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Qué es la ciencia ciudadana y por qué aspira a ser parte de “un cambio de paradigma”

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Un posible cambio de paradigma lleva tiempo fraguándose en el mundo científico y ha abierto el debate sobre la participación de la ciudadanía en los procesos relacionados con la ciencia. Para conocerlo mejor, detallar sus claves y dejar claras sus limitaciones hablamos con el profesor honorífico de microbiología de la Universidad de Alcalá (UAH), Francisco Javier Mérida. Nos explica qué es la ciencia ciudadana y su descubrimiento en aguas españolas de una masa gelatinosa que en su interior albergaba cientos de miles de huevos de pota común.

¿Qué podemos entender como ciencia ciudadana?

Ciencia ciudadana es un nuevo concepto que se emplea con numerosas acepciones  que a efectos prácticos supone la incorporación del público no profesional a la generación y discusión de nuevo conocimiento científico. También se llama ciencia participativa, e incluso de forma más comprometida y militante se la ha denominado demo-ciencia

¿Cuáles son sus orígenes?

Tras la Ilustración -punto de inicio para la ciencia propiamente dicha-, todo sería ciencia ciudadana pues era una ciencia promovida y participada por gente de muy distinta formación. La profesionalización de la ciencia, es decir una ciencia hecha por profesionales, con una formación académica elevada y sujeta a procedimientos establecidos, no se alcanzó si no en las últimas décadas del siglo XIX.

Sin embargo, el nuevo enfoque de la ciencia ciudadana va más allá de de una mera participación y colaboración y aspira a ser parte de un cambio de paradigma; de un “nuevo contrato entre los actores sociales para conducir los desafíos globales dentro de valores científicos y sociales, y no solamente económicos” (White Paper on Citizen Science for Europe, 2014).  

¿Qué tipo de desarrollo tiene hoy en España y en el mundo?

La ciencia ciudadana es un producto actual en la medida en que el ciudadano empieza a utilizar los nuevos dispositivos tecnológicos: teléfonos móviles, ordenadores portátiles, sensores de detección y/o medición low cost, cámaras de imagen y de video, drones y ROV sumergibles, pulmones mecánicos para la respiración autónoma  bajo el agua, etcétera.

Tras la posibilidad de extender y ampliar cierto tipo de conocimiento científico con estos dispositivos, el nivel de participación del ciudadano pasa a ser una cuestión principal. Consecuentemente es sometida a debate la forma y el alcance que debe tener esta modalidad de hacer la ciencia. Un debate vigente.

Y ¿cuál sería la primera manifestación de este tipo de ciencia?

La primera manifestación y la más evidente de la ciencia ciudadana es la incorporación del público a tareas científicas como colaborador auxiliar. Muchos procesos naturales son sumamente cambiantes y pasarían inadvertidos si no se dispusiese de millones de datos y se ampliasen las zonas de intervención. Por tanto no es objeto de discusión la utilidad de los ciudadanos en la recolección de datos. Ni tampoco la aportación que pueda hacer el ciudadano a cálculos en red en una actividad computacional masiva y distribuida (crowdsourcing). E incluso la participación ciudadana en el proceso de análisis preliminar e interpretación de los datos debe resultar posible al modo de una inteligencia colectiva. Tales participaciones suponen una extensión de la ciencia, que es perfectamente asumible.

La inmensa mayoría de los proyectos de ciencia ciudadana que se han puesto en marcha hasta ahora, son de este tipo.  

En niveles elevados, por tanto, la cuestión es diferente…

Sí. Otra cuestión diferente es dar acceso al ciudadano normal a niveles elevados de participación que exigen corresponsabilidad en procesos de definición de prioridades, temáticas y problemas ¿Que problemas son los que la ciencia puede enfrentar? ¿Qué temáticas se deben abordar? ¿Qué prioridad se debe conceder? Preguntas que requieren de respuestas elaboradas y complejas, difíciles para el encaje en ello del ciudadano.

Postular una ciencia ciudadana llevada al extremo sería hacer que ciudadanos y científicos participaran de manera conjunta en todas las etapas de generación de conocimiento nuevo. Sería un tipo de cocreación de contenido científico que Alan Irvine (1995) considera una extensión del papel de la ciudadanía y que muchos no ven viable que se pueda dar con los modelos de funcionamiento y organización de la ciencia hoy día.

¿De qué consecuencias para la sociedad estaríamos hablando?

