“Me gusta sacar al espectador de los clichés sobre Palestina y contar historias personales que no se conocen tanto”

Maysun lleva desde 2005 viajando a zonas de conflicto de todo el mundo en busca de historias más allá de las cifras. Esta fotógrafa documental utiliza su altavoz para que el mundo se incomode ante las tragedias de gente “con emociones y seres queridos, como nosotros”. Sus raíces están en España y en Palestina, lugar al que ha dedicado los últimos once años con su proyecto 'To Exist is to Resist'. Esta exposición pertenece al ciclo Contrapunto y se puede ver, hasta el 31 de enero, en el Casyc de Santander.

¿Cómo consigue ofrecer una nueva mirada de este conflicto que, además de largo, se ha contado de muchas maneras?

El trabajo que llevo haciendo trece años de Palestina ofrece una mirada un poco más profunda de esta situación. Normalmente, las noticias que solemos ver sobre Palestina se quedan un poco encalladas en los clichés de siempre, como los niños que tiran piedras y las bombas. A mí me gusta ir más allá y contar las historias que creo que son importantes y no se conocen tanto. Las historias de las personas que hay detrás y que se quedan ahí, que pasan por situaciones extremas, pero buscan tener una vida normal y tienen emociones, preocupaciones y seres queridos, como todos nosotros. Me interesa sacar al espectador de esos clichés y llevarle al terreno de lo personal y de las historias que no suelen ver por ahí.

¿Ponerle cara a los conflictos y mostrar imágenes duras despierta más la empatía del espectador?

Mi trabajo es un modo de amplificar su voz y sus historias, yo soy un vehículo de información, una especie de megáfono que cuenta estas historias para que le lleguen a la gente. Son historias que, si no fuese por los periodistas, las personas de a pie no sabrían qué está pasando y qué consecuencias tienen las guerras, las ocupaciones y los conflictos en la vida de las personas y en su día a día. A veces, quedarse en lo que te dice un titular, unas cifras y unas estadísticas es muy frío. Yo quiero que a la gente le llegue lo que no se nos cuenta.

En este sentido, es los ojos de muchas personas que no pueden estar en esos lugares y la voz de quienes no la tienen. ¿La responsabilidad pesa?

Es mi opción, yo he elegido esta profesión, soy consecuente con ello y estoy realmente orgullosa de poder hacerlo. Me siento muy afortunada y no estamos hechos de piedra, te llevas tus cosas a casa, pero lo importante es la historia que estamos contando y si les pesa o no a las personas que están ahí, no por opción. Ellos se quedan cuando yo me voy de un sitio. Yo no quiero ser protagonista del dolor, ese peso lo tienen ellos.

Dice que a veces se lleva cosas a casa. ¿Hay algún episodio que le haya marcado especialmente a lo largo de su carrera?

La crudeza del ser humano tiene muchas formas y cada sitio en el que he estado me ha marcado de una forma. Una guerra es una guerra, es siempre terrible y todos los conflictos tienen la importancia que tienen en su contexto. Ha habido alguno que me ha marcado más que el resto, incluso a nivel personal, como la guerra de Siria. Pero, por ejemplo, la ocupación de Israel en Palestina es algo que me marca de forma personal porque la llevo viviendo toda la vida y es parte de mi identidad como persona y la de mi familia.

'To Exist is to Resist' es un proyecto de largo recorrido que le ha llevado más de diez años de trabajo. ¿A los medios de comunicación les cuesta digerir los trabajos a fuego lento?

Yo creo que el periodismo está en un momento de crisis bastante fuerte, pero también de cambio de estructura y lenguajes. Hay una crisis económica y estructural, pero hay cosas buenas, una proliferación de lenguajes y medios para contar las historias más increíble que nunca, tenemos un montón de herramientas para poder contar historias. Yo creo que la gente consume lo que se le da y, si das calidad, historias de investigación y a largo plazo, les interesan. Me doy cuenta de que a la gente le interesa saber y el periodismo de calidad y me hace muy feliz.

Hay temas que cuesta un poco más publicar porque tocan ciertas fibras políticas, se pone el dedo en la llaga y se le sacan los colores a los gobiernos, pero si eso pasa es porque estoy haciendo bien mi trabajo y contando lo que tengo que contar, lo que incomoda a la sociedad.

¿El fotoperiodismo es un trabajo tomado por hombres?

Ninguno es un trabajo solo de hombres. Pero sí que es un trabajo muy patriarcal. La situación de la industria lo es y eso se nota. Parece que nos asignen los trabajos y eso es lo patriarcal, por eso prácticamente todos los trabajos lo son, los hagan mujeres u hombres. Las fotógrafas o periodistas parece que tenemos que demostrar dos y tres veces que somos igual de capaces que otros compañeros, pero creo que a estas alturas está sobradamente probado que lo somos y, es más, en las redacciones hay más mujeres que hombres. Es un debate que ya no hace falta decir, pero está bien hablar de ello para a ver si, por repetición, se les queda en la cabeza a todos y las cosas cambian.

¿Qué proyectos le esperan en el futuro?

Siempre veo el futuro de la vida brillante, porque solo tengo una y la tengo que aprovechar. Tengo una lista de cosas para tres o cuatro vidas, me tengo que dar prisa. Ahora estoy haciendo un máster de cinematografía y, cuando lo acabe, volaré otra vez porque ya estoy que me subo por la pared. Tengo algunos proyectos empezados y otros por empezar y es cuestión de seguir al pie del cañón.