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CUENCA

Gustavo Torner, el artista pensador que “debería tener una página en la historia de la Filosofía”

Una antigua iglesia conventual conquense situada al borde de la Hoz del río Huécar en Cuenca acoge hoy un espacio dedicado a un artista universal e “inabarcable”. Gustavo Torner cumplió cien años el 13 de julio de 2025 y murió apenas dos meses después, en plena celebración del año de su centenario: el que había preparado su ciudad natal y que todavía hoy, ya entrado el 2026, no ha terminado.

El Espacio Torner y también el centro de arte Casa Zavala, dos de los santuarios del arte contemporáneo de España, dedican estos días una amplísima exposición a la singular obra de quien dejó su profesión de ingeniero forestal para explorar, de forma autodidacta, su faceta de “artista pensador”.

'Torner en torno al Vesalio' es una muestra basada en la obra más apreciada por el propio autor Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar (1965). La doble exposición reúne cien obras para celebrar su centenario, con la edición de cuarenta collages múltiples en tirada de diez ejemplares que Torner no acabó hasta 2014, cuando contaba ya con 89 años de edad.

Usó imágenes anatómicas extraídas del libro De humani corporis fabrica (Basilea, 1543), del médico renacentista Andreas Vesalius (1514-1564), en concreto de la edición facsímil de sus ilustraciones editada por The World Publishing Company en Cleveland y Nueva York en 1950. Las combinó con reproducciones de grabados de peces y moluscos, y de antiguos globos aerostáticos con cierto aire fantántico en un sugerente e inquietante diálogo con geometrías concebidas por el artista.

El Vesalio, la obra favorita de Gustavo Torner

Rara vez se ha podido contemplar esta obra de Torner de forma íntegra. “Fue para él su obra favorita, de la que más satisfecho quedó, la más completa que ejecutó, con 40 collages de los que 24 incluyen serigrafía y el resto están hecho a mano, con dibujo lineal y figuras geométricas”, explica Arturo Sagastibelza, historiador del arte experto en su obra y comisario de la muestra.

Él desvela que Torner “estuvo a punto de llamarla ‘la condición humana’, pero le pareció demasiado evidente y optó por algo más frío: Vesalio”. Le costó acabarla nada más y nada menos que medio siglo pero fue su favorita. “Nos pareció que hacer de esta obra el eje central para conmemorar su centenario era lo mejor que podíamos hacer. No podíamos abarcar toda su obra, así que elegimos la mejor”.

Sagastibelza no se cansa de hablar sobre lo “inmenso” de la obra de Gustavo Torner a quien trató personalmente y ambos terminaron trabando una sólida amistad. “Nos dejó más de 1.000 collages. Es el artista más original y que más trabajó el collage en el siglo XX. Hizo mosaicos, tapices, alfombras, escenografía, fotografía artística, diseño gráfico… Sin olvidarnos de la arquitectura, del urbanismo…”. Hasta dejó su impronta en el diseño urbano de Cuenca.

De Gustavo Torner “todavía queda mucho por descubrir”, explica el comisario de esta muestra que a pesar de su magnitud se queda corta para conocer al hombre y al artista. “Era tan polifacético que hay muchos campos de su obra que todavía no se han estudiado. La gente no sabe que es el artista con más esculturas en la ciudad de Madrid. Hasta siete. O que hay casi 40 de sus esculturas monumentales repartidas por toda España”.

Su primer contacto con el arte torneriano se produjo al contemplar una de sus trabajos que hicieron de la chatarra y el acero inoxidable la base de una genial obra, pero también le fascinaron sus pinturas coloristas. Sació su curiosidad con “la mejor monografía”, reivindica, publicada sobre Torner: un libro editado en 1978 por Rayuela y con prólogo de Fernando Zóbel. “Nos mostró todo su mundo interior, cómo funcionaba su mente”.

Torner fue clave para que Fernando Zóbel llegase a Cuenca. Ambos terminaron fundando junto Gerardo Rueda el Museo de Arte Abstracto Español que tiene su sede en las Casas Colgadas.