Una consecuencia destacada de la ciencia ciudadana en general es el impacto que tiene sobre la relación ciencia-sociedad. La incorporación del ciudadano como ayudante en la generación de conocimiento determina un mayor entendimiento de la ciencia: el aumento de la cultura científica. Los niveles de participación ciudadana centrados en la captación de datos y su análisis, se prestan muy bien al propósito del científico profesional de educar y compartir la ciencia con los ciudadanos.

Pero los niveles superiores correspondientes a una ciencia ciudadana extrema suponen que el ciudadano se incorpora además a un proceso de diálogo conjunto con el científico que tiene más que ver con la resolución de problemas que con el propósito educar. Los resultados de una ciencia ciudadana extrema en la relación ciencia-sociedad son difíciles de anticipar. 

Es todavía un método poco conocido. Conforme a los resultados obtenidos, pero ¿hay previsiones de que pueda extenderse y tener éxito en la investigación y los hallazgos científicos?

Incorporar a los ciudadanos en las actividades científicas es algo que puede tener valor para realizar nuevos hallazgos. Se podría poner como ejemplo algunas áreas de conocimiento como la biología o la historia marítima. En esta última, los ciudadanos han sido protagonistas de numerosos hallazgos arqueológicos e intervenciones pioneras con metodología científica antes de que los arqueólogos académicos se incorporaran plenamente a estas tareas en los yacimientos sumergidos.

Una discusión recurrente es la calidad de los datos obtenidos por los no profesionales. Si son preferibles pocos datos tomados por científicos expertos con instrumentos de gran precisión en áreas concretas, que dan lugar a errores de interpolación, o abundantes datos tomados por muchos participantes con experiencia limitada que dan lugar a errores de regresión.

Es un hecho sabido que muchos de los problemas no surgen en lugares estratégicos y es necesario monitorizar y medir grandes espacios para estudiarlos, e incorporar a los habitantes de áreas extensas en una ciencia participativa. Pero medir la dinámica de un glaciar no exige muchos datos porque su evolución es un proceso muy lento. Al final, la incorporación del ciudadano es algo a decidir según la temática.

¿Hay ejemplos específicos en los que la ciencia ciudadana haya tenido mayor importancia?

La ciencia ciudadana como ciencia participativa ha cobrado fuerza en los momentos de  desastres medioambientales y crisis sanitarias, porque es algo enfocado especialmente a la resolución de problemas acuciantes en esos momentos. Hay ejemplos reales como el uso de sensores de bajo coste para el seguimiento de nubes radiactivas tras el accidente de Fukusima, el uso de detectores de CO2 durante la pandemia de COVID-19 para detectar el riesgo de contagio, y muchos más.

También se considera que el conocimiento público y la participación ciudadana es importante para afrontar amenazas globales como el cambio climático y los problemas derivados de la contaminación ambiental o las amenazas a la biodiversidad. Resulta esencial la labor de seguimiento de los cambios y la evolución de los procesos  pues la Biosfera es una red de interconexiones múltiples.

¿Cómo se realizan este tipo de seguimientos?

Algunos ejemplos reales de estos seguimientos son: el uso de drones por comunidades indígenas para la vigilancia de intervenciones ilegales en la Amazonía; la participación ciudadana en los clásicos estudios fenológicos de aves migratorias, o de muchas otras especies; los programas ciudadanos de evaluación de incidencia de enfermedades en zonas de desarrollo industrial; el seguimiento de especies exóticas introducidas en áreas marinas por el vertido de los tanques de los buques, etcétera.

¿Qué tiene que hacer la ciudadanía que quiera participar en este tipo de proyectos?

Los programas de ciencia ciudadana los desarrollan cuatro comunidades con papeles de actuación diferenciados. La comunidad facilitadora que representan las instituciones y organismos financiadores de los programas; la comunidad movilizadora que forman las organizaciones conservacionistas, ONGs y empresas interesadas; la comunidad participativa de los grupos específicos y el público en general; y la comunidad académica.

Con un enfoque instrumental y operativo, las entidades y medios necesarios para hacer la ciencia ciudadana son:

-       En primer lugar los observatorios de ciencia ciudadana que articulan los proyectos con carácter general.

-       Los observatorios específicamente volcados a ítems determinados (olores, ruidos, terremotos, biodiversidad, salud).

-       Los catálogos de proyectos abiertos en ciencia ciudadana en los que resulta posible participar.

-       Por último, las “cajas de herramientas” disponibles: sensores, aplicaciones informáticas, metodologías, programas educativos y cursos.

Un escollo esencial para la ciencia ciudadana es la propia estructura orgánica con la que se hace la ciencia actualmente. La ciencia como cualquier actividad burocratizada está sometida a reglas

¿Existen determinadas ramas de la ciencia donde esta participación ciudadana sea más viable que en otras? Si es así, ¿por qué causas?

