Tres días en Padua: El Eremitami y las huellas de Giotto en Scrovegni
La mejor manera de acercarse al norte de la ciudad de Padua (ver iconos violeta en el mapa) es recorrer la Via Trierste hasta el puente que cruza hacia las murallas por el Corso de Giuseppe Garibaldi. En este punto, los muros se abren dejando un gran hueco en el que podemos ver algunos edificios de estilo ‘novecentista’ como el Palazzo Zuckermann (Corso Giuseppe Garibaldi, 33), un soberbio palacio de principios del XX que hoy alberga parte de las colecciones del Museo de Artes Decorativas Bottacin. Nada hace indicar que justo estamos en uno de los centros patrimoniales más antiguos de la ciudad. Apenas un muro de piedra basta con tres arcos un tanto descuidado que está justo enfrente del palazzo nos puede dar una vista. Pero tiene más pinta de tapial que de monumento añejo. Los alrededores de las formas contundentes del Zuckermann refuerzan esa impresión: el ultramoderno Memoria e Luce, un memorial que rinde homenaje a las víctimas de las Torres Gemelas y un par de construcciones un tanto anodinas en torno a la Piazza Conciapelli.
Pero no. Al otro lado del Corso de Giuseppe Garibaldi nos encontramos con tres piezas clave de esta Padua milenaria. Tres piezas que son visitas imprescindibles y que te van a demandar, al menos, una mañana de paciente exploración. Primero vamos a desvelar el misterio de ese tapial anodino. La Arena de Padua (Piazza Eremitani, 8) es el único monumento romano que hoy puede verse en la ciudad y es un rastro más bien modesto de aquellos tiempos que han quedado totalmente sepultados por la ciudad medieval y renacentista. Y este es un buen ejemplo de ello ya que aquí nos vamos a encontrar dos grandes monumentos: la Capilla de Los Scroverianos y el conjunto conventual de los Eremitani.
La Capilla de los Scroverianos (Piazza Eremitani, 8) forma parte del conjunto de edificios del Monasterio agustino de los Eremitas, pero su importancia para la historia del arte mundial hace que haya que abordarlo por separado. Y en profundidad. La capilla fue edificada por orden del banquero Enrico Scrovegni, uno de los personajes clave de la Padua de inicios del siglo XIV. Y para decorarla contrató al pintor toscano Giotto di Bondone, uno de los iniciadores del Renacimiento. Y el resultado es una de las obras de arte más singulares e importantes de la historia europea. Los frescos se pintaron entre 1300 y 1305 y narran la vida de Jesús. Pero lo realmente importante es que aquí se pueden ver esos pasos iniciales de un nuevo arte que cambiaría al mundo. Es un lugar muy bonito.
El gran conjunto monumental se completa con el Monasterio delle Eremitani (Piazza Eremitani, 8), un impresionante complejo de claustros que albergan el Museo Cívico de Padua, donde se custodian las colecciones arqueológicas, históricas y artísticas de la ciudad). Pero no nos cansamos de decir que Italia es Italia. Y en delle Eremitani nos tenemos que detener en su bonita Iglesia de Santi Filippo e Giacomo, un preciso templo del siglo XIII que entre otras joyas presume de tener otra obra maestra de otro de los grandes nombres del Renacimiento italiano: el Martirio e trasporto di san Cristoforo de Andrea Mantegna. Un pequeño tesoro muy cerca de Eremitani es el Palazzo Molin (Via Carlo Cassan, 26). Esta pequeña villa del siglo XV tiene unos jardines muy bonitos.
Camino hacia la Porta di Ponte Molino.- Salimos del entorno del Eremitani por Piazza Garibaldi, un precioso espacio urbano donde lo que prima, más allá de la presencia de grandes edificios, es el conjunto. Desde aquí se abre una red de callejuelas donde podemos encontrar algunas joyas como la Casa dell’Angelo (P.za dell'Insurrezione, 3) o la Iglesia de Santa Lucía (Via Santa Lucia, 59), una preciosa parroquia del siglo XVIII que es muy linda por dentro (y tranquila) y que cuenta con una pequeña joya del siglo XVI, el Oratorio de San Rocco.
La idea de esta última parte del paseo es llegar hasta el extremo norte de la ciudad cruzando el canal por alguno de los puentes que salen entre las callejuelas. Antes de acercarte a la Porta di Ponte Molino ve a la calle Dante para ver el Palazzo da Rio (Via Dante Alighieri, 58) y los Pórticos de la Vía Danter (en el número 59).
El punto final de esta ruta propuesta es la Basilica di Santa Maria del Carmine (Piazza Petrarca, 1). ¿Otra iglesia más? Bueno… Empezábamos este paseo por el norte de Padua viendo obras maestras de Giotto y Mantegna y si queremos seguir explorando esos primeros momentos del arte nuevo hay que pasarse por este bonito edificio del siglo XIII que también tiene mucho que decir sobre este periodo fascinante del arte en el que el ser humano se redescubrió tras los siglos de misticismo de la Edad Media. Este edificio es lindo de ver porque resume a la perfección lo que fueron aquellos tiempos. Desde el punto de vista arquitectónico representa el paso del románico al gótico en ese XII de grandes cambios que culminan dos siglos después en el primer Renacimiento (que puede verse en su sencillo pero armonioso claustro).
Pero es que hay muchísimo más. Aquí puedes encontrar la Capilla Brancacci, un pequeño espacio que fue decorado a caballo entre los siglos XIV y XV por la dupla de genios formada por Tommaso di ser Giovanni di Mone Cassai (Mascaccio) y Filippino Lippi. Mascacccio, el artista que aplicó a la pintura las reglas de la perspectiva científica planteada por Bruneleschi, se encargó de los trabajos hasta su muerte y el trabajo lo terminó Lippi medio siglo después, poniendo en los muros los principios de ese primer Renacimiento. El lugar es importantísimo para la historia del arte que se la llama la Capilla Sixtina del Cuatrociento. Es uno de los diez o quince lugares que hay que ver sí o sí al menos una vez en la vida si eres un amante del arte.
Podemos cerrar el bucle de este segundo día de paseo por Padua pasando por la Piazza Mazzini y volver a la ciudad extramuros pasando a los pies de la impresionante Torre de la Gata, una de las pocas torres de las murallas renacentistas de la ciudad que se mantiene entera. Muy cerca de este bastión, que protagonizó una de las gestas militares más importantes de la historia local durante las guerras contra el Sacro Imperio Germánico (principios del siglo XVI) hay una pequeña capilla (Capilla de la Gata) donde se rinde homenaje a 96 personas que perdieron la vida aquí durante un bombardeo austriaco durante la Primera Guerra Mundial.
Fotografías con Licencia CC: Steven Zucker; Luud de Brouwer; Ted McGrath; sam ross-gower; Brad Hostetler; David Bramhall
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