La vida es todavía

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Jake y Thor, los gatos de mi hijo, sostienen con su ronroneo la paz interior en la que me refugio.

La vida es todavía, pero ahora es otra cosa.

Del cielo caen meteoritos de sinsabores y de desgana. Nada sabe tanto como las cuerdas de mi guitarra y los acordes de su recuerdo en una tarde de otoño. A mis oídos llegan ruidos de todos lados; las melodíasy el silencio parecen de otra época, se muestran añejas. Pocas cosas sirven para algo; nada me hace avanzar con tanto propósito como ser fiel a mí mismo. La verdad es solo lo que nos apetece creer; cada cual cree lo que le da la gana. La opinión es otra manera de colonizar y en mi criterio solo pretendo convencerme. Nadie está a salvo de eso; todos somos profesos pecadores.

La vida es todavía, pero ahora es otra cosa.

En un salón cualquiera un grupo de personas se revuelve en su propio conflicto de ridículas excusas, de quejas irrisorias y de presentes inadecuados. En la esquela de una tarjeta recordatorio guardo el nombre de mi hijo y la fecha de su marcha, y hoy como ayer, no dejo de conversar con él. En la planta psiquiátrica de cualquier hospital hay una habitación con mi nombre; aun hay tardes que escucho el tintineo de sus llaves y espero, durante segundos, a que la puerta se abra y la muerte lo devuelva. Jake y Thor, los gatos de mi hijo, sostienen con su ronroneo la paz interior en la que me refugio.

La vida es todavía, pero ahora es otra cosa.

Son pocos los que entienden; la mayoría solo pasa un paño como si limpiar el cristal aclarara la visión y desahuciara el dolor. No creo en la pureza de las cosas ni en los corazones que no se agrietan por el dolor; tampoco en los rostros que no acumulan arrugas.

La vida es todavía, pero ahora es otra cosa.

           

Andrés Expósito

www.andresexposito.com

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