Es algo obvio que hay áreas de la ciencia donde la participación ciudadana resulta más viable que en otras. La participación ciudadana está basada en el conocimiento de los problemas para tratar de resolverlos. Pero una buena parte y fundamental de la ciencia no está orientada a la resolución de los problemas sino que es ciencia básica generadora de conocimiento en la que el ciudadano encuentra difícil participar.

Un escollo esencial para la ciencia ciudadana es la propia estructura orgánica con la que se hace la ciencia actualmente. La ciencia como cualquier actividad burocratizada está sometida a reglas. Son reglas de acceso a la actividad científica (grados universitarios, doctorados…) y también reglas que se aplican al desarrollo de la actividad (revisión por pares, validación de proyectos y reconocimientos ....).  

En resumen, la ciencia en la actualidad presenta un funcionamiento que otorga papeles específicos a los distintos agentes sociales (científicos, público….) que no son fáciles de alterar dentro del esquema actual.

En muchas áreas, la participación ciudadana tiene más que ver con la responsabilidad en niveles sociales y económicos derivados de la ciencia que en la propia generación y cocreación de conocimiento tal como se pretende y se recoge en ciertos documentos estratégicos de ámbito nacional y comunitario.

¿Cómo vislumbra, por tanto, el futuro de este cambio de paradigma?

Es difícil anticipar el futuro de la ciencia ciudadana, más allá de los niveles de participación actuales, si lo que se pretende es llegar a una ciencia ciudadana extrema, porque se ofrecen desafíos en razón de cómo la ciencia está estructurada, los objetivos que la ciencia plantea, y la distribución de los recursos que necesita.     

En su caso, la ciencia ciudadana ha contribuido a un proyecto muy interesante…

En realidad, el proyecto de las “misteriosas esferas gelatinosas” ha sido un proyecto muy participativo en el que han colaborado muchas entidades y ha sido sostenido por numerosas organizaciones públicas y privadas, bajo el liderazgo de académicos noruegos de universidades y empresas. La comunidad participativa o ciudadana en este caso ha estado representada por buceadores no profesionales informados del proyecto por centros y clubs de inmersión en todos los países europeos ribereños del Atlántico Nororiental y el Mar Mediterráneo. En casi todos los proyectos se cuenta con el impulso movilizador de ONGs, organizaciones conservacionistas y empresas, que son coordinadas y lideradas por los equipos académicos de universidades y centros de investigación

Nuestra aportación se limitó a informar y documentar pormenorizadamente el encuentro casual  de una de tales esferas, una puesta de calamar (Illex coindetii, pota común) muy difícil de observar y escasamente filmada en la naturaleza, para incorporarlo a un listado general de avistamientos similares en el Atlántico Nororiental, incluido el Mar Mediterráneo. Esto se viene haciendo desde hace más de 35 años y ha culminado en un proyecto de ciencia ciudadana. Es un buen ejemplo del estudio y seguimiento de un proceso natural muy difícil de observar.

¿Cuál es por tanto su conclusión respecto a la participación ciudadana en la ciencia?

Como conclusión se ha de destacar que mientras unos niveles de participación específica  como la colección de datos, análisis de tareas, compartición de recursos, actuaciones en red… son aceptables y encajan muy bien en el modelo de la ciencia actual y se consideran una extensión y desarrollo de la ciencia, los niveles superiores de definición de problemas, temáticas y prioridades, cuestionan el papel del ciudadano porque confrontan la organización de la propia ciencia.

Y frente a un escenario de futuros problemas e incertidumbres, lo que se espera de la ciencia ciudadana es que aumente el compromiso de los ciudadanos con la ciencia a través de formas imaginativas y modelos de participación, a la vez que un mayor conocimiento público de la ciencia, permita la pública toma de decisiones y una confrontación de ideas también pública.

Para tener una información más concreta del proceso natural referido se incluye la filmación que se tomó en el siguiente vídeo de Youtube:

Un posible cambio de paradigma lleva tiempo fraguándose en el mundo científico y ha abierto el debate sobre la participación de la ciudadanía en los procesos relacionados con la ciencia. Para conocerlo mejor, detallar sus claves y dejar claras sus limitaciones hablamos con el profesor honorífico de microbiología de la Universidad de Alcalá (UAH), Francisco Javier Mérida. Nos explica qué es la ciencia ciudadana y su descubrimiento en aguas españolas de una masa gelatinosa que en su interior albergaba cientos de miles de huevos de pota común.

¿Qué podemos entender como ciencia ciudadana?