No habrá paz para quienes se lucran a costa de los derechos sociales

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Este 1º de Mayo volveremos a salir a las calles para exigir mejoras en las condiciones de trabajo y de vida del conjunto de la clase obrera, en defensa de los derechos laborales y sociales conquistados. Porque el sindicalismo de clase debe ser capaz de hacer propuestas, de ser combativo y de negociar avances, sin renunciar nunca a movilizar a la clase trabajadora para conseguir una sociedad más justa.

En la escala macro, el contexto internacional se complica por momentos, la guerra contra Irán, iniciada por Trump y Netanyahu, no solo está costando vidas irrecuperables y deteriorando el consenso respecto a los derechos humanos y la justicia, también puede provocar un daño a la economía y al empleo de la Unión Europea que aún somos incapaces de calibrar. Cierto es que, de momento, el impacto está siendo menor que tras la guerra en Ucrania, gracias a las medidas políticas puestas en marcha, muchas de ellas fruto del diálogo social, para avanzar en la soberanía energética. 

Necesitamos esa independencia para no ser rehenes de los intereses económicos y colonizadores de dirigentes obcecados en hacer negocio con la guerra y alimentar un paradójico ego como “hombres de paz”, mientras provocan conflictos sin el más mínimo respeto por el derecho internacional y la vida humana.

En este escenario convulso medran las políticas de la extrema derecha que, no solo no ofrecen ninguna solución a los problemas que tenemos, sino que provocan enfrentamientos entre personas trabajadoras, extendiendo discursos de odio contra migrantes, contra las mujeres, y levantan sospechas sobre la diversidad. 

Intoxican aunque saben que migrar es un derecho y que nuestro país, y toda Europa, van a necesitar todas las manos disponibles para ocupar puestos de trabajo que se irán creando en los próximos años. Además de ser de justicia esta regularización, el proceso también es una inversión que retornará en forma de cotizaciones, cultura, y buen hacer. El hecho de que la Generalitat haya planteado un recurso contra el decreto de extranjería es una falta de humanidad y un error estratégico. 

Nuestra derecha patria promueve el odio y amenaza el mantenimiento del estado de bienestar con el deterioro de los servicios públicos. Incita el odio a la diversidad, se opone a las políticas de igualdad, defiende el racismo y la xenofobia y propugna el negacionismo de la crisis climática. Incluso después de haber experimentado las consecuencias de forma extrema el 29 de octubre de 2024, siguen negando el cambio climático y esquilmando los recursos y las políticas que necesita la transición justa en nuestro país. 

En el nivel micro subleva asistir al espectáculo de cómo las derechas y las extremas derechas votan sistemáticamente en contra de los intereses de la mayoría social: las subidas del SMI, la reforma de las pensiones, las medidas para vivienda que podría ayudar a miles de personas a desarrollar sus proyectos de vida, o la reducción de jornada.

Ante esta ofensiva retrógrada, el sindicalismo de clase reivindica un impulso del diálogo social útil, que pueda establecer estrategias de creación de empleo digno, mejorar los salarios a través de la negociación colectiva, garantizar el derecho constitucional a la vivienda, que supone un reto social de primer orden, así como avanzar en igualdad y enfrentar la violencia machista que también se produce en el ámbito laboral. 

Pero, ¿es posible reducir la jornada y subir los salarios? Dos datos importantes, por un lado el récord en beneficios empresariales de los últimos años autoriza a exigir un reparto de la riqueza generada con un gran esfuerzo de la clase trabajadora. Por otro lado, la cantidad de horas extra en el País Valenciano, muchas de las cuales no se remuneran, y que suponen un fraude que impide crear miles de puestos de trabajo a jornada completa. 

Se puede reducir la jornada por la vía normativa para después trasladarla a la negociación colectiva. Porque aunque hoy en día en muchos sectores productivos ya tienen una reducción similar es fundamental proteger a quienes no pueden acceder a una negociación colectiva fuerte porque el tamaño de la empresa les impide incluso tener representantes. 

Por todo ello, este 1º de Mayo hacemos un llamamiento a la movilización en defensa de los derechos sociales y laborales. Exigimos que se vuelva a poner encima de la mesa la reducción de jornada por ley y el crecimiento de los salarios por la vía de la negociación colectiva, para un reparto justo de los incrementos de beneficios. Convocamos a reclamar igualdad real, cuidado de la salud y seguridad laboral. 

Marcharemos en defensa del sindicalismo como herramienta para ganar en democracia, por las pensiones, por un modelo de cuidados que proteja a las personas cuidadas y a quienes cuidan, por la educación y la sanidad pública de calidad, por la industria y el campo, por el acceso a una vivienda digna, a la cultura y a los derechos humanos. Son cuestiones básicas para avanzar como sociedad. Sin derechos sociales y laborales, no habrá justicia social. Ahora más que nunca, es necesario proteger lo conquistado y movilizarnos para ganar el futuro.