rondas de negociaciones con todas las fuerzas parlamentarias, incluidas las independentistas y el Partido Popular. Va a resultar muy difícil a Podemos y a Ciudadanos eludir la mayor parte de esas propuestas programáticas, lo que volverá a reducir la ecuación a los vetos que Pablo Iglesias y Albert Rivera se han intercambiado con desigual intensidad. Otro problema de Sánchez será lidiar con sus propios demonios internos a los que sólo podrá apaciguar consiguiendo una entrada triunfal en La Moncloa y, acto seguido, presentándose ante su militancia para que lo reelijan secretario general. Se precian en el PSOE de haber conseguido su propósito de “respetar los tiempos”, lo que en vulgo viene a significar “esperar a que Rajoy se cueza en su propia salsa” y ofrezca la imagen penosa que ofreció este martes tras su visita a La Zarzuela: un líder abatido por la corrupción de su partido, incapaz de concitar apoyos en el Parlamento y amortizado (o a punto de amortizar) por su propio partido. Ni siquiera el séptimo de caballería de la prensa nacional (la de derechas y la socialdemócrata) lanzada al galope en defensa de la gran coalición, ni las presiones internacionales para que el PP siguiera al frente del Gobierno cuatro años más, ni la resurrección de los Corcueras y corcueses han conseguido torcerle el brazo a Pedro Sánchez. Y eso es justo y necesario resaltarlo en estos momentos políticamente tan decisivos para un cambio político real en España. Ahora le toca a él ser el actor principal, a ver cómo lo interpreta.

 

El voto del nacionalismo canario

Aunque está por confirmar, se supone que la primera reunión formal que los negociadores socialistas mantendrán para hacer a Sánchez presidente será con el diputado de Nueva Canarias Pedro Quevedo, incrustado en esta ocasión en la lista del PSOE por Las Palmas pero integrado en el Grupo Mixto del Congreso. Quevedo, que está a la espera de que se consolide la legislatura para renunciar a su condición de concejal de Las Palmas de Gran Canaria, será portavoz de su grupo en materia de Empleo y un enlace eficacísimo entre Nueva Canarias y la Ejecutiva Federal del PSOE para todos los asuntos de los que quiera disponer, incluida la referida reforma electoral que habría de dar el toletazo de muerte a Coalición Canaria. Será, por cierto, Ana Oramas, otra de las portavoces llamadas a consultas por Pedro Sánchez, aunque sea para oírle decir de viva voz y no a través de recortes y enlaces de prensa que no votará a favor de un Gobierno en el que esté Podemos. Lo ha dicho públicamente, que tengamos contabilizadas, tres veces, incluida una posterior a que su propio partido la desautorizara y dejara esa cuestión aplazada hasta el momento procesal oportuno. Porque ¿quién puede evitar que CC le ordene a Ana Oramas, y ésta acepte con agrado, apoyar a un hipotético gobierno PSOE-Podemos, con Pablo Iglesias de vicepresidente, a cambio de “la agenda canaria” que acuñó Nueva Canarias y que han hecho suya los otros nacionalistas? Empieza a entenderse el deseo indisimulado de Oramas y los suyos por que se repitan las elecciones, a ver si de carambola sube Podemos en Las Palmas, le quita un diputado al PSOE (el de Nueva Canarias) y ella aprovecha la previsible caída de Ciudadanos para afianzar su acta por Santa Cruz de Tenerife. Y que sume la derecha, ¿qué sume la derecha? Todo está por ver. Primero a ver qué hace Sánchez.

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