Pablo Fernández, el 'enfant terrible' que da el salto desde Castilla y León a la política madrileña

Laura Cornejo

16 de septiembre de 2026 09:31 h

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Pablo Fernández Santos (1976), el leonés con el que Podemos entró en la política en Castilla y León, será el candidato a la alcaldía de Madrid salvo un giro inesperado en las primarias. Su salto a la política madrileña no es del todo una sorpresa. Debutó en 2015 en las Cortes de Castilla y León y hasta 2026 fue procurador en las Cortes, pero desde 2021 ya tenía un pie en la capital. Fernández asumió la coportavocía de Podemos hasta 2024, año en que se le nombró secretario de Organización y portavoz.

Pablo Fernández fue ganando peso en el partido mientras lo perdía como parlamentario en Castilla y León. Licenciado en Derecho, tuvo su primer cargo público en 2015, tras haberse afiliado a Podemos en 2014. No tenía experiencia política y hasta que aterrizó en las Cortes de Castilla y León había regentado un kiosco. Representaba para muchos la realidad de los jóvenes en la Comunidad más extensa y envejecida: preparados pero con escasas oportunidades laborales.

En esas primeras elecciones autonómicas a las que concurrió Podemos, obtuvo 11 escaños, y se convirtió en la tercera fuerza política. Fernández, con una imagen muy alejada del político castellano y leonés, en parte una larga melena rubia, era capaz de asumir una intervención tras otra con un discurso plagado de datos, de cifras, y de giros irónicos y no tan irónicos sin tirar de 'chuleta', porque no le gustaba llevar nada escrito. Tenía en ese momento, con el resto de procuradores, un equipo de mujeres y hombres que se adaptaron al ritmo parlamentario y que ofrecían algo más de frescura en unas Cortes polvorientas por la eterna pugna PP-PSOE y la fuerza de la costumbre.

Fernández era el enfant terrible con un discurso de peso pero provocador y cercano, a veces, a las pataletas. Y no eran gratuitas, aunque los micrófonos no captaban el sonido, era habitual que desde los escaños de derecha y extrema derecha se le llamase “nenaza”, “ridículo” o “hijo de puta” mientras intervenía.

En 2019, el suflé de Podemos empezó a bajar en Castilla y León. Pasó de 11 escaños a 2 y el propio Fernández, que se presentó por León, a punto estuvo de perderlo. Eran buenos tiempos para Ciudadanos, el partido con el que el PP firmó un pacto gobierno que duró dos años. Fernández no perdió beligerancia, especialmente en el hemiciclo.

En 2022, y presumiendo un resultado ajustado que podía dejar a Fernández sin el escaño que a duras penas sujetó en 2019, Fernández fue candidato por Valladolid, dejando a María Sánchez, de la lista conjunta Unidas Podemos, como número 2. El movimiento tenía mucho de estratégico y poco de compromiso. Fernández consiguió el único y último escaño, hasta ahora, de Podemos en las Cortes. 2022 fue el año en que Vox desbancó a Ciudadanos, que también se quedó con un único escaño, y formó gobierno con el PP. Fernández se vio en el Grupo Mixto junto a Francisco Igea, el exvicepresidente de la Junta que acabó expulsado de Ciudadanos, y Pedro Pascual, de Por Ávila.

En esa corta legislatura, Vox rompió el pacto en 2024, Fernández siguió tirando de intervenciones sonadas, llamativas, y de enfrentamientos, especialmente con Vox. No hubo rédito electoral. Fernández no quiso ser candidato en las elecciones del 15 de marzo de 2026 y su sucesor, Miguel Ángel Llamas, no logró escaño. Fernández asumió un “resultado nefasto” del que Podemos, dijo, se iba a levantar.