La exposición ‘Torner en torno al Vesalio’. estará abierta hasta el 7 de junio y sus promotores han aprovechado para editar un catálogo, “que es en realidad un libro con toda la obra del Vesalio completa, con una calidad técnica increíble. Nos ha costado mucho trabajo”. Se exhibe completa, “con sus ocho portadas y con una instalación muy escenográfica que el artista tenía en su casa. Nunca jamás se había expuesto como ahora”.

La obra se exhibe completa, con sus ocho portadas y con una instalación muy escenográfica que el artista tenía en su casa. Nunca jamás se había expuesto como ahora

Pero esta muestra, en sus dos espacios expositivos, no ha sido concebida como una obra aislada sino que incluye otras obras del artista. La Casa Zavala muestra el cuerpo más amplio de la exhibición, que se inicia con las conocidas composiciones binarias, a modo de paisajes, realizadas por Torner entre 1960 y 1962, año de su participación en la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia; quizá la etapa más conocida e internacional de su producción.

Le sigue una amplia representación de la obra pictórica creada por Torner entre 1963 y 1966, periodo en el que la geometría, elemento indispensable del Vesalio, irrumpe en su obra.

Tras esta, el núcleo central de la exposición lo compone el conjunto completo de los cuarenta collages que integran la edición Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar, ejemplar propiedad del Ayuntamiento de Cuenca, parte del conjunto de 88 obras que el artista donó a la ciudad en 2018, y conserva y muestra el Espacio Torner junto a otras obras pertenecientes al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Además, hay una escogida selección de obras realizadas entre 1967 y 1971, la época más “objetual” de Torner y los inicios de su labor escultórica.

En esta obra resume su visión del mundo. Y es una mezcla de asombro y temor, de misterio, pero no de absurdo. Manifiesta sentimientos de anhelo, esperanza, ilusión que son la base de los sentimientos humanos desde que el hombre es hombre

El último bloque de esta exposición se presenta en la segunda sede de esta muestra, el Espacio Torner, y está integrado por catorce collages realizados por el artista en 2016.

Muchas de las obras que ahora pueden verse en Cuenca rara vez han sido expuestas, algunas permanecían inéditas formando parte de colecciones particulares o otras pertenecieron a artistas muy vinculados a Cuenca como Eusebio Sempere, Abel Martín o Antonio Saura, además de Zóbel o Rueda.

“En esta obra resume su visión del mundo. Y es una mezcla de asombro y temor, de misterio, pero no de absurdo. Manifiesta sentimientos de anhelo, esperanza, ilusión que son la base de los sentimientos humanos desde que el hombre es hombre y a pesar de nuestra evolución”.

Torner, el artista que quería entender más que imaginar

Gustavo Torner, dice Sagastibelza una de las personas que mejor le conocía, era “un lector de ciencia y de ensayo filosófico más que de literatura. No tenía gran aprecio por la novelística. Él no quería que le contaran historietas. Quería entender, mucho más que imaginar y sentir”.

De hecho, se acaba de publicar un libro, Que la vida valga más. Arte y pensamiento en Gustavo Torner (UNED, 2026) cuyo autor es Rafael Herrera. “Es un libro espléndido. Se busca demostrar que fue un filósofo que utilizó el arte. Debería tener una página en la historia de la Filosofía”. Torner se identificaba con el ser humano que refleja en esta obra. “Fue una forma de encontrar sentido a su vida”, describe Arturo Sagastibelza.

La exposición es un epílogo, pero también una anhelada continuidad para el Año Torner. “Hay muchos caminos y ya estamos tramando alguno”, reconoce el historiador. “Una exposición con sus collages desde los años 60 hasta poco antes de morir sorprendería”. O quizá que su obra pueda disfrutarse en Toledo. “Yo creo que la capital de Castilla-La Mancha está esperando una exposición de Gustavo Torner”.