Israel y Palestina comprenden algunos territorios considerados como la 'Tierra Santa' por las tres religiones monoteístas (cristianos, musulmanes y judíos). Esta mezcla de religiones y culturas ha hecho de este lugar un sitio de conflictos, donde conquistadores y conquistados se han alternado a lo largo de la historia.

En la ''Ciudad Vieja'' de Jerusalén se encuentran los grandes símbolos de estas tres religiones, tales como El Santo Sepulcro, La Vía Dolorosa, El Muro de las Lamentaciones y La Cúpula de la Roca. Esta comarca es el lugar de origen del cristianismo para los cristianos, la tierra prometida para los judíos y, para los musulmanes, hasta donde cabalgó Mahoma en sueños en un caballo alado subiendo al cielo.

Para el cristianismo, se trata del lugar donde Jesús nació, predicó, hizo milagros y murió, por lo que es habitual encontrar cientos de peregrinos por sus calles. Los judíos lo consideran su epicentro espiritual por El Muro de las Lamentaciones, los últimos restos del templo construido por Herodes sobre las ruinas del Templo de Salomón. Destaca también el barrio de Mea Shearim, conocido por ser una zona donde viven exclusivamente judíos ultra ortodoxos con carteles que invitan a los visitantes a no entrar en dicho barrio. Y para el Islam, esta es una de las tres ciudades más importantes de su religión junto a La Meca y Medina. De hecho, algunas ciudades como la de Belén, rodeada por un muro construido por los israelíes, alberga una población de mayoría musulmana.

El muro de Belén ha usurpado los suministros de agua, incluyendo el mayor acuífero de Cisjordania, y ha destruido una gran cantidad de tierras de cultivo palestinas, por lo que actualmente hay 78 pueblos palestinos aislados. Este muro de hormigón está presente en Belén, Ramallah, Qalqilya, Tulkarem y todo el cinturón de Jerusalén. El agua es uno de los factores que más inciden en la vida del Oriente Medio y uno de los objetivos más importantes del pueblo israelí, puesto que es vital para desarrollar la  agricultura, la industria y la vida. Estos son los tres elementos que permiten la emigración judía de todo el mundo, y por tanto, la existencia de su Estado.