Un viaje a Estrasburgo, la capital de la mítica Alsacia francesa

Uno de los puentes fortificados sobre el Río Ill. Esta es una de las zonas más antiguas de Estrasburgo. Mathias GUILLAUME

La Alsacia es una de las regiones más atrayentes e imponentes de Europa. Este rincón de Francia ocupa la orilla oeste del Rin que, en este tramo, corre de sur a norte antes de internarse en tierras alemanas en busca del Mar del Norte. La Alsacia, con sus pueblecitos medievales, sus castillos, con sus bosques y viñedos, ejerce de espejo de la no menos mítica Selva Negra, su contrapunto alemán. Estrasburgo ejerce de capital alsaciana. Una ciudad emblema que no sólo atesora uno de los legados históricos y artísticos más importantes del país galo (que ya es decir). También en un símbolo del presente y futuro de Europa. Un lugar que se ha convertido, junto a Bruselas, en capital de la nueva Europa dejando atrás siglos de guerras, ocupaciones, conquistas y reconquistas de manos de dos amigos que, hasta hace bien poco, no se podían ni ver.

Un viaje por la mítica Alsacia; una de las regiones más bonitas de Francia

Un viaje por la mítica Alsacia; una de las regiones más bonitas de Francia

Hoy, esta ciudad es mucho más que una plaza francesa; es una pieza fundamental de la Unión Europea y nexo de unión entre Francia y Alemania. Y para colmo, es la capital administrativa, cultural, histórica y patrimonial de esa bella Alsacia que bien merece una visita. Pero hoy nos quedaremos aquí. Si quieres pasear por toda la región aquí tienes una completa guía con mapas, propuestas y rutas. Estrasburgo es un buen lugar para explorar toda la región. Desde aquí hasta Mulhouse, que ejerce de límite sur de la región, distan 127 kilómetros de muy buenas carreteras y también hay muchas formas de hacer escapadas a pueblos encantadores del lado alemán como Friburgo de Brisgovia. Pero también es un buen lugar para hacer una escapada urbana de un par de días o como excursión desde París (1 hora 47 minutos en tren de alta velocidad).

EN EL CENTRO DE ESTRASBURGO.- El secreto para descubrir los encantos de la ciudad es lanzarse al callejeo y dejar que las joyas que llenan las calles te vayan saliendo al paso. Eso sí, hay cuatro o cinco puntos de referencia indispensables que tienes que tener en cuenta para no dejarte nada importante. Pero todo lo que queda entre los dos brazos del Río Ill (afluente del Rin que atraviesa la ciudad y protege el antiguo casco histórico) apenas requiere de quince o veinte minutos de paseo de punta a punta. La mayor parte de todo lo que hay que ver y hacer en la ciudad está en un radio de apenas 800 metros de laPlaza Gutemberg y la preciosa Plaza Kléber, que ejercen de centro urbano oficioso. Haz la primera parada en la Plaza de La Catedral. Aquí domina por completo la mole gótica de Nuestra Señora de Estrasburgo (Place de la Cathédrale, sn; Tel: (+33) 388 214 334) –no te pierdas su reloj astronómico y date el lujo de entrar- pero, como sucede en la mayoría de las ciudades y pueblos alsacianos los edificios históricos se apelotonan. En el extremo norte de la plaza tienes la Casa Kammerzell (Place de la Cathédrale, 16; Tel: (+33) 388 324 214) un antiguo edificio medieval reconvertido en hotel que, dicen, es la casa más bonita de la ciudad. Y en el sur de la plaza nos topamos con el Palacio Rohan (Place du Château, 2; Tel: (+33) 368 985 160), un maravilloso edificio barroco que es sede de varios museos de la ciudad (entre ellos el de Bellas Artes y el Arqueológico alsaciano). Todo juntito. Estos son sólo tres exponentes de un espacio repleto de viejas casonas medievales y grandes edificios públicos que abarca más de 500 años de historia de la arquitectura: una gozada. Otro buen lugar para darse un gustazo es la Place du Marché Neuf, a la que se llega a través de una coqueta galería que se abre a la Calle de los Orfebres.

De aquí pasa a la Plaza Kléber, el otro gran espacio urbano del centro histórico y verdadero corazón sentimental de la ciudad para los vecinos y vecinas de la ciudad. Este gran espacio monumental es similar a los de otras urbes del centro y el norte de Europa. Está dedicada a un héroe local (el general Jean Baptiste Kléber, cuyas cenizas se encuentran en el monumento dedicado en su honor que preside el lugar) y está flanqueada por un conjunto de edificios soberbio. Algunos históricos como el antiguo Palacio Aubette, reconvertido en galería comercial, y otros de factura contemporánea como La Maison Rouge.

