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ENTREVISTA Asesora de la ONU y promotora de paz

Sanam Naraghi, activista iraní: “Para que haya paz en Oriente Medio, es esencial que Palestina tenga su propio Estado”

Sandra Vicente

Barcelona —
28 de mayo de 2026 21:54 h

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Sanam Naraghi-Anderlini (Irán, 1967) es una de las voces persas de referencia en la defensa de la paz y los derechos de las mujeres. Antropóloga de formación, ha sido asesora de la ONU y dirige la Red de Acción de la Sociedad Civil (ICAN, por sus siglas en inglés), una entidad que lleva años estudiando cómo devolver la estabilidad a Oriente Medio.

Visita Barcelona en el marco de la celebración del BCN4Peace, un encuentro organizado por el ICIP, el Centre Delàs y Novact, para poner en común las bases de un nuevo orden basado en la “igualdad, la justicia y la democracia”.

Aunque Naraghi reconoce que desconfía de los acuerdos de paz, asegura que son el único camino. En esta conversación con elDiario.es, se muestra optimista y asegura que el fin del conflicto podría estar cerca. Una conversación que se dio horas antes de que Trump volviera a atacar Irán y asegurara que está dispuesto a “volar Omán”. Poco después de esa escalada, pactó una extensión del alto al fuego. “Es muy cansado no saber qué va a pasar. Nada tiene sentido”, se lamenta.

La última vez que la entrevistamos en elDiario.es fue justo hace un año y dijo que “la gran mayoría de las guerras nunca se han resuelto”. Estaba hablando de Gaza. Ahora su país también está en guerra y, aunque Estados Unidos e Irán digan que están cerca de alcanzar un acuerdo, ¿cree que el pueblo iraní ve cerca el final del conflicto?

Muchas guerras han empezado en medio de una negociación de paz. Es difícil confiar en estos acuerdos, sobre todo cuando tenemos en frente a un actor [por Benjamin Netanyahu] que sabemos que no quiere la paz y que hará todo lo posible para que la guerra continúe.

El pueblo iraní está conteniendo el aliento porque no saben cuánto de lo que les cuentan es real. Estamos cansados; cansados de la guerra y de los acuerdos. Hay mucha fatiga y mucho miedo a cómo será el día después.

En caso de que se alcanzara la paz, ¿qué escenarios se abren para Irán? ¿Creen que es plausible una injerencia estadounidense como hubo en Afganistán o bien el régimen resistirá?

Desde hace muchas décadas, los iraníes han estado en lucha constante, empujando desde abajo para cambiar las cosas en lo social, económico, político y legal. Pero siempre ha habido interferencias externas que se han traducido en sanciones que han acabado perjudicando más al pueblo que al sistema.

Lo mismo está sucediendo con la guerra: la inflación está por las nubes, hay cientos de miles de personas que han perdido sus casas y empleos. Sólo en las plantas petroleras e industrias que han sido bombardeadas trabajaban entre 200.000 y 300.000 personas.

El acuerdo de paz puede ser la salida. Pero sólo si acaba siendo de verdad un acuerdo y no la típica conversación entre Estados

En este contexto, Mojtaba Khomeini, líder supremo de Irán, pasó mucho tiempo sin aparecer en público desde que asumiera el cargo. ¿Cómo ha llevado el pueblo la ausencia de su líder?

Bueno, sí estaba el presidente Pezeshkian, que no ha parado de lanzar mensajes diciendo que el Gobierno tiene que estar con su pueblo, ser benevolente y comprensivo con ellos. Pero, por el otro lado, es un Gobierno que ha sido súperrepresivo. Durante esta guerra han arrestado a mucha gente, han tomado negocios y han tenido políticas depredadoras con la ciudadanía.

Ahora voy a contradecirme a mí misma, pero el acuerdo de paz puede ser la salida. Pero sólo si acaba siendo de verdad un acuerdo y no la típica conversación entre Estados.

¿En qué piensa?

Los iraníes tienen su lista de peticiones. Si la solución se pacta sólo entre Estados, la corrupción continuará. Hay que cambiar las reglas y, para eso, el acuerdo tiene que ser para toda la región: uno de los puntos esenciales para la paz en Irán, pero también en todo Oriente Medio, es que Palestina tenga su propio Estado. Líbano también tiene que estar entre los puntos del acuerdo.

Tenemos que dejar atrás la idea de que Palestina y Líbano sólo conciernen a Israel: es algo de lo que el mundo entero se debería preocupar. Porque, mientras haya conflicto allí, la región seguirá siendo inestable y, por eso, es momento de un gran acuerdo.

