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Nos va la casa en ello

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Las noches son cada vez más gélidas y húmedas en València. Por el día, el sol alivia el aire fresco. Así es el otoño a este lado del Mediterráneo. Uno de estos días de entretiempo traicionero y cambiante, tras la alerta meteorológica por lluvias, dio comienzo la acampada por la vivienda.

No es casualidad: la Comunitat Valenciana se sitúa a la cabeza de España en desahucios por habitante. Los juzgados valencianos practicaron 741 lanzamientos entre enero y marzo de 2026, según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La autonomía es la que cuenta con mayor tasa de lanzamientos del país: 13,7 por cada 100.000 habitantes.

El pasado tres de octubre, después de la manifestación por la especulación inmobiliaria que terminó con una violenta carga policial, más de 400 tiendas de campaña se fueron sumando en la Plaza del Ayuntamiento. Un dique de contención contra los desahucios y el rentismo salvaje.

La primera comisión de trabajo que se formó fue la de accesibilidad. El mensaje estaba claro: todas las personas deben poder participar. Su primera victoria fue expulsar a los ultras que creían poder desmontar la esperanza de cientos de jóvenes que luchan por un futuro que no llega. Después vino el pulso con la alcaldesa, y la mascletà del 9 d'Octubre tuvo que suspenderse.

Ahí siguen los acampados, alegres y combativos, como pedía el poeta Estellés, organizando la huelga general prevista para el próximo 11 de noviembre, que promete ser histórica.

Entre las decenas de pancartas que apuntalan el campamento, una recoge una declaración de intenciones: «No nos conocemos, pero nos cuidamos».

La pregunta ahora es qué pasará cuando la acampada termine y sigamos necesitando cuidarnos unos a otros ante las cifras de personas que pierden sus hogares. Más nos vale trasladar el cuidado mutuo a todos los frentes, incluido el institucional.

Las políticas en favor del acceso a la vivienda tienen que cambiar y cada papeleta es una herramienta de defensa propia para los próximos cuatro años. Sobre todo si eres precaria, migrante, mujer, de la comunidad LGTBIQ+, tienes discapacidad, estás de baja por enfermedad, eres pensionista. O amas a alguien que lo es.

Toca, más allá de la legítima protesta, identificar qué partidos han permitido que tu casero te suba el alquiler y cuáles han intentado frenarlo. Toca hacer pedagogía política en casa, el barrio y el trabajo. Tenemos hasta las elecciones generales del 29 de noviembre. Votar también es cuidarnos: nos va la casa, y a muchas incluso la vida, en ello.