El otro gran centro patrimonial de la Vieja Estrasburgo es la Pequeña Francia, uno de los barrios tradicionales mejor conservados de la ciudad. Haznos caso y entra desde la Rue de la Division Leclerc ( los españoles de La Nueve fueron los que liberaron la ciudad en la Segunda Guerra Mundial) por Rue des Serruriers –ver mapa- hasta la Plaza de Santo Tomás. Si te gustan los edificios de porte no dudes en entrar a Santo Tomás (Rue Martin Luther, 11; Tel: (+33) 388 321 446), uno de los templos más hermosos de la ciudad. La Pettite France es un espacio mágico de casitas medievales con paredes entramadas (con esas particulares vigas de madera) que culminan en el frente fluvial del Ill. Este rinconcito es uno de los lugares más bonitos que vimos jamás: las casas que dan al río, la Torre de Bourreau, los pasos que dan a la Calle de Los Molinos (antiguas muelas que aprovechaban la corriente del río), el Puente Cubierto con sus torres defensivas medievales o la vista desde la Presa de Vauban, una curiosa sucesión de exclusas que servían para regular el nivel del río. Aquí vas a pasar un buen rato.

DEL NEUSTADT AL NUEVO BARRIO EUROPEO.- Volvemos a la Plaza Kléber (si te quedas aquí varios días vas a ir i venir muy de seguido) y buscamos el arranque de la Place Broglie, un coqueto boulevard arbolado que culmina en el edificio de la Ópera Nacional del Rin. Estamos en otro de los lugares emblemáticos de la ciudad y otro de sus símbolos: el Neustadt (ciudad nueva). La guerra franco-prusiana (1870-1871) sacó a la ciudad de la órbita francesa y supuso un largo periodo de dominio alemán que se mantendría hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Durante este periodo se urbanizó la orilla norte del Ill y se construyeron grandes edificios públicos que pusieran de manifiesto la dominación prusiana. Una enorme plaza ajardinada, hoy Plaza de la República, sirve de marco a un puñado de gigantescos edificios de arquitectura grandilocuente entre los que destacan el Palacio del Rin, el Teatro Nacional y la Biblioteca Universitaria.

Desde aquí puedes recorrer la Avenida de La Paz o internarte por el Parque de Contades buscando ya la orilla del Río Ill, que a estas alturas ya va buscando sus últimos metros camino del cada vez más cercano Rin. Antes de llegar a los quays (los paseos de ribera) vas a atravesar un barrio repleto de grandes casonas en las que verás muchísimas legaciones diplomáticas. Estás a las puertas de la zona europea de la ciudad. El Ill se funde a un antiguo canal en una desembocadura presidida, en los dos flancos, por la sede del Parlamento Europeo y el Consejo de Europa , las dos instituciones claves de la Unión Europea. Si te apetece da un paseo por el Parque de L’Orangerie, un coqueto parque a espaldas del Consejo de Europa.

PASAR A KEHL EN EL CITADIS .- Si estas varios días en la ciudad no dejes la ocasión de acercarte a la orilla del Rin y cruzar en tranvía el Puente del Beato Rhenanus. Quizás este puente (que se encuentra junto a un vial para vehículos y otro para trenes) es el mejor ejemplo de lo que ha pasado en este rincón de Europa en los últimos 60 años. La frontera caliente entre enemigos históricos ahora se cruza a como si nada subido a un moderno y cómodo tranvía (Línea D –verde- con las paradas más céntricas en Langstross/Grand'Rue y Homme de Fer ) que más que un servicio público (más de 20.000 personas lo usan diariamente) es un símbolo de unión y amistad: una metáfora de lo que es la Unión Europea y que supera las tensiones históricas de Francia y Alemania por la administración de Estrasburgo (ya hubo servicio de tranvía en los periodos de control y ocupación alemana). Kehl no es cosa del otro mundo y casi lo más bonito de ver es la nueva pasarela por la que cruzas el río, pero la línea D se ha convertido en todo un símbolo para la ciudad. De paso, y si te apetece, aprovecha para darte un paseo por el Parque de La Ciudadela, que ocupa el lugar de un antiguo baluarte defensivo del lado francés.

¿QUÉ MUSEOS VER? Pese a su pequeño tamaño, Estrasburgo puede presumir de una imponente oferta museística para todos los gustos. Ya te hablamos del Palacio Rohan (Place du Château, 2; Tel: (+33) 368 985 160) donde se encuentran las sedes de dos museos: el de Bellas Artes y el Arqueológico Arqueológico (este último es muy bueno y con colecciones muy buenas de las épocas romana y merovingia). Para nosotros, otro de los ‘imprescindibles’ es el Museo Alsaciano Museo Alsaciano (Quai Saint-Nicolas, 23; Tel: (+33) 368 985 152), con una exposición centrada en la etnografía y costumbres de la región y un edificio sencillamente espectacular. Otro centro icónico es el Museo de Arte Contemporáneo Museo de Arte Contemporáneo (Place Hans-Jean-Arp, 1; Tel: (+33) 368 985 000) que cuenta con algunos nombres importantes dentro de su colección permanente y con una buena programación de exposiciones temporales. Si te gustan los soldaditos de juguete visita el Museo de Historia de Estrasburgo Museo de Historia de Estrasburgo (Rue du Vieux-Marché-aux-Poissons, 2). Este museo tiene un discurso centrado en la historia de la ciudad pero exhibe con orgullo la mayor colección de soldaditos de papel del mundo. Estos y otros museos están marcados en el mapa con iconos de color violeta.

Fotos con Licencia CC: David Pursehouse; Mathias GUILLAUME; macchi; Andrew Smith; cea +; Mag Petrov; Alessandro Caproni; Guilhem Vellut; Valentin R.

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Publicado el
1 de julio de 2020 - 23:24 h

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