Eso es muy ambicioso

Pues hay más. Llegados a este punto, se debería aceptar que Irán quiera gestionar ciertos recursos, que quiera cobrar un paso por Ormuz e, incluso, establecer tasas para la protección del medio ambiente. Porque la destrucción en el país ha sido terrible. Y, ya puestos, ¿por qué no elevarlo más?. Deberíamos trabajar por un acuerdo de paz que incluya el sistema de salud y de educación.

Un pacto que se asegure que las compensaciones vayan a los sectores que más han sufrido esta guerra. Y eso, claro está, requiere de muchísima transparencia, lo que pasa por la participación de personas de la sociedad civil en este proceso de reconstrucción. ¿Lo ves? Es verdad que eso no nos traerá democracia, pero sería un primer paso.

Teniendo en cuenta que tanto Estados Unidos como Israel han bombardeado escuelas y hospitales sin pudor, ¿realmente cree que se preocuparán por esos asuntos en un acuerdo de paz?

Todo es posible. Para que la paz funcione, necesitas dos cosas: voluntad política e inclusión. La primera para cambiar el lenguaje de una retórica de violencia a una de diplomacia. Y eso es posible porque ya se han intentado las sanciones, la confrontación y la guerra. Y no ha funcionado. Claro que los Estados Unidos no se preocupan por la educación ni la salud, pero los iraníes deberían. Igual que el resto del mundo.

Y ahí entran países como España, que tienen un rol importante. Fueron los que dijeron ‘No a la guerra’ y ‘Sí a la diplomacia’. Europa debería salir a la palestra a decir que quiere la paz y transformar las relaciones en la región y forzar a Estados Unidos a seguir su propuesta.

Trump, debe dejar el ego a un lado. Si es capaz de hacerlo y estabilizar la región, que se lleve el Premio Nobel de la Paz, si quiere

Lo que ha pasado hasta ahora no hace pensar que Europa se plante de esa manera.

¿Eso es razón suficiente para que no pueda pasar ahora?

No, pero…

Ya hay acuerdos que han funcionado antes gracias a la voluntad política. Si además incluyes a un montón de actores, será más difícil que alguien pueda venir y hacerlo saltar todo por los aires. Aun así, no soy una gran fan de las negociaciones de paz.

No lo parece.

¿Qué opciones tenemos? Podemos seguir con la guerra, pero eso significaría que tendría que escalar, y eso lleva a riesgo nuclear. Además, supondría que los bloqueos se mantendrían, con lo que el mundo entero se convertiría en un rehén económico del conflicto. Como la guerra no nos da lo que queremos, tenemos que explorar las negociaciones. No nos queda otra.

Llevamos 47 años de guerras, algunas más frías que otras, y toca repensar las relaciones internacionales. Sé que la guerra no es racional, pero tenemos que obviar las emociones y, sobre todo Trump, debe dejar el ego a un lado. Si es capaz de hacerlo, conseguirá estabilizar la región. Y entonces, por mí, que se lleve el Premio Nobel de la Paz, si quiere.

El acuerdo, según usted, debería pasar por el fin de las ocupaciones en Palestina y el Líbano. Pero Trump está vinculando la paz a los Acuerdos de Abraham, que suponen que los países de la región deben normalizar relaciones con Israel. Parece que ambas cosas son incompatibles.

La narrativa dominante en Estados Unidos y Europa es que Israel es un pequeño estado amenazado por un entorno hostil, pero el Israel de hoy no es el mismo de hace diez años, cuando se firmaron por primera vez esos acuerdos [uno de los éxitos del primer mandato de Trump]. Israel se ha convertido en un estado sionista extremista y esa postura política ha impregnado toda su sociedad. Y no podemos olvidar que ha cometido un genocidio.

Como británicos, americanos y europeos, somos cómplices de ese genocidio porque hemos permitido que nuestros impuestos ayuden a financiarlo. Tenemos que parar a Israel porque esa lógica suya de que la guerra trae paz es orwelliana, no es realista.

Aun así, la excusa de la guerra en Irán es que es su país el que desestabiliza la región.

¡Claro! Es cierto que Irán apoya a Hezbolá y a Hamás, pero preguntémonos por qué. Preguntémonos de dónde salen estos grupos. Hezbolá aparece como respuesta a la ocupación del Líbano y Hamás es directamente una creación de Israel para justificar la guerra y la ocupación en Palestina.

La hostilidad de Irán hacia Israel no tiene nada que ver con el judaísmo, sino con sus políticas sionistas. Es que esto nunca ha ido de religión; de hecho, uno de los objetivos de los últimos bombardeos israelíes fue la mayor sinagoga de Teherán… Si permiten que Palestina tenga un estado, verán cómo se acaban los problemas.

