Los niños del Colegio Costa Quebrada no caben en el comedor escolar

A tres días del inicio de las actividades extraescolares y el comedor escolar, la incertidumbre se ha instalado en decenas de hogares. En el comedor del Colegio Costa Quebrada en Santa Cruz de Bezana, 36 familias se han quedado de manera repentina sin una plaza para que sus hijos puedan comer en el centro. Al menos 21 de esas familias han acreditado documentalmente la imposibilidad de ambos progenitores para la recogida y atención de los menores a mediodía.

El conflicto no es nuevo ni fortuito. Esto se lleva arrastrando desde el curso pasado, los problemas de espacio e instalaciones del centro hicieron que las comidas llevasen turnos, pero ahora la problemática es que debido a la gran cantidad de niños ni de esa forma se puede solucionar. Los niños comen muy apretados sin apenas espacio entre ellos y aún así no caben todos.

El Colegio Costa Quebrada tiene en tres edificios independientes, según explica el padre de uno de los menores a elDiario.es. “Tiene tres edificios, uno para peques, otro para infantil y otro para primaria”, apunta. Aunque se encuentren muy cercanos entre ellos, no están en un único recinto. Esta dispersión, sumada a un volumen de matriculación creciente, provocó que ya durante el curso escolar pasado el comedor de primaria resultase insuficiente.

Para poder atender a todos los alumnos, el centro tuvo que habilitar el año pasado un sistema de dos turnos de comida, en el que los menores almorzaban en condiciones de notable saturación y hacinamiento.

Conscientes de que la situación no iba por el camino correcto, la Asociación de Madres y Padres del Alumnado (AMPA) comenzó en noviembre del año pasado a buscar soluciones. La propuesta más viable pasaba por la instalación de comedores modulares provisionales en el patio.

Tras largas e intensas negociaciones, la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria aceptó asumir el coste económico de los módulos para intentar solventar la situación, mientras que el Ayuntamiento de Bezana se comprometió a gestionar las licencias, las acometidas de suministros y la instalación. Sin embargo, la solución no ha sido apoyada por el propio centro y su Consejo Escolar, que ha sido rechazado porque la ubicación propuesta significa ceder parte de la franja del patio.

El rechazo del colegio ha hecho a las familias buscar medidas, han tenido que activar un plan de movilización a través de medidas paralelas. Por un lado, han decidido enviar escritos a la Consejería de Educación con el fin de registrar su disconformidad y así elevar la presión para conseguir su cometido. De forma paralela, un grupo de padres han decidido acudir al próximo pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Bezana, para trasladar el conflicto y exigir una solución.

Soluciones

El AMPA ha puesto sobre la mesa diversas soluciones para garantizar el servicio de comedor sin condicionar el uso del recinto lectivo ni mermar los metros de recreo. Una de las alternativas ha sido acondicionar un aula para acoger la comida de los estudiantes, compensando con la contratación de un equipo especial de limpieza para que dejase esa sala a punto para el día siguiente. Asimismo, para amortiguar el impacto de instalar los comedores modulares en el patio, el colectivo sugiere que los alumnos más mayores de Educación Primaria puedan trasladarse durante el recreo, bajo la supervisión de monitores, al pabellón polideportivo cubierto que se encuentra justo enfrente de las instalaciones del colegio.

A la falta de plazas se le suma, en opinión de las familias, una notable falta de transparencia en la comunicación y en la adjudicación del servicio. Según denuncian los progenitores afectados, las explicaciones sobre los criterios del sorteo se han facilitado a cuentagotas y las notificaciones se han demorado hasta recibirlas tres días antes del inicio del comedor, dejando a los padres sin margen para tomar una decisión. 

Asimismo, los padres consideran que el problema de fondo trasciende al espacio del propio comedor. En palabras de uno de los padres afectados, existe la sensación entre las familias de estar siendo utilizados como “chivo expiatorio” en los trámites que el colegio mantiene con la administración para poder unificar los tres edificios en una sola parcela mediante la ampliación con los terrenos anexos. En su opinión sostiene que la decisión de recortar plazas y rechazar los módulos obedece a una medida de presión del Consejo Escolar ante la Consejería y el Ayuntamiento, una estrategia en la que son sus hijos quienes están quedando desamparados.