TOLEDO
Ramón Revolo, voluntario en la zona cero del accidente de tren en Urda: “Esto no se puede describir. Es un desastre”
El tiempo se ha detenido en las vías a la altura de Urda (Toledo) para los pasajeros que viajaban en los trenes AVE e Iryo en la mañana de este miércoles cuando se ha producido el accidente. También lo ha hecho para el resto de ciudadanos que han recibido la noticia por diversos cauces.
Hablamos con Ramón Revolo, voluntario de Protección Civil de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), que ha recibido la trágica noticia a través del Servicio de Emergencias de Castilla-La Mancha. “Nos hemos enterado del accidente por el 112 y no hemos desplegado con nuestro vehículo”, ha explicado a este medio.
Este equipo de voluntarios se ha desplazado a la zona cero donde ha tenido lugar el suceso: “Hemos estado atendiendo a personas desde el primer momento, en la zona cero. Lo que hemos visto ha sido muy trágico, muchos muertos y heridos de gravedad, sobre todo adultos. Esto no se puede describir. Es una pena, un desastre”, nos cuenta muy sobrecogido, tapándose la cara en repetidas ocasiones a consecuencia de la conmoción de todo el día sobre el terreno.
Después han acudido al Pabellón Polideportivo de Urda, donde se ha trasladado a personas que no han necesitado atención sanitaria urgente y/o hospitalaria, así como otros pasajeros y pasajeras que también han recibido atención psicológica.
“Ahora estamos descansando un poco para irnos otra vez a la zona cero, porque van a levantar el vagón de cola y puede que haya más víctimas mortales dentro. Estamos más de un centenar de personas de Protección Civil ayudando”, apunta consternado.
El Hospital Universitario de Toledo se vuelca con la causa
Apenas minutos después de conocerse el brutal choque de dos trenes en Urda, el centro hospitalario comenzó a organizarse para poder atender a las personas heridas que se preveía que podían llegar al mismo. Lo han ido haciendo durante toda la mañana, en ambulancia o en helicóptero.
Traspasar el perímetro de Urgencias este miércoles era adentrarse en un territorio blindado. Un amplio cordón policial marcaba la frontera entre el caos exterior y la emergencia médica. Ambulancias de Castilla-La Mancha y de la vecina Comunidad de Madrid se sucedían sin tregua, cruzando las puertas en un goteo incesante. Tras las vallas, agentes de Policía Nacional y Policía Local no solo organizaban el paso crítico de los vehículos sanitarios, sino que levantaban un escudo invisible para proteger la intimidad de los heridos, frenando el asedio de las cámaras y guardando el respeto que exige una catástrofe de esta magnitud.
El pulso acelerado de los pasillos: “Estaban echando a todo el mundo”
Dentro, la vida del hospital dio un vuelco absoluto en cuestión de minutos. Los pasillos y las salas de espera asumieron el pulso frenético de la urgencia vital.
El eco de los helicópteros sanitarios sobrevolando el complejo se mezclaba con la tensión de los avisos por megafonía. La consigna era clara: vaciar de coches el aparcamiento superior de Urgencias y redirigir a casa a aquellos pacientes con dolencias leves para liberar cada rincón y cada camilla.
“Al llegar nos preguntaban directamente qué nos pasaba. Íbamos por ginecología. Si no era así, no nos atendían. Estaba todo priorizado de forma absoluta para el accidente”, relata con desconcierto un paciente que vivió desde dentro las primeras horas del colapso.
“Había muchos nervios, algo totalmente normal ante algo así”, confiesa este paciente, que narra cómo en el interior la imagen era la de unos pasillos donde el personal médico, de enfermería o celadores se apresuraba en atender la tragedia entre.
La espera en el alambre
Fuera de los muros del hospital, el tiempo pareció congelarse para quienes esperaban conocer cómo estaban sus seres queridos que iban a bordo de esos trenes. Es la historia de un grupo de amigos llegados a toda prisa desde Madrid tras enterarse de la catástrofe. Uno de ellos viajaba a primera hora con destino a Sevilla a bordo del AVE, en el vagón 7.
“Cuando supimos lo ocurrido, el pensamiento se nos fue directamente a él. Empezamos a atar cabos y, desgraciadamente, así ha sido”, relata con la voz rota Sergio, uno de los amigos de David, uno de los heridos graves que ha dejado este accidente.
Saber que su amigo ha sido rescatado y trasladado en helicóptero ofrece un frágil consuelo en medio de la tormenta. No hay certezas absolutas de su situación, pero sentían la necesidad imperiosa de estar ahí.
“Venimos a la espera de una respuesta, a apoyar a los familiares y con la tranquilidad de que está vivo. Hay que ver cómo evolucionan las cosas, mantener la calma, pensar en positivo y arrimar el hombro, que es lo único importante ahora”, agrega Sergio.