Los Pujol Ferrusola se aferran a la tesis del legado y salvan al expresident: “Mi padre nunca tuvo dinero en Andorra”
Los hermanos Pujol Ferrusola que quedaban por declarar en el juicio por el origen de la fortuna familiar han cumplido los pronósticos: Oriol, Marta, Mireia, Pere y Oleguer Pujol se han reafirmado en la tesis de que el dinero procede de una herencia oculta del abuelo Florenci. Exonerado su padre por demencia senil sobrevenida, sus hijos han querido reivindicar su buen nombre, después de que varios episodios que se han visto en el juicio lo hayan ensombrecido. “Mi padre nunca tuvo dinero en Andorra”, han repetido varios de los hermanos.
Oriol, Marta, Mireia, Pere y Oleguer Pujol se enfrentan tan solo a la acusación de la Fiscalía por asociación ilícita y blanqueo de capitales, con unas penas solicitadas mucho más bajas que los 29 años de cárcel a los que se expone el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola. A diferencia de su hermano mayor, que ha monopolizado el juicio con sus voluminosos negocios, los cargos contra ellos se basan únicamente en el dinero que mantuvieron oculto en Andorra durante décadas.
Las declaraciones de los cinco hermanos han sido muy similares. Han entrado algo nerviosos (a diferencia del primogénito, que ya terminó de prestar de declaración este martes y este miércoles ha charlado con los abogados del Estado y el fiscal del caso antes de empezar), pero al terminar todos mostraban caras de satisfacción, y se han dedicado miradas y gestos de complicidad en la sala de vistas de la Audiencia Nacional.
En síntesis, todos ellos han defendido que el dinero en Andorra procede de la herencia oculta que su abuelo Florenci, traficante de divisas durante el franquismo, les dejó como nietos porque no se fiaba de la actividad empresarial ni política de su hijo, Jordi Pujol. De la deixa (legado, en su traducción más aproximada al castellano) se enteraron conforme fueron creciendo; la primera fue Marta, la hermana mayor, a finales de los 70.
En 1990, diez años después de la muerte de Florenci y cuando los siete ya habían cumplido los 18 años, hubo una reunión familiar donde por primera vez todos los hermanos supieron del legado. La razón, según ha explicado Marta, era que el primo del ya president no quería seguir gestionando los fondos y se consideró que el primogénito, que por entonces tenía 32 años, estaba “preparado” para hacerlo.
Cuando recibieron el dinero, todo lo que legó Florenci Pujol (140 millones de pesetas en dólares en 1980) estaba invertido en distintos productos financieros, como bonos de deuda pública de varios países o las ya famosas “láminas” a las que han aludido todos los hermanos.
Originalmente, eran 17,5 millones de pesetas para cada hermano y Marta Ferrusola, pero no para Pujol, han incidido sus hijos, debido a que el abuelo Florenci estaba en desacuerdo con su actividad empresarial y política “en favor de Catalunya”, y quiso excluirle de la herencia oculta. En consecuencia, cada hermano abre una cuenta en 1992 en la Banca Reig.
La gestión de la deixa, han continuado, se encomendó al primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, que la multiplicó gracias a “operaciones financieras”. Era un dinero que estaba ahí, no declarado, pero para el que no contaban para su día a día, según han coincidido los cinco hermanos.
Pese a los esfuerzos desplegados por los hermanos, esta sigue siendo la parte de más difícil comprensión, tanto legal como social, y que lastra la credibilidad de su padre: durante la mitad final de su presidencia, el dinero (siempre, según su versión, gracias a operaciones financieras legales recomendadas por el primogénito y los gestores bancarios andorranos) se multiplicó.
Ya en 1992, cuando abren las cuentas tras vencer las últimas operaciones financieras planteadas por el abuelo, el legado se había multiplicado por cuatro hasta los 62 millones de pesetas por hermano. Y en 20004, cuando finaliza la segunda ronda de inversiones, cada hermano tiene 125 millones de pesetas, unos 760.000 euros.
Todos han querido remarcar que sus ingresos habituales procedían de su trabajo: arquitecta municipal (Marta), bailarina y fisioterapeuta (Mireia), político (Oriol), inversor (Oleguer) e ingeniero agrónomo (Pere).
“Mi postura con el legado fue mantenerlo sin usarlo, yo ya ganaba dinero de mi trabajo”, ha indicado Marta Pujol a preguntas de su abogado, Pau Ferrer. “No toqué el dinero del legado, ni pensaba en él y hasta me decía 'oye Mireia pero lo tienes ahí, cuidado'”, ha agregado la segunda hermana.
Marta Pujol ha sido la encargada de apuntalar la exculpación de su padre iniciada por Jordi Pujol Ferrusola por la cuenta andorrana que le atribuye la Fiscalía. El primogénito ya indicó que “presionó” a su padre para que mintiera a la banca andorrana y se atribuyera una cuenta que en realidad era suya para así no darle la mitad del dinero a su exmujer durante el divorcio. “Esa cuenta era de mi hermano”, ha apostillado Marta, que ha desvinculado a su padre de toda la gestión del legado.
Los cuatro hermanos regularización sus fondos en 2014, según han explicado, forzados por la portada de El Mundo con el célebre pantallazo de sus cuentas que les dejó, en sus palabras, “expuestos”. Oriol Pujol lo había hecho cuatro años antes por la “incomodidad” que le generaba tener ese dinero cuando saltó a la primera línea política en Convergència. Los fondos, ha agregado a preguntas de su abogado, Francesc Sànchez, los retiró el primogénito porque le otorgó poderes para hacerlo.
“Nos ha salido más caro el caldo que las albóndigas”
Tras los hijos, ha sido el turno de los otros nueve acusados: empresarios acusados de falsear documentos o ser testaferros para beneficiar los negocios de Jordi Pujol Ferrusola. Tampoco ha habido sorpresas con ellos. A diferencia del resto de grandes causas de corrupción, ningún empresario acusado ha tirado de la manta, y todos han defendido la legalidad de sus operaciones con el primogénito.
A su vez, los empresarios acusados han dejado frases que dan cuenta del pedigree de los que se sientan en el banquillo. “Mi abuelo me dejó edificios de 22 millones. Podría haberme jubilado con 30 años, pero no me gustaba ser un rentista, me gustaba estar en la economía”, ha afirmado el empresario andorrano Francesc Robert.
Los empresarios Gustavo Buesa y Josep Mayola también han defendido la legalidad del aval de 4,6 millones de euros que una empresa de Pujol Ferrusola para aportar “músculo financiero” en la gestión de un vertedero, en una de las pocas operaciones del caso vinculada con adjudicaciones de la Generalitat (aunque concretada bajo el gobierno de izquierdas del tripartit).
Algunos lograron grandes éxitos al asociarse con Jordi Pujol Ferrusola, pero otros todavía lamentan el día en el que se cruzaron con el primogénito. “Nos ha salido más caro el caldo que las albóndigas”, ha concluido el empresario mexicano Bernardo Domínguez Cereceres, sobre el contrato de préstamo firmado con Pujol Ferrusola, que la Fiscalía considera que sirvió para intentar blanquear la fortuna familiar.