El cura que ocultó los nombres de ochocientos fusilados en el cementerio de Ciriego y todavía tiene una calle en Santander
Desconocido. El capellán Tomás Soto Pindal conocía perfectamente la identidad de los fusilados que entraban en el cementerio de Ciriego en los días negros de la postguerra, más de ochocientos entre 1937 y 1948. Algunos de ellos, aún calientes, acababan de recibir un tiro contra la tapia del propio camposanto. Sonaban los disparos, caían muertos y entraban por la puerta del camposanto. A pesar de que los piquetes de ejecución le entregaban las listas con sus nombres y apellidos, el cura fingía no conocerles y les inscribía como desconocidos. Así hizo, entre otras ocasiones, un día de 1937 cuando certificó la inhumación de casi un centenar de cadáveres.
Gracias a la complicidad de Soto Pidal -que fue nombrado capellán y administrador del cementerio en 1937, cuando las tropas de Franco entraron en Cantabria- las familias no encontraban el rastro de sus muertos por la represión franquista en lo que se conocía como 'Registro General de Finados'.
Para agradecer estos servicios a patria, las autoridades de la dictadura le pusieron su nombre a un calle que todavía existe con el rótulo de Tomás Soto Pindal, en honor al hombre que hizo anónimos los muertos que se arrojaban en las fosas comunes.
A lo largo de los años, la Asociación Héroes de la República y de la Libertad ha pedido sin éxito al Ayuntamiento de Santander, en reiteradas ocasiones, que se retire esta placa que da nombre a un vial cerca del seminario de Corbán, en el pueblo de San Román de la Llanilla próximo al cementerio.
Ahora, once colectivos sociales han firmado un manifiesto exigiendo que se cumpla de la Ley de Memoria Democrática y se retire el nombre de uno de los personajes más oscuros de la represión de la dictadura, responsable directo de hacer desaparecer centenares de nombres de personas represaliadas por el franquismo.
“Es deshonesto que se siga manteniendo el nombre de Soto Pidal en esa calle”, considera Jorge Suárez, presidente de la Asociación Héroes de la República y de la Libertad, una de las organizaciones que avalan la petición junto a los sindicatos CCOO, UGT y CNT, la Comisión 8 de marzo, el Comité de Solidaridad con los Pueblos, la asociación Interpueblos y el colectivo La Vorágine. El documento también ha sido rubricado por tres formaciones políticas: Izquierda Unida, Podemos y el Partido Comunista de los Pueblos de España.
En paralelo, la Asociación Héroes de la República y de la Libertad ya ha denunciado el caso ante la Fiscalía de Memoria Democrática de Cantabria.
Los centenares de fusilados en el anonimato de las fosas comunes de Ciriego recuperaron sus nombres gracias al tesón y a la paciencia del investigador Antonio Ontañón, presidente de honor de la asociación que reclama cambiar la denominación de la calle del capellán. Fue una investigación épica que en el año 2001 logró identificar a más de ochocientas víctimas en el libro 'Rescatados del olvido'.
Los condenados a muerte -por ser partidarios de la república, sindicalistas, maestros...- eran trasladados desde otras cárceles a la prisión provincial de Santander. Una vez allí, de madrugada, les obligaban a subirse a los camiones hasta el cementerio de Ciriego.
Les fusilaban en la tapia oeste, amontonaban los cadáveres en un carro forrado de cinc y entraban por la puerta del cementerio donde el sacerdote Tomás Soto Pindal borraba sus nombres. El suyo, en cambio, sigue reivindicándose en el callejero de Santander. No solo eso, sino que está enterrado junto al altar mayor en la ermita de la Virgen del Mar, patrona de Santander desde los años setenta.