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Tratado sobre el coito: un manual erótico del siglo XII sobre la psicología del deseo

Olga Agüero

17 de julio de 2026 21:30 h

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El tratado sobre el coito que la singular personalidad del filósofo cordobés Maimónides escribió el siglo XII no tiene nada de pornográfico. No es un kamasutra medieval. De hecho, predica alimentación sana y alegría para estimular el deseo. Un caldo de nabos, nueces e higos aumenta el deseo e incrementa el semen. También masajearse los pies antes de dormir hasta que se pongan rojos y luego lavarlos con agua tibia.

El autor concibe la actividad sexual como una función fisiológica y psicológica, así que en este sentido el autor concibe el sexo como una medida de higiene pública, frente a la castidad o la lujuria. Aunque -advierte- el coito excesivo seca el cerebro y provoca debilidad mental.

La obra ha sido rescatada del olvido por El Desvelo Ediciones en un libro traducido, prologado y anotado por el filólogo Darío Fernández Ruiz. Bajo el epígrafe 'Tratado sobre el coito. Consejos sobre salud, sexualidad y medicina en la Edad Media', es la primera vez que se edita íntegramente en español. Anteriormente, ya había publicado 'Tratado sobre venenos y antídotos' del sabio cordobés, inédito en español, sobre remedios para la protección contra venenos letales

Maimónides (1138-1204) escribió el tratado sobre el coito en Egipto para un alto dignatario -a quien se dirige como “el señor más honrado”- que quería aumentar su potencia sexual sin comprometer la salud. Los remedios y consejos que le ofreció el galeno se han convertido en una reflexión médica pionera sobre la fisiología, la higiene y la psicología del deseo. Sexualidad y medicina en la Edad Media.

El autor era una celebridad mundial en la época, y en él se unieron tres condiciones: médico, filósofo y jurista. Nacido en Córdoba en una familia judía se estableció en El Cairo, el antiguo Fustat, y dejó escritos una decena de tratados médicos.

Para Maimónides la medicina era ante todo preventiva un conjunto de seis factores externos que el individuo puede regular para preservar la salud: el aire, la alimentación, el ejercicio y el descanso, el sueño, los estados de ánimo y la excreción, categoría en la que incluía el coito como una función fisiológica.

Insistía en el que médico no trata enfermedades, sino cuerpos enfermos y que, por tanto, debía calmar la ansiedad, aliviar el miedo y generar confianza. En su saber, la erección no es un proceso mecánico, sino que está influido por afectos y sentimientos de alegría, deseo o tranquilidad. Así que recetaba música para sosegar el espíritu y agua de borraja para eliminar “los vapores melancólicos”. Por contra, desaconsejaba comer lechuga o vinagre “que enfrían el cuerpo”, mejor tomar pistachos, uvas, testículos de gallo, cerebros de aves o legumbres. De hecho, insistía en que los alimentos flatulentos como los garbanzos insuflan el aire necesario para una erección.

El filólogo Darío Fernández dice que el tratado no se puede reducir a una curiosidad histórica porque va más allá: habla de la sexualidad como parte de la salud, y predica “una atención a la dimensión emocional del cuerpo y una ética médica basada en la responsabilidad y el cuidado.

Maimónides escribe sus remedios para un hombre disminuido “de carne” hasta el punto de rozar la “demacración” y le propone algunos alimentos “muchos más beneficiosos” en estos asuntos “que los medicamentos”. Todo lo que “humedece” y “calienta” el cuerpo es beneficioso.

El manual -ordenado en diez capítulos- está concebido desde el punto exclusivamente masculino. Escribe que las relaciones sexuales con mujeres vírgenes o ancianas debilitan el deseo. Especialmente en el caso de una mujer “que resulta repugnante” pues el hombre “ha de forzarse a sí mismo para llevarlo a cabo”.