¿Sirve de algo un alcalde de noche? “Una buena vida nocturna beneficia a toda la ciudad”
Freek Wallagh es el alcalde de noche de Ámsterdam y no se esconde. “Me apasiona ir a la discoteca”, asegura sin pudor. “La noche nos permite ser distintos, ofrecer una visión más laxa de lo que somos”.
Wallagh vendría a ser el responsable de todo lo que ocurre a partir del ocaso en la capital neerlandesa. Representa una figura que cada vez adoptan más ciudades para abordar una cuestión transversal: ¿Cómo y quién gobierna las urbes cuando los representantes públicos —y buena parte de la población— están durmiendo?
Empleados del sector del ocio nocturno, representantes de la administración y gestores culturales se han reunido esta semana en la Fundació Miró de Barcelona para abordar los distintos aspectos que afectan a una ciudad cuando cae el sol.
En distintas charlas y mesas redondas, los invitados al foro internacional Barcelona Nit han hablado sobre seguridad, perspectiva de género en la noche urbana, usos nocturnos del espacio público y movilidad, entre otras cuestiones.
Modelos públicos o híbridos
Cuatro representantes nocturnos de distintas urbes globales —Nueva York, Ámsterdam, Viena y Cracovia— han debatido sobre las funciones que debe tener un alcalde de noche así como los distintos modelos de gobernanza que tienen estos cargos. Moderaba Naiara Lasa, directora de la ilustre discoteca y sala de conciertos Apolo de Barcelona y presidenta de la Asociación de Salas de Concierto de Catalunya.
Ámsterdam fue pionera: eligió a su primer nachtburgemeester en 2003 y profesionalizó la figura en 2014 a través de una fundación independiente que asesora al Ayuntamiento. Nueva York creó en 2017 una Office of Nightlife y nombró a su primera directora en 2018. Viena optó en 2020 por la Vienna Club Commission, un organismo mediador entre clubes, vecinos y Administración. Cracovia nombró en julio de 2024 a Jacek Jordan como primer burmistrz nocny de la ciudad.
Barcelona, por su parte, designó en octubre de 2024 a Carmen Zapata como comisionada de la noche tras haber anunciado unos meses antes que el cargo tendría rango —o, como mínimo, nomenclatura— de alcalde.
Los distintos modelos implementados y qué ventajas ofrece cada uno de ellos han centrado parte del debate. Si en Nueva York o Cracovia son organismos públicos que dependen directamente del Ayuntamiento los que gestionan la noche, en urbes como Viena han implementado un modelo híbrido en el que conviven representantes de la administración y del ocio nocturno.
“En Viena nos financia el departamento de juventud, de cultura y de economía”, apunta Martina Brunner, directora ejecutiva de la Vienna Club Commission. “Pero a la vez también podemos obtener financiación externa”.
Brunner añade que su organismo también asesora a todos los partidos políticos en época de elecciones para trasladarles datos e información relevante sobre lo que ocurre en la ciudad al anochecer.
Si en Ámsterdam el alcalde de noche es un fanático del clubbing, su homólogo en Nueva York es un antiguo policía que también tuvo un restaurante.
“Es importante ser accesible para los empresarios”, apunta Jeff Garcia, director ejecutivo de la Oficina de Vida Nocturna de Nueva York. “Todos tienen mi teléfono, saben que me pueden llamar a cualquier momento y que tengo sensibilidad sobre lo que les puede ocurrir porque he sido policía y empresario”.
El común denominador de todos los modelos, en todo caso, es la intermediación entre los empresarios nocturnos, la administración y los vecinos. “Yo represento a la administración, pero también a todos los que tienen alguna cosa en juego durante la noche”, sostiene Jacek Jordan, alcalde de noche de Cracovia.
Garcia, de Nueva York, explica que su departamento depende actualmente del área de negocios del Ayuntamiento después de haber colgado durante años del área de entretenimiento.
“Hay que explicarle a la población que la vida nocturna de la ciudad genera 300.000 puestos de trabajo y esto es mucho dinero que se recauda en impuestos”, añade Jeff Garcia, de Nueva York. “Es un pilar de nuestra economía y la gente debe saberlo”.
Todos coinciden en que gestionar la noche en estas ciudades requiere de paciencia y mano izquierda para lidiar con los conflictos que aparecen cada semana.
“Siempre habrá fricción, es imposible vivir en una ciudad sin fricciones”, concluye Wallagh, de Ámsterdam. “Pero creo sinceramente que una buena vida nocturna beneficia a toda la población de una ciudad”.