Gran parte de la sociedad occidental se ha movilizado por Palestina. Sólo en Barcelona ha habido decenas de manifestaciones muy multitudinarias para protestar contra el genocidio. Pero esas mismas personas no se manifiestan por Irán. ¿Por qué?

Porque se ha instaurado la idea de que tiene un régimen terrible que oprime a la gente.

¿Y no es cierto?

En cierto modo sí, pero hay muchos regímenes terribles. La pregunta es a quién le beneficia que el mundo piense eso de Irán y quién está detrás de las voces iraníes que piden que siga la guerra y que Estados Unidos libere su país. Seguro que hay quien piensa así, pero no son la mayoría.

Hemos visto cómo Israel ha manipulado los medios y las redes sociales para crear confusión en la gente. Tergiversan la realidad de tal manera que a los que somos contrarios a las sanciones y a los bombardeos nos llaman pro-régimen, y nada más lejos. De hecho queremos un cambio. Y, para eso, tenemos que cambiar la narrativa: no les ganaremos usando su lenguaje. Tenemos que escuchar al feminismo y a su lenguaje de no violencia.

Si las hubiéramos escuchado a las mujeres hace años, no estaríamos aquí

¿Qué papel pueden tener las mujeres en ese cambio en Irán?

El feminismo ha integrado las maneras de los movimientos sociales con esa erosión lenta y cambios progresivos que el Estado puede tolerar. Es el mismo modus operandi que han llevado a cabo en sus hogares. Si las hubiéramos escuchado a ellas hace años, no estaríamos aquí.

Las fuerzas conservadoras europeas y americanas justifican la guerra como una manera de liberar a las mujeres iraníes. Como feminista, ¿qué le parecen estos discursos?

Ese mismo argumento fue el que usaron para bombardear y ocupar Afganistán. Las mujeres no dejaron de decirles cómo negociar con los talibanes y cómo tratar con la sociedad afgana, pero no las escucharon. De hecho, se negaron a llevar a ninguna a las negociaciones. Usan a las mujeres para sus guerras, pero luego las traicionan.

Pero no se acaba aquí: cuando se dice que la guerra es para proteger a las mujeres, eso les pone una diana en el pecho. Los talibanes identificaron a las mujeres y niñas con el ocupante y pensaron que, si las atacaban y vulneraban, los Estados Unidos se achantarían y levantarían las sanciones. Pero nadie se preocupó por ellas.

Hace 25 años que se publicó una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que usted ayudó a redactar y que establece que las mujeres deben ser protegidas e incluidas tanto en las políticas de ayuda humanitaria como en la toma de decisiones de los procesos de paz. Le iba a preguntar si se habían aplicado sus puntos, pero creo que ya me ha respondido.

Los cambios han sido, sobre todo, retóricos. Cuando, hace 25 años, decía que las mujeres debían sentarse en las negociaciones, me miraban como si estuviera loca, incluso desde los movimientos feministas. Pero, desde entonces, hemos visto un movimiento enorme de mujeres en procesos de paz en diversos sitios como Siria, Colombia, Palestina...

Ahora, estamos trabajando para crear el cargo en la ONU de Representante Especial para las Mujeres, la Paz y la Seguridad para asegurar que las necesidades de las mujeres son tenidas en cuenta.

¿En qué consiste?

Un ejemplo: en los campos de refugiados nadie garantiza los productos menstruales. No están estandarizados como parte de los productos de ayuda humanitaria. No es que haya resistencia a tender las necesidades específicas de las mujeres, lo que hay es desidia y desinterés. Y, como nadie se ocupa de este tipo de cosas, hemos visto que la única solución es crear un puesto ad hoc.

Antes decía que si hubiéramos escuchado a las mujeres iraníes hace años, no estaríamos aquí. ¿Qué nos habrían dicho?

¿Cuántos años atrás quiere viajar?

No lo sé... Pongamos 100 años.

Hace un siglo, Irán estaba en plena lucha contra el imperio británico. Hubo una revolución en la que las mujeres tuvieron un gran papel. Cuando los poderes islamistas llegaron al poder, suspendieron muchos de sus derechos, pero ellas no se callaron. De hecho, tomaron la religión para reivindicar su papel en la sociedad: nombraron a mujeres como Khadija, esposa de Mahoma y quien enseñó a leer al profeta.

Si toma El libro de los reyes, que es nuestro principal manuscrito mitológico, base de la cultura persa, verás que las mujeres son los personajes más fuertes e independientes. Tienen encuentros de una noche, se van a la guerra, luchan por la paz… Así son las mujeres iraníes, como un río capaz de erosionar la más grande de las rocas. Si las hubiéramos escuchado, nos habrían dicho que las dejáramos en paz y que ellas se encargaban. Y lo hubieran solucionado. Lo he comunicado en muchas ocasiones a distintas personas sin éxito alguno.